MITOS A ESCENA

Cleopatra, el último sublime papel de Ángela Molina

Magüi Mira reivindica una Cleopatra, brillante, culta, inteligente, a la que da vida la veterana actriz, Ángela Molina. 

Cleopatra, el último papel de Ángela Molina

Cleopatra, el último papel de Ángela Molina

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Magüi Mira lee César y Cleopatra, la obra de Emilio Hernández (Teatro Bellas Artes, Madrid), como una partitura de texto, "un cuarteto de vida en una propuesta de realismo mágico poético con una estructura cerrada que requiere la precisión en cada nota". Eso, para cualquiera que conozca a Ángela Molina, un auténtico verso libre en los escenarios, puede ver visto como un reto. "Ella ha hecho suyas las reglas de este juego. Con honestidad y sinceridad, ha asumido esta estructura precisa y se desliza por ella en su singularidad, sin hacer nada que no sienta o en lo que no crea".

Magüi Mira recogiendo el Premio Ceres 2014

Magüi Mira recogiendo el Premio Ceres 2014

Y eso también lo entiende cualquiera que conozca a Ángela Molina, no digo en persona, que también, sino que la haya visto –que la haya sentido– en pantalla. Tiene una mirada que no miente, que no engaña. "Porque Ángela es la verdad en el escenario", recalca Magüi. "No se traiciona nunca y por eso es capaz de crear magia, de emocionar al espectador. Lo tenía claro cuando le propuse este proyecto: quería enamorarla porque era la única forma de que pudiera hacerlo, que quisiera hacerlo".

Ángela Molina en una de las escenas de la obra

Ángela Molina en una de las escenas de la obra

César y Cleopatra trasciende la muerte de los personajes, que observan la historia y el mundo desde su atalaya escénica, mostrando el presente (vivido por Emilio Gutiérrez Caba y Ángela Molina) y el pasado (recreado por Ernesto Arias y Carolina Yuste) para descubrir en qué los hemos convertido y en qué hemos convertido en mundo que pisaron con todo el poder del que eran capaces. Una obra sobre la erótica del poder, la ambición, el amor en tiempos de las plagas. Es su Cleopatra mucho más que una mujer, un icono, un mito, pero una mujer al fin y al cabo que los historiadores misóginos han querido rebajar a simple puta del César cuando era brillante, culta, inteligente, una figura que en su país y en nuestro tiempo, no podría existir ahora mismo.

Ángela Molina comparte escenario con Emilio Gutiérrez Caba

Ángela Molina comparte escenario con Emilio Gutiérrez Caba

Magüi Mira y Ángela Molina han trabajado tan intensamente y de manera tan cercana que la directora habla de un trabajo "piel con piel, pupila con pupila". "Este es un trabajo en el que todos aprendemos de todos, y precisamente de Ángela se aprende el trabajo con la verdad. Porque, frente a quienes piensan que la teatralidad o la escenificación es el trabajo con la mentira (le molesta este uso perverso por parte de los políticos, incluso de la prensa cuando habla de los políticos), lo cierto es que es el arte de contar la verdad, otra verdad".

ÁNGELA MOLINA

El cine no es una ciencia exacta. Un guión improvisado día a día dio pasó al comienzo de una eterna amistad en Casablanca. Un rodaje caótico que llevó al director a la ruina y al protagonista a urgencias nos hizo vivir la guerra en Apocalipsis Now. Y no hay mejor broche para una comedia romántica –o para la vida misma, ¡qué demonios!– que la cita de Con faldas y a lo loco: "Nadie es perfecto". 

Ángela Molina no es perfecta, ni falta que le hace. No es una mujer que se caracterice por la puntualidad, por seguir ciertas órdenes o indicaciones en un rodaje o por la facilidad para conceder entrevistas, entre otras cosas, pero un somero repaso a su galería de creaciones nos permite entender que son esos rasgos de su personalidad, caótica y rebelde, inconformista y libre, lo que la he permitido no sólo meterse en cualquier piel sino insuflar de vida esa piel. Aunque sea de celuloide, queridos amigos de lo digital. Se me olvida, su mirada es perfecta.

Ángela Molina en

Ángela Molina en

Buñuel la convirtió en Ese oscuro objeto del deseo. Bueno, a ella y a Carole Bouquet. "Virgen pagana" llegó a bautizarla el maestro, impresionado con su sensualidad espontánea. Lo que ahora vendría a ser sin postureo, para que lo entendáis. Aunque lo que no entenderéis es el reparto de los papeles de ambas actrices, reverso y anverso de la misma mujer. O no. Y eso que Buñuel era maño, que si llega a ser gallego…

Dos jovencisimas Ana Belén y Ángela Molina en Demonios de jardín

Dos jovencisimas Ana Belén y Ángela Molina en Demonios de jardín

Juntas a Ángela Molina y a Ana Belén y ya tienes media película hecha. Con personajes escritos a su medida, incluso respetando sus verdaderos nombres (bueno, en el caso de Ana Belén, su nombre artístico), ambas campan por sus fueros como Demonios en el jardín en un relato de secretos familiares marcado por la tensión sexual y un humor de turbia sordidez. En cuanto a los ojos de la Molina, más llorosos y enrojecidos de lo habitual.

Los que no salís de vuestro asombro con el caloret de Rita Barberá y su papelón en la trama Gurtel podéis echarle un vistazo a La mitad del cielo, de Gutiérrez Aragón, para entender la psicología de la ambición y el poder. En un repaso a las miserias corruptas del franquismo, la actriz encarna a Rosa, una mujer que llega a una miserable cima a través de un calvario y un camino de espinas. Y en todo ese recorrido resulta imposible apartar la mirada de la suya, tan oscuro como esos tiempos.

Fernando Fernán - Gómez y Ángela Molina en La mitad del cielo

Fernando Fernán - Gómez y Ángela Molina en La mitad del cielo

Vamos a ver, como ya he dicho, no es perfecta. Sí, es hija de Antonio Molina y viene de lo que la vieja escuela llamaba "una dinastía de artistas". Su voz no es la de su padre, pero el encanto de Pepita, su folclórica en Las cosas del querer, tampoco lo tenía su padre, así que todos contentos. La película fue un auténtico pelotazo y su banda sonora, trufada de clásicos de la copla, sigue arrasando en cualquier bar de Chueca. De la mano de Jaime Chávarri, Ángela aparece alegre y pizpireta, pero con un ramalazo amargo llegado el momento.

Manuel Bandera y Ángela Molina en Las cosas del querer

Manuel Bandera y Ángela Molina en Las cosas del querer

En Los abrazos rotos, cuenta la leyenda que Pedro Almodóvar jugaba a sacarla de quicio en el set para, una vez rota, tenerla en el pozo emocional del que fingía sacarla no sin antes rodar un bonito primer plano. Repetir una toma una y otra vez era el arma secreta del manchego, exigiendo que repitiera –como una mera autómata– los gestos que él le marcaba. Para una actriz orgánica como Ángela, alejada de cualquier método, no podía hallarse peor tortura. Como era de esperar, nunca han vuelto a trabajar juntos.

Ángela Molina con Penelopé Cruz en Los abrazos rotos

Ángela Molina con Penelopé Cruz en Los abrazos rotos