Picalagartos

Cristo, Colau y el ping-pong

  1. Política
  2. Podemos
  3. Ada Colau
  4. Rita Maestre
  5. José María González ""Kichi""

Me gustaría convocar en la redacción de EL ESPAÑOL un ping-pong entre Cristo y Rita Maestre (que padece "tensión"), o entre Cristo y Ada Colau, o entre Cristo y esos intelectuales a sueldo de la alcaldesa de Barcelona y de sus bufones: ésos que le rezan al chocho (vulg.) con el ritmillo del padrenuestro, como si lo de ciscarse en el Grial y en la Virgen, y en San José y en la Paloma, lo hubieran descubierto en una tesis de Políticas en la Autónoma con firma y sello de Venezuela. Esto de la blasfemia ya lo usó Lorca, pero es que Federico era un genio que nunca dependió de que Kichi le encargara una comparsa.

Si convocamos a un tenis de mesa en la redacción de EL ESPAÑOL y nos montamos un Cristo vs. podemismo con preguntas, con pelotas y con respuestas, el de Nazaret nos diría que bueno, que para gustos los colores, que allá Ada Colau chuleando desahucios y haciendo del portal de Belén de gente sin blanca un retablo para que sus asesoras meonas nos digan por dónde va el Arte.

El podemismo, como movimiento, quiere lo mismo el CNI, el BOE, el JEMAD, que una reunión de viejos a la hora del dominó para garantizarles una eutanasia sin cura pero con la filmografía completa de la Coixet. El podemismo tiene mal gusto, pero aun así no llegan al nivel de degradación de aquellos hombres de Génova que andaban pitufeando el parné en la mañana del 11-M, con los muertos tan frescos y ellos en la ventanilla del banco de la esquina. Hace tiempo que en España se perdió el respeto a lo sagrado y a lo público, a la dignidad y al hombre. Que la libertad de expresión sea, hoy, una marioneta guarra de un piernas demuestra hasta qué punto este país está enfermo hasta el tuétano, y qué perfecto estalinismo muestran - ya saben quiénes- cuando se trata de atacar a la verdad y al periodismo.

Y sin embargo, a pesar de que se ha visto que toda blasfemia era postureo, hay todavía quien le da al experimento de Podemos una suerte de supremacía moral de lo estrambótico sobre la rutina. A Carmena, ahora, se le vienen en contra los escraches, y un concejal se va por patas cuando los maderos le dicen que de bajar el sueldo, nasti. Ella pone la cara de Mari Trini, cantante (q.e.p.d) y hace creer que todos somos Rita. Pues bueno, sí se puede. La Cruz boca abajo y tal…