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Entre cactus gigantes, caminos de tierra y una naturaleza que tiene mucho de salvaje, la idea de lujo adquiere una dimensión muy diferente a la que estamos acostumbrados.

Nos hallamos en las estribaciones de San José del Cabo, en Baja California Sur, allí donde el desierto de México se topa con las límpidas aguas de un Pacífico que parece lucir más azul si cabe. Un paisaje árido, remoto, pero colmado de contrastes extraordinariamente bellos que acogen, precisamente, nuestro particular refugio boutique.

Porque este fue, precisamente, el emplazamiento que escogieron los canadienses Cameron Watt y Stuart McPherson el día que, tras pasar unas vacaciones familiares en este pedacito de Norteamérica, decidieron que querían hacer realidad su propio proyecto: un resort enfocado al lujo pero que jugara a desmontar la idea convencional de cómo debe ser un hotel de cinco estrellas. Es decir: un alojamiento con su propia personalidad.

Acre Resort, una entorno para adentrarte en la naturaleza.

Acre Resort, una entorno para adentrarte en la naturaleza. E.E.

Optaron por este enclave de 10 hectáreas semiescondido entre una plantación de palmeras y árboles tropicales desde el que intentar disminuir la típica ostentación para apostar por más conexión con el entorno. Y se pusieron manos a la obra. En 2016, nació Acre Resort.

La naturaleza como protagonista

Lo sentimos —y vivimos— en primera persona en cuanto comenzamos a ascender las escaleras que nos llevan hasta nuestro particular refugio entre copas de árboles: una cabaña en las alturasTreehouses, se llaman— rodeada de exuberante vegetación se convierte en nuestro hogar temporal en el que dormir a pierna suelta con la suave brisa bajacaliforniana colándose entre los huecos de las paredes y amaneceres que despiertan con el canto de exóticos pájaros.

No hay aquí grandes salones ni metros y metros cuadrados. El espacio está concebido alrededor de una enorme cama king size situada sobre una plataforma de madera y un pequeño armario.

Fuera, con cañas de bambú a modo de paredes y sin techo, la ducha en la que refrescarnos de las sofocantes temperaturas que predominan en la zona.

Un paseo en bici hace olvidar la ciudad.

Un paseo en bici hace olvidar la ciudad. E.E.

Sin embargo, abajo, a ras de suelo, continúan desarrollándose innumerables propuestas que desde Acre Resort ofrecen a sus huéspedes. Tomamos una de las bicis de cortesía repartidas aleatoriamente por la finca y avanzamos, pedaleando, por los senderos que recorren las diferentes zonas del complejo.

Estrechos caminos integrados en el paisaje y flanqueados por frondosos parterres que conducen hasta, por ejemplo, la Jungle Pool, una exclusiva piscina reservada para los huéspedes de las cabañas en los árboles.

Con un Margarita en una mano, y un libro en la otra, se trata del mejor rincón para venerar la vida disfrutona, esa que nos lleva a baños continuos de sol y agua fresca.

La piscina es uno de los lugares más mágicos del hotel, rodeada de una vegetación única.

La piscina es uno de los lugares más mágicos del hotel, rodeada de una vegetación única. E. E.

Tacos, ceviches y tiraditos al poder

Lo cierto es que, aunque hoy Acre sea conocido por sus casas en los árboles y su particular manera de entender el lujo, la gastronomía estuvo en el origen de todo: el restaurante fue la semilla del proyecto y continúa siendo uno de sus grandes protagonistas.

Una cocina de inspiración global a los mandos del chef David Fajardo que hunde sus raíces en Baja California Sur y que encuentra buena parte de su despensa a pocos metros de la mesa.

El restaurante de Acre tiene su propia huerta con productos totalmente ecológicos.

El restaurante de Acre tiene su propia huerta con productos totalmente ecológicos. E. E.

Y es que Acre Resort dispone de una zona en sus terrenos dedicada a su propia granja ecológica. Un oasis fértil en pleno desierto en el que se producen más de 60 variedades de frutas, verduras, hierbas y otros cultivos.

De las costas y granjas cercanas arriban delicias que conforman, también, su oferta gastronómica, desde los pescados y mariscos a las carnes de máxima calidad.

