ANÁLISIS

Es la aritmética, estúpido

  1. Opinión

¿De qué hablaron durante una hora y cuarenta minutos Pablo Iglesias y Mariano Rajoy el 28 de diciembre? En su comparecencia posterior en el Palacio de la Moncloa, Iglesias explicó que no fue acerca de la investidura del candidato del PP. "He necesitado dos minutos para decirle a Rajoy que no", presumió entonces el líder de Podemos ante la media hora que tardó Pedro Sánchez. "El resto del tiempo lo hemos dedicado a hablar de política", añadió. Fueron 98 minutos.

Ambos se conocen personalmente desde el 30 de octubre, cuando Rajoy citó al hoy líder del tercer partido del país para abordar la situación en Cataluña. Iglesias le regaló un libro de Machado con una dedicatoria. De mantener una distancia abismal, pasaron a hablar con frecuencia. El día de la Constitución, Rajoy conversó con él y reconoció con un "vais muy bien" la "remontada" que reivindicaba Podemos y que finalmente se confirmó en las urnas. A poco estuvieron de superar al PSOE, que sólo aventajó a Podemos y a sus socios por unos 350.000 votos. Con motivo del atentado contra la embajada española en Kabul, Iglesias llegó a anticipar en Twitter, como improvisado portavoz del Gobierno, que el Ejecutivo se disponía a facilitar información sobre lo ocurrido.

El viernes pasado tuvo lugar otro insólito diálogo entre ambos. Desde la sala de prensa del Congreso de los Diputados, Iglesias ofreció a Pedro Sánchez un Gobierno de cambio en el que él mismo sería vicepresidente y varios de los presentes, ministros. La puesta en escena y la elección de la oportunidad son ya Historia política de España. Sánchez optó por el perfil bajo para ganar tiempo.

Pablo Iglesias durante su comparecencia en el Congreso.

Pablo Iglesias durante su comparecencia en el Congreso. Reuters

La verdadera reacción llegó desde Moncloa y tampoco tiene precedentes. Rajoy volvió contrariado (algunos dicen que furioso) tras su reunión con el rey en el palacio de la Zarzuela. Felipe VI había insistido en dejar constancia por escrito del rechazo al encargo del presidente en funciones, que menos de 24 horas antes aseguraba verse "con fuerzas" para intentar la investidura.

¿Qué había cambiado? En realidad, muy poco. El miércoles por la noche, antes de la rueda de prensa sorpresa de Iglesias, EL ESPAÑOL adelantó que Rajoy sopesaba reconocer que no tenía apoyos y no someterse a la investidura. No para dimitir o dar paso a otro candidato del PP sino confiando en que Sánchez naufragase antes y tener él más posibilidades a continuación. Antes de la oferta de Podemos al PSOE, los portavoces de sus candidaturas aliadas habían dejado claro ante el rey y los medios que votarían "no" a Rajoy y que estaban abiertos a negociar un pacto con los socialistas sobre el que aún hoy no se ha celebrado ninguna reunión formal. Los diputados de Compromís dijeron además que el llamado derecho a decidir no era para ellos una prioridad. Rajoy confiaba en que Sánchez pasase antes por el potro de la investidura y se estrellase por la presión de los barones del PSOE y la dificultad de poner de acuerdo a tanta gente diferente.

El camino a nuevas elecciones

Las estrategias del PP y de Podemos resultaron ser perfectamente complementarias y parecen haber funcionado. Sánchez está cada vez más asfixiado, dentro y fuera del PSOE. Podemos ha recuperado la iniciativa descargando en los socialistas la culpa en caso de que naufrague su pacto. El PP puede criticar a gusto y al mismo tiempo la falta de generosidad de Sánchez y el radicalismo de Iglesias, con quien no se disputa el electorado. Incluso Rajoy ha ganado tiempo ante un previsible naufragio en las dos primeras votaciones. Si las elecciones se repiten, parece claro qué dos partidos y líderes podrían verse beneficiados.

Hay algo que no ha cambiado en absoluto. Aunque no lo parezca, los escaños de cada partido siguen siendo exactamente los mismos y, por ese motivo, la facilidad o dificultad para hacerse con las llaves de la Moncloa depende del mismo juego de sumas y restas. Todo lo demás, el clima, las tácticas y el relato, han mutado por completo.

El PSOE y Podemos suman exactamente lo mismo que hace una semana, cuando ya estaban abiertos a un Gobierno con Sánchez, pero Iglesias aseguró este miércoles en una entrevista en Onda Cero que "en cuestión de días" podría formarse el Ejecutivo. Todo ello a pesar de que aún no ha quedado claro si están dispuestos a renunciar al derecho a la autodeterminación y sin que en otras áreas se haya empezado a hablar de ninguna reforma concreta. En su primera rueda de prensa tras la Junta de Portavoces del Congreso, este martes, Errejón dijo que "dan los números" para un Gobierno alternativo al PP.

