Crisis refugiados

Habla el cerebro del pacto de refugiados: "Turquía confía en Alemania"

Gerald Knaus concibió el acuerdo firmado recientemente entre la UE y Turquía para la crisis migrante.

Gerald Knaus, ideólogo del acuerdo de refugiados entre la UE y Turquía.

Gerald Knaus, ideólogo del acuerdo de refugiados entre la UE y Turquía.

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Gerald Knaus (Bamberg, 1970) acaba de llegar a Berlín procedente de París. Este austriaco es el presidente y fundador de la Iniciativa Europea de Estabilidad (ESI, por sus siglas inglesas), un think-tank con oficinas en Bruselas, Berlín, Sarajevo y Estambul.

Knaus va pasar en la capital alemana día y medio, tiempo suficiente para reunirse con responsables del Gobierno de Angela Merkel y para seguir explicando el acuerdo en materia de refugiados firmado hace unos días entre la Unión Europea (UE) y Turquía. Esta misma semana le esperan también en Grecia.

El acuerdo alcanzado por Bruselas y Ankara frente a la crisis de los refugiados surge de una idea salida de los despachos del ESI. Planteada paralelamente a países europeos y a Turquía, el Ejecutivo turco acabó adoptando como propia la propuesta de Knaus y su think-tank. Luego Turquía la presentó a Alemania como solución conjunta frente al problema que constituyen los cientos de miles de personas que han huido y huyen todavía de la guerra y la miseria de Oriente Medio, especialmente del conflicto civil sirio.

El encuentro de Knaus con EL ESPAÑOL no puede tener lugar en la sede berlinesa del ESI. “Debido numerosos viajes, suelo trabajar mucho en cafés”, explica Knaus antes de comenzar la entrevista con este periódico.

Apenas queda sitio para su interlocutor en la mesa del café-bar situado justo al lado del célebre Checkpoint Charlie donde Knaus trabaja hoy. Le rodean varias tazas vacías, una pila de documentos y su ordenador portátil. En un rato estará dando una conferencia sobre el drama de los refugiados en las oficinas de la Fundación Mercator, una institución que se dedica, entre otros asuntos, a realizar proyectos e investigaciones vinculados a la inmigración.

Después de que su idea haya inspirado el reciente acuerdo de la UE con Turquía ¿Sigue trabajando en este asunto ?

Así es. Estamos trabajando en la implementación de la idea. Porque ahora la cuestión es ver cómo se puede implementar.

¿Cómo logró que su idea se impusiera como una solución frente a la crisis de los refugiados?

Hizo falta mucho tiempo para convencer a mucha gente de la validez de nuestra propuesta, que formulamos por primera vez el pasado mes de septiembre. También hizo falta que hubiera políticos que defendieran la idea en público. Esto ha terminado ocurriendo con la canciller Angela Merkel en Alemania, o con Diederik Samsom, el líder del Partido Socialdemócrata neerlandés.

Nos esforzamos en persuadir a tres grupos de personas. A saber, gente cercana a la canciller, líderes políticos de Holanda, importantes porque ahora ese país es responsable de la Presidencia del Consejo de la Unión Europea, y también a responsables políticos en Ankara. Lo más importante fue, al final, que los turcos se encontraran con alemanes y holandeses para presentar, esencialmente, nuestro plan.

¿Qué hace especial este acuerdo ?

Que ahora se puede avanzar hacia esa sensación de tener controladas las fronteras europeas. Sin esa sensación, las extremas derechas europeas, los partidos que son anti-refugiados, anti-musulmanes y anti-europeos se convertirán en las fuerzas dominantes de la política europea.

Venimos de tener la sensación de que Europa ha perdido completamente el control de sus fronteras. Ningún país, en realidad, controla plenamente sus fronteras. Ni siquiera la extinta República Democrática de Alemania, que construyó un muro para evitar que la gente dejara el país, pudo controlar sus fronteras. Pero en el último año, al menos un millón de personas cruzaron el mar Egeo. Esto no tiene precedentes.

Ahora se puede avanzar hacia esa sensación de tener controladas las fronteras europeas

¿A qué partidos políticos se refiere?

Al Frente Nacional francés, al Partido de la Libertad de Geert Wilders, a los líderes del Grupo Visegrado (Polonia, República Checa, Hungría y Eslovaquia, ndlr.). Si esta crisis no se gestiona bien, tendremos en Europa un frente anti-refugiados, anti-liberal y anti-europeo.

Si no se gestiona bien, y esto ya está ocurriendo, habrá más líderes que, como el primer ministro británico David Cameron, comiencen a desechar la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados. Líderes que digan que no se puede aplicar la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados. Desde septiembre, esto es lo que dice el primer ministro húngaro, Viktor Orbán. Si Europa desecha la convención, ese texto se muere.

¿Qué otras soluciones hay frente a la crisis de los refugiados?

