Vísperas del 36

Recordando a Mateo Morral

(1 de noviembre de 1935, viernes)

Carlos Rodríguez Casado

Carlos Rodríguez Casado

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Resumen de lo publicado. -Tras la salida de los radicales del Gobierno a raíz del escándalo del estraperlo, Joaquín Chapaprieta trata de evitar los problemas diplomáticos que le puede acarrear el partido de Lerroux.

“España desea y quiere la paz. Me parece a mí que los españoles no estamos de acuerdo más que en una cosa: en querer la paz”. Azaña (en su mitin del campo de Comillas) 

Ángel, ¿estás seguro de que Mateo Morral está enterrado aquí?

- Mira, Pepe, no lo sé, pero a mí me hace ilusión pensar que sus restos están en alguna parte de esta fosa común, y por si acaso yo le traigo cada año unas flores en recuerdo. Morral fue un hombre valiente, uno de los primeros que se atrevió a pasar a la acción directa y atentó contra el rey el día mismo de su boda. Supongo que conocerás el retrato que le hizo Ricardo Baroja en la cripta del Buen Suceso, y tú también has leído esa novela que le dedicó don Pío. Lo que tiró desde el piso de la calle Mayor fue una bomba Orsini, igual que la que se utilizó en el atentado del Liceo de Barcelona. Ya sé que murieron veinte personas, pero hay ocasiones en que es necesario un mal menor para evitar otro mayor. Si no hubiera fallado, a lo mejor sin el militarismo de Alfonso XIII no habríamos tenido el desastre de Annual, que costó veinte mil vidas de españoles. Curiosamente, Morral era el hijo de un industrial textil, que sabía varios idiomas y había estudiado en Alemania, un anarquista burgués pero, con todo, valiente…

Era el día de los difuntos y todos los cementerios estaban llenos, incluso el civil. Los madrileños aprovechaban para visitar a sus muertos. A su alrededor, la gente más variopinta hormigueaba entre las lápidas, aunque ante la fosa común, a esas horas, solo estuviesen ellos. Las tumbas individuales eran, en realidad, tan pretenciosas y grandilocuentes como lo podían ser las de la Almudena, y el panteón de Pablo Iglesias, justo a la entrada del cementerio, era muy frecuentado. El lugar tenía unas connotaciones que hacían que los familiares, al cruzarse, se saludaran con una gran sensación de afinidad ideológica. Allí estaban enterrados, además de Pablo Iglesias, Salmerón, Pi i Margall y muchos librepensadores y francmasones famosos. El propio Lerroux pasaría en algún momento. Hacía un día nuboso, inseguro, pero con poco frío todavía. Pepe Mañas iba con su gabán; Ángel Navarrete, con mono azul.

- Está claro que también hay diferencias entre los anarquistas, según su origen.

- Desde luego. Entre quienes, como tú, han aprendido bien a leer y saben dónde comprar libros de Kropotkin y Bakunin, y los proletarios casi analfabetos hay mucha diferencia. En el anarquismo, igual que en el socialismo, se nota quién viene de un nivel obrero y quién tiene un origen burgués y una influencia liberal.

- Dime alguna.

- A un anarquista proletario, cercado por el hambre y las necesidades, le mueve la pasión de hacer la revolución social e instaurar inmediatamente el comunismo libertario. Pero el burgués bien alimentado se mueve en arenas más políticas. Achaca los males de la sociedad a los malos gobiernos, y aspira en realidad a apoyar al Gobierno que menos gobierne, no a la verdadera anarquía.

- ¿Realmente crees que es así?

- Mira, Pepe, siempre habrá un abismo entre quienes se encuentran las ideas en las librerías, y quienes hemos aprendido todo en la calle, las fábricas, las huelgas y la cárcel. Tú igual tonteaste con esto cuando eras estudiante, pero ahora, ¿dónde estás? Trabajando para el Estado. Eres un buen funcionario, a punto de casarte. ¿Y dónde estoy yo? En la brega, a ratos aquí y a ratos en la Modelo, jugándome el pellejo cada día. Encima, los intelectuales cuando aparecéis en nuestras agrupaciones lo que causáis son perturbaciones. Dentro de los marxistas, los burgueses como Besteiro representan la tendencia más derechosa del socialismo, pero en la CNT, por alguna razón, son los más alborotadores… De todas maneras, siempre preferiré un burgués con simpatías anarquistas a un marxista. Los marxistas lo que aspiran es a la instauración de un Estado dictatorial, como en Rusia –concluyó-. Los anarquistas hemos sido los primeros, en Europa, en verle las orejas al lobo comunista.

Entregas anteriores

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