EL NUEVO EJECUTIVO

Rajoy maneja un organigrama en el que Santamaría perdería el CNI y la portavocía

María Dolores de Cospedal bascula entre Interior y Defensa, donde se haría cargo de los espías

La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría.

La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. Efe

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En la tarde del Día de Difuntos este martes de noviembre, una frase resume la ignorancia en la que está sumido el PP, tanto el partido como el Gobierno en funciones, acerca de los planes de Mariano Rajoy: “Todos apuntan a lo suyo. Pero no sabemos distinguir lo que piensa el presidente”. Las horas pasan lentas este puente de Todos los Santos, tanto para los que aún están en el Ejecutivo como para los que aspiran a estarlo. De llamadas cruzadas desde el viernes de la semana pasada y preguntas formuladas por el entorno de Mariano Rajoy a expertos en la materia se desprende que el presidente está trabajando en la construcción de un ambicioso organigrama de Gobierno que le está llevando más tiempo del que inicialmente pensó.

En este esquema en el que trabaja en silencio “él necesita hacer una serie de cambios de competencia que no pasan necesariamente por cambios de cara”, según fuentes del PP. Se trata de un “esquema” cuya reestructuración responde a las necesidades del nuevo guión político español y que entraña “cambios tectónicos” en el sentido de “cambios muy fuertes, radicalmente distintos” pero que no implican, insisten las fuentes consultadas, un barrido completo de ministros.

Al menos en un borrador de este organigrama, Soraya Sáenz de Santamaría, la joven vicepresidenta del Gobierno que goza del mayor índice de popularidad entre los votantes del PP, vería adelgazar su poderoso Ministerio de la Presidencia para prescindir de dos grandes patas: el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y la portavocía, así como las relaciones con los medios de comunicación y las empresas públicas como la agencia Efe y RTVE.

CAMBIOS EN COMPETENCIAS, NO EN CARAS

Como contraprestación, Santamaría se haría con el producto estrella de esta legislatura: la cuestión catalana. Quizá absorbiendo un nuevo Ministerio de Administraciones Públicas al que algunos llaman el ministerio de Escocia (en el Reino Unido, esta figura existe desde el siglo XVII y desde 1926 tiene rango de ministro, aunque en inglés la denominación es de secretary of state). Una Santamaría dialogante que es vista con buenos ojos por Oriol Junqueras, con el que se reúne siempre cuando éste viene a Madrid.

En consideración también tiene Rajoy que Junqueras ha expresado su aprecio por Cristóbal Montoro, que podría mantenerse en la parte económica para negociar mano a mano con Santamaría la nueva financiación de Cataluña. Con esta nomenclatura se cumpliría de nuevo el convencimiento de las fuentes consultadas de que Rajoy trabaja en cambios de competencia pero no de caras (Santamaría y Montoro permanecen).

Los servicios de inteligencia pasan por dos grandes etapas en la España democrática. La primera empieza en 1977 con el CESID (Centro Superior de Información de la Defensa) y fue creada por el militar Manuel Gutiérrez Mellado, entonces vicepresidente del Gobierno para asuntos de Defensa con Adolfo Suárez. En 2002, bajo el Gobierno popular de José María Aznar, los servicios se transforman en CNI y son dirigidos por primera vez por un civil, el diplomático Jorge Dezcállar. En esos 25 años, el centro sufre profundas transformaciones y se va deshaciendo de los hábitos de la dictadura, como las escuchas telefónicas desveladas en 1996 por el diario El Mundo.

Durante todos estos años, y hasta la llegada de Mariano Rajoy, el centro fue siempre definido por real decreto como “órgano de información del presidente del Gobierno […] y del ministro de Defensa” en materia de política de defensa y militar. En diciembre de 2011, el Real Decreto 1823/2011, de 21 diciembre, reestructura los departamentos ministeriales y cambia la adscripción del CNI por primera vez en su historia del ministerio de Defensa al del Presidencia presidido por Santamaría. Fiel a su leyenda de hacer los cambios estrictamente necesarios, Rajoy mantiene en el puesto al general Félix Sáenz Roldán, nombrado por el presidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero y que mantiene una estrecha relación personal con el entonces rey Juan Carlos.

LOS ESPÍAS ¿A DEFENSA DE NUEVO?

Fuentes de los servicios de seguridad han defendido la necesidad de devolver el centro al ministerio de Defensa, “de donde nunca debió de salir” sobre todo ahora que el grueso de su trabajo está enfocado a la lucha contra el terrorismo yihadista internacional. Este cambio, que no sería mal visto en los servicios, se daría de bruces con una realidad política incontestable: el CNI podría caer en manos de la supuestamente archienemiga de Santamaría, la secretaria general del PP María Dolores de Cospedal. El nombre de la expresidenta de Castilla-La Mancha bascula estos días entre las carteras de Interior y de Defensa.

Los que la ven en Interior subrayan que ya fue subsecretaria del ministerio durante el año y medio que Rajoy ocupó la cartera entre 2001 y 2002. Destacan también la cercanía de su marido, el empresario sevillano Ignacio López del Hierro, a veteranos comisarios de policías, con los que mantiene una estrecha relación y come y cena a menudo desde que fue gobernador civil en Toledo y en Sevilla (y subdelegado del Gobierno en Andalucía) en la época de UCD.

Las especulaciones sobre el futuro de Cospedal se suman a la ensalada de nombres y funciones que salta de publicación en publicación. “A Rajoy le daría para empapelar una planta entera de Moncloa si los diarios no fueran ya casi todos digitales”, comenta un miembro del PP que se está tomando el puente con calma: no todos pueden estar en un Gabinete que podría estar compuesto por 15 personas.

En estos momentos, en el mercado persa de nombres ministrables cobran fuerza los marianistas Rafael Hernando, el portavoz parlamentario, al que tan pronto ubican de nuevo en el Congreso como en un ministerio; y Jorge Moragas, al que sitúan en Exteriores. Luego está el nutrido grupo de sorayos -Fátima Báñez, Iñigo Méndez de Vigo, José Luis Ayllón, los hermanos Nadal (Alberto y Alvaro), Rafael Catalá, Isabel García Tejerina y el mencionado Montoro- con la vicepresidenta a la cabeza. El contrapunto de poder lo pondría Cospedal al frente de un ministerio de gran peso, como Defensa o Interior.