David Palomo Madrid

El fútbol tiene la capacidad de cambiar de un día a otro. A veces, ocurre. Nadie le va a quitar esa capacidad ahora al dichoso balón. Y tampoco al Atleti, club acostumbrado a las resurrecciones y a las caídas repentinas. Sin embargo, cualquier aficionado que haya pasado por el Vicente Calderón esta temporada estará de acuerdo en que las sensaciones de su equipo no son las mejores. Y no lo son, sobre todo, porque el centro del campo sigue sin funcionar como debería. Tiago, bendito él, hace muchas cosas y casi todas bien; y Gabi, eterno metrónomo, es tan útil como siempre. Pero, qué ocurre más adelante. Pues parece que está claro: Óliver no ha conseguido coger el timón que comandaba Koke antes de la lesión.

Este panorama, desolador a pocos días del derbi, no invita al optimismo. Con el centro del campo esperando el regreso de Koke –podría reaparecer contra el Madrid–, lo único que queda es confiar en los de arriba. O, más bien, en Correa (autor del único gol rojiblanco) y Griezmann, los dos hombres más en forma en el ataque. Además de Torres, que apunta a la titularidad el próximo domingo ante la desidia de Jackson Martínez, que sigue sin aportar en exceso. ¿Resultado de todo esto? El Atleti dejó escapar tres puntos en su estadio ante el Benfica, victorioso gracias a los goles de Gaitán y Guemes (1-2).

No adivinaron los primeros minutos un resultado tan adverso. Simeone se plantó ante el Benfica con la petición del público y con la suya propia. Es decir, puso sobre el campo a Correa y a Jackson. Y los resultados, como anticipaba la afición, fueron los esperados. El argentino, como acostumbra, se partió el alma sobre el césped y marcó el primer gol en una jugada que él mismo remató casi en el área pequeña. ¿Y el colombiano? Sin novedad. Su adaptación va poco a poco. Hará algo grande algún día –ya lo anunció el Cholo en rueda de prensa–, pero por ahora sigue en sus trece. Eso sí, cada vez aparece más en ataque, eso no se puede negar, aunque las falle.

Se animó el Atleti con el gol, pero le duró poco la alegría. Cuarto de hora después, el Benfica aprovechó la única oportunidad que tuvo para igualar el marcador. Gaitán, con un disparo cruzado, hizo el empate. Y ahí se acabó el fútbol antes del descanso. El tiempo restante lo monopolizaron los aficionados portugueses, que se encargaron de enturbiar la fiesta tirando bengalas, aunque los incidentes no fueran a más en todo el encuentro.

Dio igual, el humo de las bengalas, única consecuencia de todo el jaleo formado por los aficionados lisboetas, nubló al Atlético hasta el final del partido. Tuvo ocasiones, sí, pero sin concretar en ninguna de ellas. No apareció Griezmann y no lo hizo ningún otro. Hasta que Gaitán se la puso a Guedes y este hizo el segundo gol para el Benfica. Y fin de la historia. Atacó, atacó y atacó el conjunto del Cholo, pero sin resultados.