Las que hay son un desastre para las relaciones de la UE con Turquía. La alternativa es lo que había antes de la cumbre con Turquía. A saber, uno construye un muro, se mantiene a los refugiados en Grecia, donde estarán en una situación tan mala que al resto de refugiados les dará miedo venir a Grecia. Pero Grecia es Europa.

Tener una estrategia basada en la conversión de una parte de la UE en un lugar tan malo para los refugiados que estos prefieran mantenerse fuera de la UE es algo cínico y un desastre para Grecia.

Las organizaciones humanitarias dicen que la mejor solución es repartir a los 3 millones de refugiados por Europa. Es una muy buena idea, pero ¿Qué gobierno va a plantear esto?

El acuerdo UE-Turquía ha sido muy criticado por organizaciones humanitarias. ¿Qué piensa usted?

Las organizaciones humanitarias dicen que la mejor solución es tomar a los 3 millones de refugiados y repartirlos por Europa. En teoría, es una muy buena idea, pero hay un problema. ¿Qué gobierno en Europa va a plantear esto como solución?

El país que más ha defendido la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados es Alemania. Este país también está detrás de la propuesta que nosotros hacemos. El resto, se mantienen silencio. O son hostiles.

La UE tiene un pasado en los últimos meses de tantas cosas prometidas y no cumplidas que todo el mundo es escéptico con sus soluciones

¿Qué piensa de que los haya escépticos con el acuerdo UE-Turquía?

La UE tiene un pasado en los últimos meses de tantas cosas prometidas y no cumplidas que todo el mundo es escéptico con sus soluciones. Pero en el acuerdo UE-Turquía figura que la reubicación voluntaria de refugiados es algo que tiene que ocurrir [esto es, que los Estados de la UE reubiquen voluntariamente a refugiados que están en Turquía]. Hay razones para pensar que si ésta no ocurre rápido, el resto del acuerdo no tendrá sentido.

El problema no es el acuerdo, sino cómo se implementa. Necesitamos una implementación creíble de cada aspecto de este acuerdo. Hay que dejar de hablar del acuerdo, lo que hay que hacer es implementarlo. Tenemos que ver los primeros aviones con refugiados dejando Turquía lo antes posible.

¿Qué piensa usted del principio 'uno por uno' del acuerdo, según el cual por cada refugiado que llegue ilegalmente a Europa será enviado de vuelta a Turquía, país que a su vez enviará legalmente a Europa otro refugiado?

Es una tontería. La admisión tiene que ser mucho más que 'uno por uno'. En caso contrario no se ayudará a Turquía.

¿Habían planteado ustedes el principio del 'uno por uno' en el ESI?

No es nuestra idea. Esto surgió en las reuniones mantenidas entre los responsables de Alemania y de Turquía. Ése principio no es relevante si empieza ya a tener lugar la recolocación humanitaria voluntaria. Ésa es la clave.

En el ESI, empezamos diciendo el pasado mes de septiembre que habría que comenzar con 500.000 refugiados. Pero ahora basta con empezar, con 900 al día. Que empiece ya. No es justo, de la parte del continente más rico del mundo, esperar que Turquía se quede con todos los refugiados. Hasta que no se implemente el acuerdo, la gente va a seguir llegando a Grecia en grandes cantidades.

¿Hasta qué punto es importante ese principio del 'uno por uno'?

Ese principio sería irrelevante si se comienza a poner en marcha la reubicación humanitaria voluntaria. En esto trabajamos nosotros en el ESI desde el principio. Desde septiembre estamos diciendo que el principio debe ser la recolocación humanitaria voluntaria.

Hay que dejar de hablar del acuerdo, hay que implementarlo

Grecia recibirá próximamente unos 4.000 expertos procedentes de toda Europa para empezar con las expulsiones. ¿Cuál es su opinión al respecto?

La UE tendría que decirle a Grecia que es la UE la que va a encargarse de este problema durante un tiempo. Lo que hace falta es crear un equipo en común que ayude a Grecia a lidiar con la situación y que en un futuro pueda ayudar a todo país que se enfrente a la venida ingente de solicitantes de asilo.

En todo este proceso, en el que su idea ha sido aceptada y ha inspirado un documento de la UE y Turquía, ¿tiene usted la sensación de que su propuesta inicial haya podido verse alterada ?

No. Lo único es que podría pasarle a la idea es no ser implementada.

¿Cree usted que podrá implementarse?

Sí, porque lo que nos estamos jugando aquí es muy grande. Si fracasa esta idea, como no hay alternativas mejores, vamos hacia una situación en la que la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados se abandonadará en Europa. La no implementación significaría, en último término, que la UE esté apoyando a Macedonia y Albania en su misión de empujar a la gente a Grecia. Y ésto es precisamente lo que está pasando desde hace semanas.

