Alemania

Visita a la oficina desde la que se controla Europa

EL ESPAÑOL recorre los recovecos de la cancillería alemana en un edificio marcado por el gusto austero de "la jefa" Angela Merkel. 

La sede de la cancillería alemana se encuentra frente al Parlamento.

La sede de la cancillería alemana se encuentra frente al Parlamento.

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  5. Eduardo Chillida Juantegui

La Cancillería Federal alemana en pleno centro berlinés, donde tiene su despacho Angela Merkel, es uno de los puntos claves de la toma de decisiones de Europa. Aquí es donde se gestan gran parte de las posiciones políticas que defiende Alemania, el país que se ha convertido en los últimos años en el más influyente del 'Viejo Continente'. A Merkel, de hecho, la revista estadounidense Forbes la llegó a considerar la mujer más poderosa del mundo y la segunda personalidad política con mayor influencia de la escena internacional. En la última lista de esa publicación, con fecha de 2015, la canciller sólo tiene por delante al presidente ruso Vladimir Putin.

Antes de las ocho de la mañana suele entrar Merkel en los amplios pasillos de la moderna sede de la cancillería. Se construyó a finales de los años noventa y ha estado al servicio de dos cancilleres desde su apertura en 2001, a saber: el socialdemócrata Gerhard Schröder y la cristiano-demócrata Angela Merkel. Cuando no está de viaje en el extranjero o en otra ciudad germana, lo que suele depararle a Merkel una jornada aquí son innumerables reuniones con consejeros, jefes de Estado o de Gobierno, intervenciones ante la prensa, comidas de trabajo y horas en su escritorio.

“Son pocos los textos de sus intervenciones en los que ella no ha trabajado directamente”, subraya Andreas Brücher, responsable de las relaciones con la prensa de la Cancillería Federal y encargado esta semana de mostrar a un reducido grupo de periodistas el interior del edificio donde trabaja la jefa del Gobierno germano.

El despacho de Merkel está en la séptima planta. Desde su amplio interior –dispone de unos 170 metros cuadrados–, se puede disfrutar de unas magníficas vistas al Tiergarten, el célebre y céntrico parque de Berlín. A lo lejos asoman, sobre la extensa superficie verde que componen las copas de los árboles, los rascacielos de la moderna Potsdamer Platz.

“Me gusta especialmente lo grande que es la habitación, nunca tuve una oficina tan grande”, dice la canciller en un vídeo presentado a los visitantes, que no pueden entrar en su despacho en persona.

LA 'LAVADORA' DE MERKEL

La curva de las ventanas orientadas al suroeste de la oficina de Merkel recuerdan al gran círculo de cristal de una de las fachadas de este edificio, compuesto por un gran cuerpo central cúbico de 36 metros de alto. Esa gran forma circular en ese enorme cubo le ha costado a la Cancillería Federal el apodo de la "lavadora". Brücher mantiene que no conoce ni un sólo berlinés que llame así al edificio. Pero, en la calle, lo normal es que los habitantes de Berlín piensen en la Cancillería Federal al oír hablar del ya famoso electrodoméstico de Merkel.

En “la lavadora” trabajan algo más de medio millar de personas. Pero con la canciller sólo lo hace a diario un reducido equipo de diez colaboradores. Entre ellos se cuentan dos secretarias y, por su puesto, Peter Altmeier, que ocupa la Jefatura de la Cancillería Federal desde diciembre de 2013 además de ser ministro para Asuntos Especiales. Una de sus responsabilidades es, según sus propios términos, “hacer que funcione bien la maquinaria del Gobierno”.

Esto implica llevar, entre otras cosas, el orden del día en las reuniones de la canciller y también gestionar las relaciones de la jefa del Gobierno con asesores, ministerios y grupos parlamentarios. La cita habitual con mayor aforo en la que participa aquí la canciller es el Consejo de Ministros. Éste junta los miércoles a las nueve y media de la mañana a los otros responsables del Ejecutivo con la jefa del Gobierno.

En la sala donde se reúne el gabinete, un reloj de cuatro caras marca el ritmo.

En la sala donde se reúne el gabinete, un reloj de cuatro caras marca el ritmo.

La reunión tiene lugar en la sexta planta, en una sala presidida por una mesa oval. Sobre ella, hay un reloj que en su día fue un regalo a su gabinete de Konrad Adenauer, el primer canciller de la República Federal de Alemania. Tiene cuatro caras con manillas para que todos los participantes de la reunión vean la misma hora y puedan ser puntuales. También hay una campana que, según manda la tradición, se toca sólo al inicio de cada legislatura.

En la octava planta hay una destacada zona para comidas de trabajo y recepciones. Aunque la canciller dispone de un restaurante diferente al de la cantina del edificio, la jefa del Gobierno germano no siempre recurre a ese menú. “Puede comer fuera” y “su casa no está lejos de aquí en coche”, recuerda Brücher, aludiendo al apartamento privado de Merkel, situado en la céntrica Isla de los Museos de Berlín. Aquí la jefa de Gobierno no vive en el mismo complejo en el que trabaja, al contrario de lo que sucede en España con La Moncloa.

Peter Altmeier, cuyo despacho también está en la séptima planta, asegura que la Cancillería Federal alemana es una instancia del Gobierno “pequeña pero eficaz”.