Puede que Iglesias lo vea al alcance de la mano (no en vano ya ha asignado varios ministerios), pero la aritmética es tozuda. La compleja suma de PSOE, Podemos, En Comú Podem, En Marea, los cuatro diputados de Compromís que se han pasado al Grupo Mixto y los dos de Izquierda Unida es de 161 diputados. Eso suponiendo que ninguno se descuelgue. La sencilla suma de Ciudadanos y PP, en cuya candidatura han concurrido UPN y Foro Asturias, es de 162. Y el partido de Albert Rivera, partidario de un acuerdo al mismo tiempo con PP y PSOE, ya ha dicho que "en ningún caso" apoyará un Gobierno presidido Sánchez y que votará "no" a un Ejecutivo negociado con Podemos.

En otras palabras: sólo con Podemos, a Sánchez no le "dan los números", a pesar de que el viernes pasado Iglesias le diera una vuelta a su discurso y pasase de considerarlo posible a darlo por seguro. Las opciones siguen siendo las mismas.

Del mismo modo, Rajoy sigue teniendo a su disposición más escaños que la suma de PSOE y Podemos. Pese a eso, el presidente en funciones justificó su repentino cambio de opinión en la rueda de prensa de Pablo Iglesias, que le sirvió de coartada perfecta para una retirada táctica.

Las opciones para que triunfe el pacto de izquierdas son muy pocas. El apoyo de los seis diputados del PNV podría hacer que superase la suma de "noes" de PP y Ciudadanos (167, nueve menos que la mayoría absoluta), pero entonces quedaría a expensas de los demás partidos aún no mencionados en este artículo. Se trata de ERC, con 9 diputados, DiL, con 8, Bildu, con dos, Coalición Canaria, con una diputada y Pedro Gómez de la Serna, expulsado del PP. No hay más diputados, no hay más aritmética para esta fórmula.

Sánchez e Iglesias, sobre el pacto con ERC y DiL

Es por ese motivo que Sánchez quedaría a expensas del voto favorable, de la abstención o de la ausencia del hemiciclo a la hora de votar de ERC y DiL, que conforman el Gobierno de la Generalitat. Sánchez ha asegurado que no va a "buscar" sus escaños, pero lo cierto es que si ellos votan "no", jamás llegará a la Moncloa. Susana Díaz y otros dirigentes territoriales que no confían en Sánchez y que creen que sólo sobrevivirá al frente del PSOE si es desde la Moncloa parecen determinados a que eso no ocurra jamás.

Preguntado directamente por este diario acerca del apoyo o abstención ante el pacto de ERC y DiL, Errejón eludió dar una respuesta. "La suma de las formaciones que podrían apostar por un Gobierno de cambio representan muchos más votos de españoles que la suma que podría apostar por el continuismo", dijo en referencia al sistema electoral. Eso sí, aseguró que "una propuesta de gobierno de cambio tiene las puertas abiertas a negociar con muchos grupos parlamentarios diferentes" en comparación con el "rodillo" del PP.

En la pregunta a Errejón, este periodista cometió un error al citar al número dos de Podemos, al que atribuyó la frase de "dan los números para un Gobierno de izquierdas", algo que él no había dicho, ya que Podemos considera desfasado el eje izquierda-derecha y prefiere hablar de arriba-abajo o directamente de "cambio". En realidad, no hay una mayoría clara de izquierdas en la cámara. Si se considera que el PP, Ciudadanos, DiL y el PNV se enmarcan en el centro derecha, todos ellos suman mayoría absoluta, con 177 frente a los 173 diputados de los otros grupos.

Sánchez, presidente sólo si suma a Ciudadanos

Si Sánchez no puede apoyarse en independentistas como ERC, DiL y Bildu y el PP nunca aceptará que sea presidente tras haber obtenido 30 escaños menos, el socialista sólo puede confiar en que Ciudadanos cambie de opinión.

Sánchez lo sabe. A diferencia de Podemos, que cuando habla de pactos sólo se dirige al PSOE, el líder socialista incide por igual en "izquierda y derecha" y en que hablará con "todos". La opción de un Gobierno apoyado por Ciudadanos seduce a muchos dirigentes del PSOE, incluso a los que más mandan, como ha tenido la ocasión de comprobar este periódico en varias ocasiones. Según algún veterano socialista, Sánchez debería "hacerle un Iglesias a Rivera", en referencia al golpe de efecto que el viernes desconcertó a Ferraz. Sólo si Sánchez mantiene la vía abierta con Podemos y coloca a Ciudadanos en el centro de la responsabilidad podrá llegar a la Moncloa como presidente. O eso, o los independentistas, según esta fuente. "Sólo si pone a Ciudadanos entre la espada y la pared, entre la corrupción y el cambio, entre el PP de siempre y los nuevos políticos, entre el continuismo y el futuro, Sánchez será presidente", señala. Al menos, con esta aritmética.