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A poco más de una hora en avión del bullicio de Bali —con sus clubes de playa abarrotados y cafeterías de especialidad en cada esquina— existe un lugar que parece suspendido en el tiempo. Sumba no es Bali, y precisamente en esa diferencia reside su mayor encanto. En esta isla remota de Indonesia, la selva se entrelaza con la sabana, mientras los arrozales se abren hacia un océano Índico que rompe con una energía indómita.

Aquí, el lujo no se define por el mármol ni por las marcas, sino por la experiencia de caminar descalzo entre senderos de piedra y conectar con una cultura ancestral que sigue marcando el ritmo de la vida cotidiana a través de la religión Marapu y los complejos tejidos Ikat.

En el corazón de todo se encuentra Nihi Sumba, un hotel que trasciende el concepto de alojamiento para convertirse en un refugio de hospitalidad auténtica, “perfectamente imperfecta”.

Una de las villas a vista de pájaro de Nihi Sumba.

Una de las villas a vista de pájaro de Nihi Sumba.

La ola que lo cambió todo

La historia de Nihi Sumba parece sacada de una novela del Sudeste Asiático. Todo comenzó en 1989, cuando Claude Graves y su esposa llegaron a estas costas en busca de la ola perfecta, pero llegaron a una isla que carecía de agua corriente, electricidad y atención médica. “Vivieron ocho años sin casa, sin baño… completamente salvaje”, recuerda Sabine Lamberts, manager del hotel.

Aquella aventura inicial —con bungalows sencillos y sin electricidad— evolucionó con el tiempo gracias a la visión de su actual propietario, Chris Burch, hasta transformarse en un exclusivo conjunto de 28 villas, repartidas en 230 hectáreas de naturaleza virgen. Y, pese a su fama internacional, el espíritu original permanece intacto: una vida profundamente conectada con la tierra.

230 hectáreas de naturaleza virgen rodean a Nihi Sumba.

230 hectáreas de naturaleza virgen rodean a Nihi Sumba.

La construcción del hotel fue también un ejercicio de mediación cultural. Sumba estaba dividida en múltiples reinos tribales con lenguas distintas que ni siquiera se entendían entre sí. “No hablaban bahasa, ni podían comunicarse entre ellos. Todo lo que existe aquí ha crecido de forma orgánica”, explica Lamberts.

El lujo en Nihi Sumba no se mide en mármol ni en dorados, sino en algo mucho más escaso: tiempo, silencio y personalización extrema. Cada experiencia se adapta al visitante con una naturalidad que parece improvisada, pero que es fruto de una cultura de servicio profundamente arraigada.

Kanatar Sumba House,  una de las 28 villas de NIHI Sumba.

Kanatar Sumba House, una de las 28 villas de NIHI Sumba.

Por eso sus duchas son al aire libre, los senderos de piedra, y las villas más casas que habitaciones. Aquí no hay recepción tradicional ni procesos burocráticos. “No queremos que el huésped sienta que está en una transacción”, explica. Todo está preparado antes de la llegada para que la experiencia fluya sin interrupciones y hasta el momento de la salida no se firma nada.

Una bañera de la que no querrás salir nunca.

Una bañera de la que no querrás salir nunca.

Muchos de los que llegan, lo hacen en busca de la Occy’s Left, una de las olas más codiciadas del planeta, que rompe frente al resort. Pero incluso este reclamo icónico se vive con discreción. “No queremos llenar por llenar”, aseguran. “Si atraes al huésped equivocado, tendrás problemas. Aquí la experiencia depende de entender dónde estás”.

El acceso limitado —apenas unas decenas de huéspedes— convierte cada sesión de surf en algo casi íntimo, lejos del ruido de otros destinos saturados.

Una de las olas más codiciadas del planeta.

Una de las olas más codiciadas del planeta.

Una pequeña gran isla por descubrir

Pero la propuesta de Nihi Sumba va más allá del descanso. El huésped puede recorrer la isla a pie o en bicicleta de montaña, visitar mercados y aldeas, descubrir tumbas megalíticas o adentrarse en la selva en vehículos safari abiertos. Al programa de actividades no le falta de nada y varía según el día, pero incluye la liberación de tortugas que nacen de los huevos que eclosionan en su santuario.

La liberación de tortugas que realizan cada vez que eclosionan los huevos que custodian en el santurario de Nihi Sumba.

La liberación de tortugas que realizan cada vez que eclosionan los huevos que custodian en el santurario de Nihi Sumba.

Entre las experiencias más singulares está montar a caballo —incluso dentro del agua—, una práctica profundamente ligada a la cultura local. “Los caballos aquí tienen una conexión emocional con la isla y con las personas”, explican desde el programa ecuestre del hotel.

Los caballos son un símbolo identitario de la isla de Sumba.

Los caballos son un símbolo identitario de la isla de Sumba.

A diez minutos del resort principal se encuentra Nihioka, un espacio de bienestar en plena naturaleza donde el concepto de spa se redefine. El tratamiento comienza antes de llegar: caminatas de más de dos horas, rutas a caballo o trayectos en safari conducen a un enclave entre arrozales, selva y océano. El ritual continúa con terapias holísticas, yoga en la jungla o incluso meditación bajo el agua.

Gastronomía que sorprende donde nadie lo espera

La propuesta gastronómica de Nihi Sumba rompe cualquier prejuicio sobre lo remoto. Desde un reconfortante Soto Ayam —la sopa de pollo que define la identidad culinaria del país— hasta pescados recién capturados y asados frente al océano, cada plato funciona como una traducción del territorio.

Nio Beach se extiende hasta la piscina, desde donde también puedes almorzar.

Nio Beach se extiende hasta la piscina, desde donde también puedes almorzar.

El equipo culinario, según relatan desde el propio hotel, trabaja con una obsesión casi quirúrgica por el detalle, consciente de que el comensal llega esperando menos… y se va con mucho más. En ese contraste reside parte de la magia. Cuentan con varios espacios gastronómicos, como el Nio Beach, donde puedes disfrutar de pescado fresco, ensaladas y pizzas con los pies en la arena y por la noche rendirte ante una de esas barbacoas legendarias que firman en Indonesia.

Ombak acompaña las mañanas con insuperables desayunos escuchando el despertar de las olas, pero también las cenas con una amplia propuesta donde se pueden disfrutar de todo lo que sus pescadores locales obtienen del mar, pero también del huerto que gestionan en el hotel, en el que se pueden realizar muy recomendables clases de cocina.

La terraza de Ombak.

La terraza de Ombak.

Una relación real con la isla

El vínculo con la comunidad es inseparable del proyecto. A través de The Sumba Foundation, se han desarrollado infraestructuras básicas como depósitos de agua que han cambiado la vida de miles de personas.

El Pasola, una celebración ancestral única en Sumba.

El Pasola, una celebración ancestral única en Sumba.

“Antes, las mujeres caminaban kilómetros para conseguir agua. Ahora ya no tienen que hacerlo”, explican. También destacan los avances en salud: “Hoy hay zonas libres de malaria gracias al trabajo médico continuado”.

A diferencia de Bali, Sumba es un destino que no quiere ser para todos y en Nihi Sumba no reivindican lo contario. “No queremos llenar el hotel bajando precios. Queremos a los huéspedes adecuados”, afirman con claridad.

Quizá por eso, quienes llegan suelen repetir. “Es más difícil hacer volver a alguien que atraerlo por primera vez. Y aquí lo conseguimos”.