Fuerzas Armadas

Así viven 22 militares españoles en el "infierno" centroafricano

Pedro Morenés visita al pelotón destinado en Bangui, recientemente emboscado por milicias locales.

El destacamento español recibe a Pedro Morenés en Bangui.

El destacamento español recibe a Pedro Morenés en Bangui. EFE

La bestia de la guerra había echado a andar en República Centroafricana. Era diciembre de 2013 y a diario se contaban por decenas -o por centenares- las víctimas que morían a fuego y acero. Imposible contar el número de desplazados, familias rotas que huían de sus casas dejando atrás a sus muertos. El reciente golpe de Estado y el enfrentamiento entre milicias empujaban al país a una anarquía en la que reinaba la violencia. Hoy, un puñado de efectivos españoles, una veintena, combaten contra esta bestia, que todavía muerde y mata; "un descenso a los infiernos", en boca de la presidenta centroafricana, Catherine Samba-Panza.

"Somos una familia y tengo el honor de llevar año y medio luchando por este objetivo", defiende el coronel Juan José Martín, de 55 años, al frente del contingente español. En las últimas semanas, el militar y su tropa vienen preparando la visita del ministro de Defensa, Pedro Morenés, que ha aterrizado este martes en Bangui para despedirse de ellos y manifestarles su agradecimiento antes de que termine la legislatura. "Que venga el ministro es un reto para nosotros -reconoce Martín-, pero también una satisfacción impresionante para un contingente tan pequeño como el nuestro".

La visita ha permanecido bajo secreto hasta el mismo día del aterrizaje. Las milicias selekas, de corte islamista, y las anti balakas, cristianas, combaten en un conflicto más de poder que religioso. Los enfrentamientos se registran a menudo en la capital del país. De hecho, hace un mes, el contingente español sufrió un ataque de unos milicianos apostados junto al camino. Los militares rechazaron el fuego y aceleraron para abandonar la zona batida, sin sufrir daños. "Nuestro propósito no es batir al enemigo, sino proteger la misión", defiende el coronel Martín. 

El peligro puede ocultarse detrás de cada casa, de la vegetación que se agolpa junto a las carreteras. Los 22 españoles desplegados sobre el terreno no sólo asesoran a las autoridades locales en materia de Defensa, sino que también contribuyen en la seguridad de la operación EUMAN RCA de la Unión Europea, compuesta por sesenta efectivos de diferentes nacionalidades.

Una "burbuja de seguridad" en Bangui

"Aquí, la situación de seguridad, francamente, no ha sido buena", considera el coronel, que este martes ha puesto al tanto a Pedro Morenés del transcurso de la misión. "El escenario ha cambiado desde la última vez que nos visitó el ministro [en junio de 2014]. Parecía que iba a mejor, pero la verdad es que los últimos meses han representado una vuelta atrás sobre lo que ya había", explica el militar.

Esta "vuelta atrás" tiene mucho que ver con la inminencia de las elecciones que se van a celebrar, en varias vueltas, a lo largo de las próximas semanas. Es habitual que las reivindicaciones políticas y manifestaciones deriven en actos violentos. Las autoridades retiran los cadáveres de las calles de Bangui y, en los campos de desplazados, las milicias abren fuego contra gente desarmada.

Hemos eliminado cualquier movimiento en las inmediaciones para evitar todo tipo de riesgo

La visita del ministro de Defensa supone una prueba de fuego para los efectivos españoles. "Siempre tenemos que tener cuidado, pero este acto nos pone en la mayor alerta", argumenta Martín. Por eso, los militares han creado una "burbuja de seguridad" en el lugar en el que se ha producido el encuentro con Morenés. "Hemos eliminado cualquier movimiento en las inmediaciones para evitar todo tipo de riesgo", explica el coronel. Porque muy cerca del mismo aeropuerto en el que ha aterrizado el ministro se encuentra el llamado "mercado combatiente", un polvorín en miniatura en el que, a ratos, se levantan pequeñas guerras entre milicias locales. Allí es fácil encontrar armamento ligero a cambio de un puñado de billetes.

República Centroafricana, un "descenso a los infiernos"

Pocos días antes de la visita de Morenés, aterrizó en Bangui el Papa Francisco, un acontecimiento que los militares españoles califican como "situación delicada". Catherine Samba-Panza, presidenta interina del país, en conversación con el Pontífice, llegó a pedir perdón por la violencia registrada en República Centroafricana. "Es un descenso a los infiernos", inquirió Samba-Panza.

Su afirmación se basa en la inestabilidad que sacude al país desde que alcanzara la independencia, en 1960. Esta antigua colonia francesa, en la que viven unos cinco millones de habitantes, ocupa el tercer puesto por la cola entre los países con menor índice de desarrollo humano, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Es difícil hablar de crecimiento económico en un país en el que, en las últimas décadas, se suceden las luchas de poder y los golpes de Estado.

No sé cómo lo viviría yo si me pusiera en su lugar. Intentamos contar las cosas de la forma que sea lo menos preocupante posible

"Con la visita del Papa, hemos estado en una situación de riesgo general en todo Bangui", recuerda el coronel Martín. "No hemos estado directamente involucrados en su seguridad, pero hemos estado listos para apoyar si hiciera falta -añade-. Ofrecimos capacidades y seguimos unas normas estrictas para evitar riesgo del personal".

Pero la mayor dificultad que encuentran los 22 militares españoles no está tan relacionada con su misión, como con el trato con sus familias, a 4.600 kilómetros de distancia. "Siempre es complicado", señalan. "No sé cómo lo viviría yo si me pusiera en su lugar -añade Juan José Martín-. Intentamos contar las cosas de la forma que sea lo menos preocupante posible".