De golpe

Nostalgia del PSOE

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El problema del PSOE no es Pedro Sánchez, por más que cada nuevo secretario general agigante la figura de su antecesor. Con los prismáticos de 2015 a Rubalcaba se le ve más grande y Zapatero semeja un coloso. Si ya cogemos el telescopio, González se antoja Zeus tonante.

Ese efecto óptico, el convencimiento de que cualquier tiempo pasado fue mejor, atrapa al PSOE en la nostalgia, que es el sentimiento opuesto al que debe encarnar un partido político, cuya esencia consiste en proyectarse al futuro.

Pero ¿cómo no se va a mirar por el retrovisor, cómo no se va a caer en el fatalismo si tras los mayores recortes y la mayor corrupción -amén del mayor fraude a un programa electoral- el principal partido opositor retrocede un millón y medio de votos para cosechar el peor resultado de su historia?

No, el problema del PSOE no se llama Pedro Sánchez, a menos que se le pueda responsabilizar del progresivo descalabro en las grandes áreas urbanas. El 20 de diciembre los socialistas fueron batidos en las quince capitales de provincia más pobladas y quedó como cuarta fuerza en Madrid, Barcelona, Valencia, Murcia y Bilbao. El partido de las primarias, el partido de las listas paritarias y de la sensibilidad territorial ha sido humillado por el del plasma, el dedazo y el olor a podrido. ¿Dónde está el error?

Claro que el liderazgo ayuda, y la prueba son Iglesias y Rivera, pero los males no van a sanar sustituyendo a Sánchez por Díaz. El declive del PSOE comenzó cuando, de tanto intentar confundirse con el terreno, hizo el discurso que querían escuchar en cada aldea. La propia estructura organizativa -federal- invitaba a ello. Desde entonces, sus líderes recuerdan a la mosca que una y otra vez choca con obstinación contra el cristal, incapaz de ver la barrera transparente que le corta la salida.

El PSOE ha pasado a ser muchos partidos, que además juegan a pactar sin demasiados escrúpulos. Pensando que crecía, no paraba de menguar. Es muy probable que, cuando Susana dé el paso, muchos de sus compañeros no la vean más que como la dirigente andaluza que amenaza con uniformizar una organización plural. Hasta tal punto el PSOE ha acabado pareciéndose a España.