La sociedad abierta frente al populismo

La sociedad abierta frente al populismo

La tribuna

La sociedad abierta frente al populismo

Los autores consideran que hay que combatir con inteligencia la creación de nuevos estados de opinión contrarios a la democracia liberal, que atentan contra el bienestar y las libertades. 

13 mayo, 2016 02:20

El populismo, en su forma más común, es un fenómeno inseparable de las ideologías y de las creencias que predominan en la sociedad y que se difunden desde las élites intelectuales. El engaño populista (Editorial Deusto), libro que acabamos de publicar en España, no es un análisis clásico de los factores políticos o materiales que alimentan el populismo, sino de sus fundamentos intelectuales o ideológicos.

Un caso que analizamos de manera destacada es el de Pablo Iglesias y Podemos. Más allá de la crisis económica por la que atraviesa España desde hace tiempo, el éxito de Podemos se ha debido en buena medida a una inteligente estrategia de construcción de lo que el pensador marxista italiano Antonio Gramsci -cuya obra, Iglesias conoce bien- llamara “hegemonía cultural”.

Según esta visión, el campo de batalla esencial de todo proyecto político es la cultura o, mejor dicho, el mundo de las ideas y la consciencia de las personas. Es en esta esfera donde se articula un nuevo sentido común que provee de legitimidad a nuevas propuestas ideológicas y es ese el campo que el mismo Iglesias reconoció como la clave para un proyecto político exitoso.

En Venezuela, como en España, los intelectuales han sido claves en el desarrollo de los movimientos demagógicos

El uso del lenguaje, de los medios de comunicación, la penetración de universidades y escuelas, la estética irreverente, todo eso fue parte fundamental del movimiento fasci-populista de Iglesias.

La misma relevancia del mundo cultural e intelectual como nutrientes del populismo se observa en el caso de América Latina. En esta región, las ideas colectivistas han predominado ampliamente durante casi un siglo abonando el campo para que una y otra vez regresen políticos demagogos que buscan concentrar el poder. Estos caudillos no lograrían engañar tan fácilmente a las masas si la hegemonía cultural, es decir, el conjunto de creencias que predomina en la sociedad, no fuera afín a la retórica y a la ideología que estos promueven.

Desde la Venezuela de Chávez, pasando por la Argentina de los Kirchner y la España de Iglesias, los intelectuales han jugado un rol central en el desarrollo de los movimientos demagógicos antidemocráticos que en diversos grados han pasado a dominar el escenario político en la actualidad. No es un misterio que tanto en España como en América Latina el mundo de las ideas y de la cultura se encuentra dominado por intelectuales, periodistas, artistas, profesores, escritores y otros que desprecian la libertad prefiriendo el credo socialista y colectivista a pesar de su probado fracaso en el mundo entero.

Estas ideas se difunden en la sociedad creando un sentido común hostil a la democracia liberal y al mercado

Estas ideas se difunden en la sociedad creando un sentido común hostil a la democracia liberal y al mercado competitivo. Nos hemos dedicado no sólo a hacer una disección de las ideologías -socialismo y fascismo- que nutren a las corrientes populistas más conocidas y que, al contrario de lo que se suele creer, son primas hermanas, sino también a describir en términos simples la anatomía de la mentalidad populista.

Es en ese esfuerzo donde definimos las cinco desviaciones fundamentales que, a nuestro parecer, la caracterizan: el odio a la libertad y la idolatría del Estado, el complejo de víctimas, la paranoia “antineoliberal”, la pretensión democrática y la obsesión igualitaria. Cada una de ellas es analizada, documentada y puesta en evidencia en sus falacias, contradicciones y mitos. También creemos que es la hora de proponer una estrategia sobre cómo combatir las fuerzas que alimentan a personajes antidemocráticos y demagógicos como Pablo Iglesias, Nicolás Maduro, los Kirchner y otros.

Es cierto que en esto no nos alejamos de Gramsci y que, por tanto, nuestra estrategia para hacer de las ideas liberales aquellas que predominen en la sociedad no se distingue en su forma de la que usan los marxistas. Pero tampoco nos alejamos de lo planteado por el Nobel de Economía Friedrich von Hayek o del gran filósofo John Stuart Mill, quienes advirtieron hasta el cansancio lo que Iglesias entendió a la perfección: que el terreno fundamental de la disputa política es el mundo de las ideas, de los símbolos y los sentidos comunes.

Para que prevalezcan las ideas de la sociedad abierta debe existir un trabajo intenso que las haga populares

Creemos que hay pocas dudas en el sentido de que nuestra alternativa, la de una democracia liberal genuina con mercados abiertos que sea respetuosa con el Estado de Derecho, es la que ha probado ser la más exitosa y coherente con la dignidad humana en todas partes donde se ha aplicado. Pero el éxito de sus resultados no garantiza su aceptación por parte del público ni de las élites, que en general prefieren concentrar el poder en sus manos para servirse de él.

Para que prevalezcan las ideas de la sociedad abierta debe existir un trabajo intenso de penetración cultural que las haga populares a nivel de consciencias individuales. Solo así podremos librarnos del engaño populista y de los estragos que causa en materia de bienestar y libertades personales.

El premio Nobel Mario Vargas Llosa ha descrito este trabajo como una obra que tiene “el propósito de ayudar a las víctimas del populismo autoritario a defenderse de las mentiras diseñadas para mantenerlas en la pobreza y en la ignorancia”. Ese es precisamente nuestro objetivo y creemos, como él, que la cultura y el mundo de las ideas son el campo de trabajo por excelencia para lograrlo.

*** Axel Kaiser (@AXELKAISER) es abogado y Gloria Álvarez (@crazyglorita) es licenciada en Ciencias Políticas.

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