Quienes conocen bien la toma de decisiones en ella señalan, además, el dominio de Merkel en la infraestructura. “La Cancillería Federal es su oficina, es su principal recurso y un centro de poder en el ámbito internacional”, dice Josef Janning, co-director de la oficina en Berlín del think tank Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR, por sus siglas inglesas). “Merkel ha hecho de la Cancillería Federal una maquinaria a su servicio”, añade.

Según este veterano observador “lo curioso es que, en este lugar, sólo un puñado de personas lleva a cabo la mayor parte del trabajo”. Destaca el papel que juega entre bastidores Christoph Heusgen, un diplomático asesor de Merkel que sirvió como jefe de gabinete de Javier Solana cuando éste era el alto representante de la UE para la Política Exterior y de Seguridad Común.

Heusgen se ocupa de cuestiones internacionales, mientras que Uwe Corsepius es el hombre al que primero consulta la canciller en asuntos europeos. “Ambos tienen el mismo perfil discreto, trabajan con Merkel, mediando entre otras figuras internacionales, siendo muy leales a la canciller y, eso sí, sin hacer nunca declaraciones públicas”, explica Janning.

UN CENTRO DE PODER INTERNACIONAL

“Es normalmente en su oficina donde Merkel ve a sus consejeros, pero no hay que olvidar que con consejeros como Christian Heusgen o Uwe Corsepius, la canciller tiene tantas reuniones que hasta las tienen en el avión cuando hay un viaje oficial”, dice al ser preguntado por EL ESPAÑOL Andreas Brücher, el responsable de las relaciones con la prensa de la Cancillería Federal. Para él, “aquí probablemente hay ahora menos movimiento desde que comenzó la crisis financiera, porque muchas de las decisiones se toman en Bruselas y en otras ciudades”.

Brücher rehuye hablar de la relevancia de Berlín en el actual contexto internacional. Pero en la Cancillería Federal también los hay que tienen muy claro que “desde que el Gobierno se mudó aquí procedente de Bonn en 1999, la ciudad se ha convertido en uno de los centros políticos más importantes de Europa”. Esta realidad tampoco escapa a observadores como Julian Rappold, experto en cuestiones europeas del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores (DGPA, por sus siglas alemanas).

Sala de atención a la prensa en la cancillería.

Sala de atención a la prensa en la cancillería.

“En los últimos cinco o seis años, el papel de Alemania en la Unión Europea, por ejemplo, ha crecido mucho en términos relativos, debido en buena medida a cómo el país ha logrado superar la crisis, mientras que otros países que solían tener mucha influencia en la toma de decisiones, como Francia o Italia, han sufrido muchas dificultades”, expone Rappold.

“En realidad, aquí en Berlín, ya sea en la cancillería o en los ministerios, los responsables son muy conscientes del poder de Alemania, por su economía, por su peso demográfico, etcétera, y se nota que la opinión de Berlín en asuntos internacionales pesa más ahora”, abunda por su parte la investigadora Almut Möller, encargada de la dirección del ECFR.

"Merkel es mi jefa, pero es amistosa y nada presuntuosa conmigo"

No obstante, en la Cancillería Federal se prefiere mostrar un perfil bajo. Una actitud que parece ir muy acorde con cómo dirige a su equipo Merkel, a quien se conoce en este edificio como “la jefa”. “El ambiente de trabajo con la canciller es muy normal”, según Brücher. “Yo personalmente no me siento dirigido por la canciller en mi trabajo, ella es mi jefa, sí, pero se comporta de un modo amistoso y nada presuntuoso”, agrega.

Este aspecto del carácter de Merkel es muy parecido a la personalidad que imprimieron los arquitectos Axel Schultes y Charlotte Frank al edificio donde trabaja la canciller. Más allá de la modernidad, aquí no hay atisbos de lujo. Ubicada en una zona que antes marcaba la división de la ciudad entre el Berlín oriental y el occidental, en esta infraestructura gubernamental se han premiado el espacio y las transparencias que ofrecen los abundantes muros de cristal. A través de ellos puede verse, en la entrada principal, una obra del escultor español Eduardo Chillida que lleva por nombre “Berlín”.

Esa escultura la componen dos voluminosas piezas metálicas que suman cerca de 90 toneladas de peso y que evocan la separación y posterior reunificación de la capital germana.

La filósofa saluda a la escultura de Chillida en la entrada de la cancillería.

La filósofa saluda a la escultura de Chillida en la entrada de la cancillería.

Dentro del edificio, ante las escaleras que llevan al primer piso del edificio hay otra escultura de metal. Es “La filósofa”, una representación femenina hecha en bronce del artista alemán Markus Lüpertz. Esa pensadora y algunos lienzos de gran formato decoran algunos muros de la Cancillería Federal.

Uno de ellos, en la primera planta, está decorado con los retratos de los predecesores de Angela Merkel. Sabiendo del gusto por la austeridad económica y estética de la canciller, cuando cuelgue su imagen de esa pared, seguramente no brille el llamativo color dorado del busto de Gerhard Schröder representando por Jörg Immendorff. Al último canciller socialdemócrata que ha tenido Alemania muchos le recuerdan por su gusto por el lujo. “Cada época tiene su canciller y cada canciller tiene su época”, sentencia Brücher.