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Hay lugares que no se visitan, se habitan. Hay lugares donde más que detener el tiempo, se urge el silencio, solo enmudecido por algún susurro. Hay lugares que cuando se habitan y se escucha su silencio se desean para siempre. Abadía Retuerta Le Domaine es uno de ellos. Que nadie se confunda. No es una bodega, aunque lo sea. No es un hotel, aunque lo sea.

Y no es un juego de palabras, aunque lo parezca. Es lo que podría denominarse territorio emocional, construido por la superposición de capas de historia, naturaleza, excelencia y labor continua y comprometida. Es, además, una fórmula contemporánea de entender el lujo lento, ese que se construye desde, por y para la calma.

Los monjes nunca erraron en la localización de sus aposentos. Los premostratenses escogieron este enclave a orillas del río Duero para construir su monasterio. Era el siglo XII y aquella decisión no fue una casualidad. Su paisaje y su tierra fueron escenario perfecto para su ora e labora, su trabajo de contemplación y agricultura.

Interior del hotel Abadía Retuerta Le Domaine.

Interior del hotel Abadía Retuerta Le Domaine. E. E.

Habitación Master Suite en Abadía Retuerta LeDomaine.

Habitación Master Suite en Abadía Retuerta LeDomaine. Cedida

Así, como un centro de producción agrícola y espiritual se comportó el monasterio de Santa María de Retuerta, en Sardón de Duero (Valladolid). Su legado, como el de otras abadías europeas, fue la viticultura que ha llegado hasta nuestros días, redefiniendo sus fórmulas y su identidad sin traicionar ni a una ni a otra, más bien vitalizándolas, en una finca de 700 hectáreas junto al río Duero y el canal del mismo nombre.

Han transcurrido los siglos, pasaron las desamortizaciones, se sufrieron guerras, desafíos y cambios históricos que transformaron el monasterio y su destino. Pero no su esencia. Ahí, entre sus muros, enraizada en la fórmula regenerativa de su agricultura, permanece, atenta a nuevas miradas y objetivos que enaltecen lejos de traicionar su adn, que aquí debería denominarse alma.

A finales del siglo XX, se rescató finca y edificio, que ya no era monasterio y que se había convertido en una especie de almacén de grano que ocultaba sentido, secretos y lo más importante, frescos, que aún se está trabajando para restaurar.

La imponente bodega de El Refectorio.

La imponente bodega de El Refectorio.

Se inició de esa manera algo más que la rehabilitación de un edificio, en sentido estricto; comenzaba la recuperación de un ecosistema, no solo cultural, no solo agrícola; humanístico.

El hotel, localizado en el antiguo monasterio, respetó con absoluto compromiso la arquitectura original. Desde luego, es notorio. Se ve. Se siente en cada piedra, en cada bóveda, en su fotografiado claustro y sus cipreses que más que unir tierra y cielo enlazan pasado y presente.

En cuanto a sus vinos, más allá de la calidad, que para juzgarla están los expertos, es fundamental su filosofía de respeto a la tierra, basada en el equilibrio de y con la naturaleza y, por tanto, en la sostenibilidad. Es una de las razones por las que ha conseguido (no solo la bodega, sino el proyecto al completo) la certificación Bcorp.

Uno no se puede perder la oportunidad única de disfrutar del increíble desayuno de Abadía Retuerta en el claustro

Uno no se puede perder la oportunidad única de disfrutar del increíble desayuno de Abadía Retuerta en el claustro

La sostenibilidad por bandera

Su concepto de sostenibilidad está basado en la medición permanente que permite una aproximación certera y tangible al impacto de su labor, desde el punto de vista medioambiental, social y económico a lo largo de toda su cadena de valor.

Así, la gestión del viñedo se basa en agricultura regenerativa y en una mínima intervención, lo que permite preservar la biodiversidad, respetando los ciclos naturales. Se está realizando un trabajo intensivo por lograr no solo el uso eficiente del agua, fundamental para la elaboración del vino, sino, desde luego por la reducción de emisiones. Ello se traduce en energías limpias en toda la finca, incluyendo como es lógico el hotel.

El trabajo por el territorio va más allá del puramente ambiental. Por ello, se busca el impacto en la comunidad local y cercana. Como consecuencia, desde el ajuar de los restaurantes hasta el de las habitaciones son fruto de esa relación con el entorno. En la diana, siempre la preservación del patrimonio y la generación de empleo local. Hablamos de lujo responsable a todos los niveles.

Un lujo que por supuesto se transmite al hotel. Al silencio como otro de sus protagonistas entre columnas, viñedos, senderos o huerta biodinámica, cada vez más presente en la cocina de "la casa". También a su spa, cuyo nombre, Santuario, lo dice todo. Un lujo que atañe a la gastronomía, donde el producto local se eleva a la categoría de alta cocina. Así su restaurante El refectorio, situado en lo que actuó como tal en el monasterio ostenta una estrella Michelin y una estrella verde.

El CEO de Abadía Retuerta, Enrique Valero, suele decir que regenta un "espacio de felicidad". Habla de experiencia emocional, donde lo más simple se convierte en grandeza. Todo se cuida hasta llegar a la excelencia. Como la propia bodega que emerge cual laboratorio en el corazón de la finca. Esta se organiza en pagos diferenciados, lo que permite elaborar vinos con identidad propia.

Los viñedos de Abadía Retuerta con el hotel al fondo

Los viñedos de Abadía Retuerta con el hotel al fondo

Fiel a esa filosofía de la belleza, la conservación del patrimonio y la excelencia, Abadía Retuerta no es solo un lugar de arte, sino que es un refugio para una colección de arte que se integra en los espacios comunes, como la escultura de Chillida Rumor de Límites V, en el antiguo ábside, o que toma posesión de la naturaleza para darle otra dimensión, como ocurre con el pozo de Leonor Serrano, obra situada en el camino hacia el río. Otra forma de sostenibilidad, esa en la que las piezas contemporáneas dialogan con la arquitectura histórica.

Arte y preservación lo es también el llamado Bosque de los Monjes, que reproduce el que fue original y que es recuperación ecológica y cultural de gran calibre. No se trata solo de un espacio verde, sino de un proyecto de reforestación con más de mil árboles y múltiples especies convertidos en pulmón de la finca y la zona.

Todo ello forma parte de un proyecto transformador y preservador. De la vida, de la historia, del arte, del propio río, del ser humano consciente que se deja mecer por el murmullo de los árboles, del río o de los pájaros paseando entre viñedos al atardecer o sentado en un banco frente al Duero.