Ésta es la idea que la UE casi adopta como suya, de no ser porque turcos y alemanes llegaron con su acuerdo para Europa y Turquía. No aplicar el acuerdo serían muy malas noticias para Grecia, para Turquía y para Alemania.

Si no se convence al público europeo de hacer algo, pasa lo que ocurre en Australia. Allí, gobiernos de centro-izquierda y centro-derecha han abolido la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados

¿Qué papel juega la opinión pública en esta crisis?

Si no se convence al público europeo de hacer algo, pasa lo que ocurre en Australia. Allí, gobiernos de centro-izquierda y centro-derecha han abolido la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados. Australia expulsa a todos los refugiados que llegan a su territorio. Los pone en un barco, y los manda a Nauru, una isla en el Océano Pacífico. ¿Y qué hacen las organizaciones humanitarias en Australia? Nada. Son impotentes, porque la opinión pública apoya estas políticas.

En el este de Europa parece que la mayoría de la población apoya las políticas más anti-refugiados.

En esos países hemos perdido a la opinión pública. Allí piensan que lo que Angela Merkel está tratando de hacer es algo ilusorio, que no se puede resolver este problema con Turquía y que la única solución es levantar muros. Muros, que sean tan sólidos, que nadie pueda cruzarlos. Esto es lo que Viktor Orbán propone desde septiembre.

¿Son recuperables esas opiniones?

No estoy completamente seguro de que sea imposible en Polonia, por ejemplo. Se puede combinar control y compasión con los refugiados. Si controlamos las fronteras europeas, y les decimos a los polacos, 'acoged familias de refugiados, familias de las que sabemos que están registradas, con pasaportes, que no son inmigrantes económicos ni terroristas', creo que se puede ganar el debate de la opinión pública en el este de Europa, incluso en Polonia.

Turquía quiere que este acuerdo funcione, conoce el problema de los refugiados y nos está ofreciendo colaborar

¿Cómo ve posicionada a Turquía frente a la crisis?

Turquía quiere que este acuerdo funcione, porque en Ankara se han dado cuenta de dos cosas. Que la coalición anti-refugiados y anti-musulmana que se está forjando alrededor de Orbán, también es anti-turca. Puede formarse, con Orbán, Le Pen, Wilders y el resto, una Europa anti-turca. Y Turquía ya está rodeada de enemigos. Hay una guerra en Ucrania. También la hay en Siria, con el Estado Islámico allí y en Irak. Hay otra guerra en curso contra el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y otros grupos radicales. Turquía no tiene relación con la dictadura militar de Egipto.

¿Europa es el único vecino y aliado potencial de Turquía?

Europa no. Europa no tiene poder alguno. Los responsables turcos no confían en Europa, pero sí en Alemania. Alemania puso freno a Rusia en Ucrania. También tienen aquí a tres millones de turcos viviendo. Alemania está del lado turco. Para Turquía es muy importante, por ejemplo, que Merkel se haya manifestado contra la islamofobia.

Si pensamos que no podemos gastar dinero en Turquía, no deberíamos hacerlo tampoco en ayuda al desarrollo en Ruanda, Paquistán o Afganistán

Habiendo como hay problemas de gobernabilidad y transparencia en Turquía ¿Cómo podemos estar seguros de que Turquía empleará los fondos europeos, de hasta 6.000 millones de euros, para mejorar las condiciones de vida de los refugiados?

Respondo con otra pregunta. ¿Debemos ayudar al desarrollo en África? La respuesta habitual es “sí”. Resulta que todos los países africanos son menos transparentes que Turquía. Esto se sabe y, aún así, estamos dispuestos a gastar dinero en África.

Si pensamos que no podemos emplear ese dinero en Turquía, no deberíamos hacerlo tampoco en ayuda al desarrollo en Ruanda, la República Democrática del Congo, Paquistán o Afganistán. Turquía conoce el problema de los refugiados, tiene más de dos millones en su territorio, y nos está ofreciendo la posibilidad de colaborar.

¿Podría alcanzarse otro acuerdo como el alcanzado con Turquía con otros países que sirven en otras rutas hacia Europa?

Con Libia no, porque es un Estado fallido. Pero no creo que la gente vaya ahora a viajar hasta Libia, porque es un país muy peligroso. En Turquía no hay riesgos. Uno coge un avión, llega a Estambul, toma un taxi, luego va a Esmirna y, desde allí, en barco hasta Europa. A pesar de los riegos, el viaje por el mar Egeo es el más seguro, con creces, para llegar a Europa.

Ha hablado usted del auge de la extrema derecha en Europa, de la posible abolición de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados ¿Cuán peligrosa es para Europa y sus valores humanistas la crisis de los refugiados?

Creo que estamos ante una de las mayores crisis que ha atravesado Europa. No acabará con Europa, pero sí podría acabar con la Europa de las libertades.