Vísperas del 36

Sobre la guerra de Cuba

(12 de noviembre de 1935, martes)

Carlos Rodríguez Casado

Carlos Rodríguez Casado

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Resumen de lo publicado.-El escándalo del estraperlo ha dejado a Lerroux fuera del Gobierno y al Partido Radical al borde de la desaparición. Pepe Mañas recuerda a su padre, quien sirvió en la guerra de Cuba.

-Madre…

-Hola, Pepe, ¿ya terminaste de estudiar? Pues entonces ayúdame a poner los platos, y remueve las lentejas… ¿Qué te pasa?, ¿malas noticias?

-Para nada. La vida de Merche en Ciudad Real es muy tranquila.

-Me alegro. Estoy deseando conocerla.

-Y ella a usted. Justamente, madre, me pregunta sobre la familia y me doy cuenta de que sé poco de su vida y sobre todo de la de padre.

-Tu padre siempre ha sido parco en palabras, Pepe.

-Pero algo más que yo sabrá usted, ¿no?

-Tampoco te creas. Las cuatro anécdotas que cuenta siempre. Las que le habrás oído entre fino y fino en el bar. La de cuando le llamaron a quintas en su pueblo, allí en Sorbas.

-Cuéntemelo usted.

-Pero si ya lo sabes, hijo. Ese día alistaban a los mozos, para la guerra de Cuba. A él no le tocó, pero sí a un vecino casado, con hijos. Y tu padre, como estaba soltero y sin compromiso, se ofreció a ir en su lugar. Después cambió de opinión al día siguiente. Y ahí hubo una escena en casa del otro, donde padre, cogiendo un pujavante, de esos que se usan para recortar los cascos a las caballerías, se lo lanzó al hombre… No lo mató de milagro.

-Pero al final fue.

-Al final cumplió con la palabra dada. Se alistó en el remplazo, sí, y viajó a Cuba.

Eso se dice en su expediente militar, que tengo delante. Luis Mañas sirvió en el regimiento de caballería de Alfonso XII como herrador de plaza hasta 1895, cuando formó parte de una escuadra con destino a Cuba. Embarcó en Cádiz en el vapor Buenos Aires y desembarcó en la isla. Marchó para Puerto Príncipe. Acampó, dice el expediente, en la quinta la Bola. Participó en distintas operaciones antes de trasladarse a Dos Marías, donde custodió las vías férreas y telegráficas. De regresó en La Habana pasó a formar parte de la plantilla del regimiento de caballería y marchó a Artemisa, donde participó en varias batallas. Según veo, se le concedió una cruz de plata del mérito militar con distintivo rojo por su participación en las operaciones.

-Y como era muy echado para adelante y buen jugador de cartas, allí hizo dinero con los naipes. Sé que se paseaba con un criado negrito y no vivió mal hasta que atrapó la malaria y lo repatriaron en barco. De vuelta acá se encontró sin oficio ni beneficio, y le escribió a tu tío José, el párroco. Él entonces vivía en la calle Isabel la Católica, muy cerca de Leganitos y la Gran Vía, mientras le construían aquí la parroquia de Carabanchel. Le escribió que tenía un pisito en el que podía acogerle, y que podría trabajar con él de sacristán, como efectivamente hizo. Le ayudó a reintegrarse en la vida civil. Por eso, si te llamas Pepe es por él.

-Y ahí fue donde te conoció.

-Digamos que un amigo le comentó que vivía en la misma calle una viuda, según decían ellos, de buen ver, sin hijos, que le hacía de dama de compañía a una marquesa. El amigo levantó la liebre, pero quien acabó casándose conmigo fue tu padre. Durante un tiempo vivimos los tres en aquel pisito de Isabel la Católica, mientras terminaban la parroquia de tu tío José. No fue fácil, pero lo llevamos lo mejor que se pudo. Allí naciste tú y acogimos a tus primas, Rosa e Inés, que eran hijas de una de mis hermanas. Ocho hijos eran muchas bocas que alimentar.

-Y después nos mudamos todos a Carabanchel.

-Después vinimos todos, cuando la parroquia estuvo construida. Tu tío el párroco ya hizo vida por su cuenta. Además, enseguida se volvió a Madrid. Y nosotros nos instalamos aquí con el dinero que ganó tu padre la vez que le tocó la lotería…

-El que iba a invertir en las minas de plata.

-El que iba a invertir en las minas esas, qué desgracia, sí, pena me da recordar aquella estafa. Por suerte, el dinero dio para comprar la casa y esta tienda de ultramarinos que llevamos desde entonces…

-Que lleváis sobre todo tú, Rosa e Inés. Porque padre, en la tienda, no puede decirse que ayude demasiado.

-Tú padre tiene un carácter especial. De vez en cuanto necesita coger el caballo y desaparecer unos días. Pero luego sabes que siempre vuelve, y es un buen hombre. Además, tú ya tienes tu sueldecito y estás casi fuera. Entiendo que, en cuanto saques las oposiciones a notario, te casarás con Merche.

-Esa es la idea.

-Pues perdónale a tu padre la manera que tiene de ser, y quédate con lo bueno que te da. Y si me permites un consejo, y perdóname que me meta en esto, pero a fin de cuentas soy tu madre, no te mezcles en politiqueos, que ese Ángel va a terminar mal, por el camino que lleva.

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