Vísperas del 36

Domingueo en Puerta de Hierro

(10 de noviembre de 1935, domingo)

Domingueo en Puerta de Hierro

Domingueo en Puerta de Hierro

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Resumen de lo publicado. -El escándalo del estraperlo sigue siendo la comidilla de las tertulias. La salida de los radicales del Gobierno protagoniza el 'domingueo' de la familia Mañas en Puerta de Hierro.

- Esto es la gloria, Pepe. Relájate y disfruta.

Se decía que Madrid no tenía campo. Pero estaba el área que comprendía la Casa de Campo, el parque del Oeste, la Florida, Moncloa, Viveros, Puerta de Hierro, la Dehesa de la Villa y el Pardo. A todos esos sitios se llegaba principalmente en tranvía. En la Bombilla uno podía parar en sus merenderos y tascas y era un clásico, con el buen tiempo, ver a la colonia asturiana celebrar su romería de El Bollu en los Viveros. Esos días aparecían ataviados con trajes regionales en una jardinera abierta, y seguían cantando y tocando la gaita camino del Pardo. Moncloa tenía la Parisina, donde se jugaba, pero en Puerta de Hierro y en la Dehesa de la Villa el único atractivo era merendar bajo los pinos. Para llegar se utilizaban los tranvías de la CMU, los blancos.

Aprovechando que había salido un día bueno y que Pepe Mañas aparcaba el temario de su oposición, para la pequeña cuchipanda se habían traído, Ángel Navarrete, Pepe, las dos hermanas de Ángel y la madre, unas cestas con tortilla de patatas, pan, chorizo y un par de porrones de vino como el que se estaban bebiendo ahora, un poco alejados de las mujeres. Hacía un día fresco pero luminoso, uno de esos días otoñales tan agradables en Madrid, donde el sol lo vestía todo y al mediodía se podía estar sin abrigo. No corría apenas aire y las mujeres ponían el mantel y extendían las cosas sobre la mesa de madera. La conversación había dado, una vez más, en el escándalo del estraperlo, y a Mañas le molestaba que Navarrete se metiera tanto con la política parlamentaria.

- Es que tú te has vuelto muy republicano y yo soy perro viejo para eso, Pepe. Los dos sabemos cómo funcionan las cosas. Tú lo tuviste que ver en Ciudad Real. En los pueblos votan hasta los muertos. Allí se les entrega la lista a los obreros, para que voten la candidatura apoyada por el cacique. Y si no, se les quita el trabajo y se contrata a los de fuera. Eso no es libertad.

- Pues por eso, siendo ministro de Trabajo, Largo Caballero prohibió ocupar a obreros de fuera en las labores del campo en tanto hubiera parados en la localidad. La ley de Términos Municipales ha limitado el caciquismo.

- ¿Me vas a salir socialista ahora, o qué? No me seas ingenuo, Pepe, por favor. Aunque se corrigen cosas, al final siempre se consigue pervertir las leyes, por muy liberales que parezcan. Mira las capitales, donde efectivamente hay libertad de voto, ¿qué pasa? Que se escriben los sobres con el censo a la vista y se reparten a domicilio, pero para tomar nota de los electores fallecidos y ausentes. ¿O no se hacen las listas de los que han de ser suplantados, y luego, por edad, se designa a quienes después se presentan ante la mesa, con nombres y señas falsas, con una total sangre fría? ¿Y qué dices de las amables damas catequistas que organizan conferencias sobre doctrina cristiana a las que acuden las mujeres y los hijos pequeños de obreros en mala situación? ¿No les ofrecen prendas de vestir a cambio de votos?

Aquellas mujeres también aparecían por General Ricardos visitando casas de préstamos, panaderías y tiendas, inquiriendo sobre quién tenía empeños y deudas que se ofrecían a saldar. Y si no, como recordaba Navarrete, siempre cabía la posibilidad de que el presidente de mesa metiera en la urna un paquete de votos favorables al candidato oficial para el pucherazo de rigor. Si los interventores protestaban, se producía el incidente que se resolvía a puerta cerrada y con votación de los miembros de la mesa, con lo cual el presidente tenía mayoría. Y para que hubiera buena votación, cuando esta era floja, proponían repartir el censo no votado en proporción a los votos obtenidos por cada candidatura. Los demás de la mesa aceptaban y así parecía que el cuerpo electoral había acudido como un solo hombre a las urnas. En muchos sentidos, la vida electoral no había cambiado con la República.

- Y por eso, coño, los anarquistas siempre hemos querido la abstención.

- Pero esa es solamente beneficiosa para los enemigos de los trabajadores, porque los burgueses del barrio de Salamanca nunca se abstienen.

- Pepe, te veo desorientado. Te voy a tener que traer conmigo a una de las reuniones del sindicato, a ver si recobras la cordura.

- ¿Qué estáis, otra vez discutiendo de política? ¿No os cansáis nunca? Venga, acercaos, que vamos a comer todos antes de que se nuble esto y tengamos que volver a casa corriendo.

Entregas anteriores

Carta de Merche (9 de noviembre de 1935)

La obsesión de Chapaprieta (8 de noviembre de 1935)

La ley electoral (7 de noviembre de 1935)

El chófer de Lerroux

Mañana, 11 de noviembre de 1935, Josep Pla entrevista al chófer de Alejandro Lerroux para preguntarle por el estraperlo.