Camino al 26-J

La bandera republicana y otros 'sapos' que IU ha tragado con Podemos

Alberto Garzón ha tenido que renunciar a varios argumentos para confluir con Pablo Iglesias.

El líder de IU Alberto Garzón en un acto de la precampaña en Logroño.

El líder de IU Alberto Garzón en un acto de la precampaña en Logroño. EFE

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La confluencia electoral de IU y Podemos no ha sido un trayecto fácil. Ha sido al segundo intento. Por una cuestión aritmética, la fuerza que lidera Alberto Garzón ha tenido que ceder más. El último foco de tiranteces está en las banderas comunistas y republicanas. Son símbolos con los que los de Pablo Iglesias no se identifican, les alejan de la transversalidad que persiguen y les coloca a la izquierda. Desde el PSOE ya se les ha atacado por ese flanco.

En un documento interno, con membrete de IU y fechado el pasado 31 de mayo en Sevilla, se recoge el contenido de una reunión preparativa de la campaña bajo el título “Resumen Comisión Electoral Andalucía”. En este resumen aparece la recomendación, nunca prohibición, de intentar que estas banderas, así como las blancas de IU y las moradas de Podemos, no aparezcan en los actos conjuntos de las dos formaciones. Por respeto a la confluencia, lo que se “priorizará” serán las banderas andaluzas.

Garzón e IU Andalucía han negado que se haya dado instrucción alguna ni a la militancia ni a sus cuadros dirigentes en las provincias, y mantienen que la oficialidad de ese documento “es ninguna”. Sin embargo, en el desmentido sí admiten que la indicación a la militancia será la de hacer una campaña “eminentemente andaluza” y “donde pondremos el acento en la bandera de Andalucía como la bandera que nos une a todas las formaciones políticas que componen la candidatura ‘Unidos Podemos por Andalucía’”. En definitiva, la única bandera que une es la andaluza y queda claro que las demás no tanto. Eso sí, lo que podrán llevar son pines, camisetas y pegatinas de IU, según recoge el citado informe.

Aún así, tampoco van a ser tantos los mítines conjuntos. Por el momento, sólo están programados en Andalucía tres actos centrales de la caravana estatal, a los que habrá que añadir los andaluces. Por tanto, para ondear la tricolor y la del PCE ya tendrán los militantes y simpatizantes de IU sus actos propios de campaña. Porque hay que recordar que en esta campaña del 26-J, irán juntos y por separado.

Este no ha sido el único episodio en el que IU ha tenido que hacer concesiones. Cuando los ha habido se han justificado como un sacrificio por un bien mayor: los 50 puntos acordados que les empujan a convertirse en la segunda fuerza política en las urnas, y lograr el “sorpasso” al PSOE.

Unidos Podemos sin izquierda

La marca electoral de Unidos Podemos fue un escollo importante en la negociación entre IU y Podemos. En Podemos preferían Ahora Podemos. IU no quería renunciar a tanto como para que no se viera su sello propio. La izquierda se había caído del cartel. Gaspar Llamazares, muy crítico con esta alianza, reaccionaba entonces en Twitter: “Asumo como propia la denominación de la coalición pero echo en falta el nombre de IZQUIERDA. Clásico y antiguo que es uno”.

Garzón: número 5 por Madrid

Uno de los puntos de fricción entre las dos formaciones ha sido la configuración de las candidaturas. IU quería que Alberto Garzón fuera el número 3 por Madrid. Por una cuestión “federal” y por una cuestión estética, los dos líderes, Iglesias y Garzón, debían ir juntos encabezando la misma lista. El obstáculo era que ese puesto estaba reservado para el número 2 de Podemos, Íñigo Errejón.

“Me gustaría ir por Madrid porque soy el referente de IU, Pablo es el de Podemos, y si hay una confluencia no cabe ninguna duda que por correlación de votos la referencia de esa confluencia conjunta sería Pablo Iglesias, pero lo natural es ir por Madrid”, recalcó, mientras puntualizaba que de esto no iba a hacer “una pelea” de nombres, apellidos y números.

En IU confiaban en un gesto que no llegó. Las tensiones entre Iglesias y Errejón, llevaron al líder de Podemos a confirmar que este seguiría de número tres en un clave claramente interna de aparcar diferencias con el sector errejonista. Garzón acabó de número 5.

Tres cabezas de lista…

El reparto de cabezas de lista se saldó con tan sólo tres candidatos para IU de las 43 provincias a repartir con Podemos (quedaban fuera Galicia, Cataluña y Valencia). La coalición le llevó a tener números uno por Ciudad Real, Teruel y Palencia.

…y ni uno por Andalucía

En Andalucía, donde la formación que lidera Alberto Garzón obtuvo en las pasadas elecciones del 20-D más de 250.000 votos de las 900.000 papeletas de todo el territorio nacional, no ha logrado tener ni un número uno. A cambio, se reservaron segundos y terceros puestos, es decir, son puestos de salida, con altas probabilidades de salir elegidos. Un número dos por Málaga, Córdoba, Jaén y Almería, dos números tres por Sevilla y Cádiz, un número 1 por el Senado por Cádiz. Aspiran a lograr cuatro escaños más y sumarlos a los diez que ya obtuvo en solitario Podemos la anterior ocasión.

El número 1 por Almería

La elección como cabeza de lista por Almería ex Jefe del Estado Mayor de la Defensa Julio Rodríguez levantó ampollas en IU. La coordinadora de esta provincia, Rosalía Martín, rechazó que este ocupe el primer puesto por ser “un hombre de la guerra y de la OTAN”. La situación se recondujo de manera rápida y satisfactoria. Martín tomó la iniciativa y se reunió con Rodríguez. En una rueda de prensa conjunta se escenificó en pocos días el armisticio electoral. Sin embargo, lejos de retractarse, Martín se mantuvo firme en sus ideas y convicciones, aunque “aparcó” las diferencias en favor de la confluencia.

Logros: las siglas en la papeleta

Uno de los más importantes logros de IU en la negociación fue garantizar el reconocimiento mutuo. ¿Cómo? Con la presencia de las siglas en el registro en el Ministerio de Interior y también en la papeleta.

Respeto a la identidad y el liderazgo

IU defendía que debía quedar claro al electorado que son fuerzas políticas distintas y esa “visibilidad” debía quedar tanto en campaña como en el posterior espacio institucional y político que sea resultado del proceso electoral. Ese respeto a la propia identidad también llega a los programas, campaña, caravana electoral y liderazgos.