Producto de primera con el que el chef da rienda suelta a su imaginación para dar forma a platillos como sus tacos de pescado estilo Baja o las croquetas de cangrejo. Su buen hacer y su compromiso con la sostenibilidad le valió en 2024 la Estrella Verde Michelin, que conserva año tras año.

Pero comer en Acre es también una cuestión de escenario. El restaurante principal se abre entre palmeras y vegetación tropical en cuyos sillones nos acomodamos al caer la tarde, cuando las antorchas, los faroles y el cielo estrellado convierten la cena en una experiencia casi selvática.

El chef David Fajardo en sus cocinas pensando nuevas creaciones.

El chef David Fajardo en sus cocinas pensando nuevas creaciones. E.E.

Para prolongar la noche, nos movemos hasta Colibrí Cantina, un pequeño bar de degustación semiescondido entre exuberantes plantas donde probamos mezcales y cócteles entre animadas charlas.

La oferta más matinal, eso sí, se halla en el brunch de cinco pases que se ofrece cada fin de semana, o en Fausto’s Café, nuestro favorito: la cafetería de especialidad del propio resort, donde encontramos una versión más informal con desayunos, smoothies, fruta fresca y repostería recién horneada.

Galletas de cheddar para despertar el alma por la mañana.

Galletas de cheddar para despertar el alma por la mañana. E.E.

¿Y si cambiamos cabaña por villa?

Si la experiencia de dormir en las alturas es inigualable, hacerlo en una de las 16 residencias de lujo privadas —seis villas y diez haciendas— con las que también cuenta Acre Resort, es imbatible: es en ellas donde descubrimos su versión más exclusiva. Porque hablamos de construcciones con hasta tres habitaciones en las que los espacios diáfanos y abiertos al exterior se gozan de manera privada.

En las terrazas, por supuesto, una piscina en la que continuamos calmando el calor, y una azotea con vistas para las noches de relax.

Todo regado con mobiliario de diseño y minimalista, equipos electrónicos de máximo nivel y una cesta de productos orgánicos de la granja que nos es entregada a diario en la cocina. Un refugio diseñado para que desaparezcamos del mapa sin renunciar a nada.

Tranquilidad sin renunciar a la libertad de la pureza de estar en la naturaleza en Acre Resort.

Tranquilidad sin renunciar a la libertad de la pureza de estar en la naturaleza en Acre Resort. E.E.

Y sí, rebajamos pulsaciones y abrazamos la auténtica felicidad, pero pronto sentimos la necesidad de continuar explorando las posibilidades de Acre Resort. Y la lista de propuestas continúa, por ejemplo, con el acceso a una segunda piscina, la Jungle Pool.

O con las clases de yoga que se imparten a diario. También se ofrecen cursos de cocina o mixología, y a demanda se organizan talleres de cerámica o de pintura, de arte huichol o de elaboración de jabones naturales.

Sin embargo, si hay algo que nos enamora, es la devoción que descubrimos que siente el resort por los animales, parte indiscutible de la familia que conforma el proyecto.

Resulta común toparnos con pavos reales que se pasean a su antojo mientras caminamos por los senderos, y en una visita a sus establos caemos rendidos ante sus cabras pigmeas, sus conejos, sus gallinas o sus caballos.

Muchos mimos y cercanía con los animales.

Muchos mimos y cercanía con los animales. E.E.

Descubrimos que alguno, como Burrito, tiene nombre propio y hasta categoría de celebridad local que le ha convertido en uno de los personajes más queridos del resort.

Tras esta iniciativa de acoger animales, nos cuentan, se halla una historia de rescate defendida por Rachael Watt —hija de uno de los propietarios— y Claudia Ramírez, impulsoras del proyecto Acre Dogs, que desde 2019 se dedica a rescatar, rehabilitar y buscar nuevos hogares para cachorros y madres gestantes abandonadas.

Los huéspedes tienen la posibilidad de visitar a los simpáticos perretes en el espacio destinado a ellos en la finca, e incluso, si se animan, pueden pasear alguno por el resort. ¿Lo mejor? Que, desde 2019, más de un millar de perros han encontrado una nueva familia gracias al programa.