ELECCIONES GENERALES

Rajoy 'se cae' del debate a cuatro para ganar las elecciones

Acepta un cara a cara con Pedro Sánchez, pero no se medirá con Albert Rivera y Pablo Iglesias. 

El presidente del Gobierno, en una visita a Tomares (Sevilla).

El presidente del Gobierno, en una visita a Tomares (Sevilla).

No habrá un debate televisivo a cuatro. Génova prometió que no dejaría ninguna silla vacía, pero nunca se aventuró a afirmar que Mariano Rajoy fuera a participar en un debate a cuatro con Pedro Sánchez (PSOE), Albert Rivera (Ciudadanos) y Pablo Iglesias (Podemos). Pese a que algunos altos cargos confiaban en la victoria de Rajoy en ese debate múltiple, la estrategia de Jorge Moragas, jefe de campaña del PP, es “evitar cualquier escenario” donde el presidente del Gobierno “pueda ser atacado” por Albert Rivera, "su rival más fuerte", según cuentan a EL ESPAÑOL fuentes internas del partido. Por el contrario, el líder del PP acepta un cara a cara con el líder del PSOE el 14 de diciembre, seis días antes de la cita con las urnas. En Génova confían en “que en el tú a tú, Rajoy se come a Pedro Sánchez” para terminar de rematar a un PSOE en caída libre.

El primer debate a cuatro se celebrará en Atresmedia el 7 de diciembre, con la campaña electoral recién inaugurada. El PP enviará como representante a la 'número dos' por Madrid, Soraya Sáenz de Santamaría, “uno de los valores más consolidados del partido, acostumbrada a los debates parlamentarios y querida por los votantes”. Los estrategas del PP prefieren que Mariano Rajoy se centre más en la campaña pura y dura, “en dar mítines, en visitar pueblos y fábricas, en gobernar, en abrir el pacto antiyihadista a más partidos, a ir a la OTAN”. En otras palabras: en rentabilizar el hombre de Estado de cara a recuperar el voto de los desencantados con las duras medidas aplicadas durante la primera parte de la legislatura. 

Con la estrategia de enviar a la 'número dos' en su nombre, Rajoy mete el primer gol a sus contrincantes, a quienes vender ante el electorado como “líderes inexpertos, jóvenes que no han gestionado nunca un euro público, obsesionados en perder el tiempo en debates televisivos mientras él se centra en arreglar el país”. El hombre de Estado frente a todos los demás. Para Ciudadanos, que pierde una oportunidad de oro para “comerse al presidente”, que el PP envíe a la vicepresidenta del Gobierno “no es una derrota. Hay un presidente del Gobierno que se esconde, que tiene miedo. Ciudadanos sale segundo por delante del PSOE en las últimas encuestas, y algunos parece que quieran ocultarse”.

La resurrección tras el 24-M

El vicesecretario de Comunicación del PP, Pablo Casado, ha reconocido en más de una ocasión que el “PP estaría siempre allí donde se le reclamase”, aunque evitó comprometer la aparición de Mariano Rajoy justificándolo con que “tenemos más de 30 peticiones de debates en periódicos, televisiones, radios y universidades. El presidente no tiene el don de la ubicuidad”. El cabeza de lista del PP por Ávila también argumentaba que “en esto de los debates, al final los ciudadanos acaban cansados. Yo he estado en cinco o seis y cuando coincides con la misma persona de otro partido pasa como en las plazas de pueblo, que la vaquilla se sabe todo y al final aburres al personal”.

Desde el batacazo electoral del 24-M, Mariano Rajoy entendió que no podía volver a ganar las elecciones si continuaba dándole la espaldas a los medios de comunicación. Su nueva estrategia pasa por atender más a los periodistas y aparecer en aquellos programas de televisión que enseñan su cara más humana, como el Programa de Ana Rosa, el de Bertín Osborne o Tiempo de Juego, el espacio de Cope para comentar los partidos de fútbol de la Champions League. Formatos mucho más cómodos para el candidato, que evita los temas espinosos y muestra al hombre que hay detrás del político.

A por la España rural

Desde que este verano dejó el plasma para convertirse en un candidato que ofrece ruedas de prensa, donde suele aceptar alguna pregunta de los periodistas, el presidente del Gobierno quiere presentarse como el candidato al que no solo le importan las grandes urbes, sino que quiere focalizar su campaña en un lema: “Mi pueblo no se vende”. Con esta estrategia busca despertar la atención de hasta quince millones de españoles repartidos por la España rural, la gran olvidada.