Eurocopa de Fútbol 2016

El último tren de Cristiano

La estrella del Real Madrid se juega su presente (y futuro) con Portugal, en el que puede ser su último gran torneo con su selección al máximo nivel. Está obligado a destacar ante Hungría.

Cristiano Ronaldo tras el partido ante Austria.

Cristiano Ronaldo tras el partido ante Austria. Reuters

No es una final de la Eurocopa. No es un rival a la altura de Alemania, Francia o España. No es (o era) un partido decisivo. Pero el mal hacer de Portugal les ha llevado a una situación casi ridícula, sobre todo por la poca enjundia de sus rivales de grupo.

Ninguna de las grandes selecciones, que partían como favoritas, tenía un grupo tan fácil como la selección de Cristiano Ronaldo. Les tocó a Austria, Hungría e Islandia, tres selecciones que con el anterior formato de Eurocopa no se hubieran clasificado. El ranking FIFA dice que están en las posiciones 10, 20 y 32 respectivamente. El fútbol dice otra.

Los empates ante Islandia y Austria obligan a Portugal a ganar este miércoles (18:00 horas) a Hungría, la mejor hasta el momento de este grupo F. Llegar con dos puntos a la última jornada no estaría ni en los planes más pesimistas de los de Fernando Santos, pero es la realidad en la que se han sumergido. Aun con eso, siguen dependiendo de ellos para pasar e incluso para ser primeros. ¿Pero les viene bien a Portugal ser primeros?

Liderando su grupo, su rival sería el segundo del grupo E, que será, casi con toda seguridad, Bélgica. Terminando Portugal segundo, se enfrentaría a Inglaterra. Y, por último, si fuera tercero y entrando entre los mejores terceros (poco probable y difícil de planearlo para quedar en esa situación), ya tendrían que calcular su rival, dentro del lío de los mejores terceros.

Cristiano, obligado a liderar a Portugal

Fuera de todo eso, las miradas van a Cristiano. A un jugador que pretende ser el mejor del mundo no se le puede pedir que lo haga todo, pero si que su presencia acabe siendo determinante y decisiva. Que cambie partidos. Y el jugador del Real Madrid tiene en el partido ante Hungría su última oportunidad. Porque además se le une que sus compañeros de equipo como Bale o Modric si están resultando decisivos en Gales o Croacia. Y, también en su contra, se le recuerda su penalti fallado ante Austria, su ausencia en el partido ante Islandia... su mala Eurocopa. Ante Hungría es un ahora o nunca.

Resulta difícil pensar que Portugal se vaya a eliminar en esta primera fase. Sería un fracaso estrepitoso. Lo que está claro es que los lusos se la juegan y, por ello, Cristiano puede estar ante la última gran bala con su selección. ¿Estará el de Madeira en el Mundial 2018? La respuesta, salvo que pase algo raro, es sí. Pero ¿llegará al nivel actual, es decir, dentro de los mejores jugadores del mundo? Eso ya deja más dudas. Si no es ahora hacer algo grande con su país, difícil que sea alguna vez. En sus mejores años, que coincidieron además con grandes torneos con su selección (2008, 2012 o 2014) no pudo conseguir nada destacable con su país. Siempre le podrá pasar eso factura.

Portugal llega al partido en un estado calamitoso, sacando a relucir en Francia todos los males que ya arrastra desde hace cuatro años. Porque sus males futbolísticos no es una cosa de ahora. Viene de un ciclo de cuatro años que empezó un 27 de junio de 2012.

Con España acabó todo

Aquél día Portugal cayó ante España por penaltis en las semifinales de la Eurocopa en Donetsk. Fue un punto de inflexión, porque la selección lusa había aguantado a la posterior campeona de Europa, que seguía maravillando con su fútbol. Con un equipo muy inferior, llegaron a penaltis, siendo en el partido por momentos superior. Paulo Bento, entonces seleccionador, superó tácticamente a Del Bosque. Portugal había madurado, pero la mala suerte les quitó de la final: la única diferencia fue que su central Bruno Alves lanzó el penalti al larguero y Sergio Ramos lo anotó... y de panenka. Fue el día en el que Cristiano, mirando a cámara, gritó aquello de "Que injusticia".

Hasta entonces no había habido dudas nunca con Cristiano. Precisamente la estrella de Madeira se había lucido en el decisivo partido ante Holanda de la primera fase y ante la República Checa. Tras eso, su participación con Portugal ha bajado: no volvió a ser más determinante y nunca apareció en los grandes momentos.

En el Mundial 2014 los lusos fueron eliminados en la primera fase, con un solo gol de Cristiano. Habían llegado a Brasil tras una repesca dramática ante Suecia, en la que Ronaldo marcó un hat-trick en Estocolmo. En la fase de clasificación habían perdido ante Rusia e incapaces de ganar a selecciones como Israel e Irlanda del Norte. Repitieron fórmula en la fase de clasificación que les llevó a la presente Eurocopa: no convencieron, llegando a perder ante Albania en Lisboa.

La decadencia del fútbol portugués se ve en la falta de ideas: lleva años sin tener un juego definido y han pasado seleccionadores sin aportar prácticamente nada. Queiroz se despeñó en el Mundial de Sudáfrica, Paulo Bento se topó con la mala suerte y Fernando Santos, por ahora, empeora a sus antecesores. Desde que Scolari se fue (entrenador que les llevó a la final de la Euro 2004 y a semifinales en el Mundial 2006), ningún seleccionador logra detener la caída del fútbol portugués.

Tampoco lo hace Cristiano. Estuvo en la final de la Eurocopa 2004, jugada en su propio país. Estuvo en las semifinales en el Mundial 2006. Titular indiscutible en la última década, a la estrella lusa le ha faltado éxitos con su selección. Lo mismo que tampoco consiguieron las otros tres grandes futbolistas de la historia de Portugal: Eusebio, Futre y Luis Figo. 

Esta Eurocopa será la última de Cristiano y sus fallos en los dos primeros partidos le han llevado a una situación incómoda: tiene más que perder que de ganar. Si se luce ante Hungría o en futuros compromisos, será visto como algo normal, como a lo que está obligado. Si no lo hace, será casi defenestrado. Entre una cosa y la otra, a Cristiano solo le queda salvar a Portugal de uno de los mayores ridículos de su historia.