C. Serna
Publicada

Ese paisaje casi mágico, donde uno parece que puede caminar sobre las aguas, porque la cantidad de sal hace que no te hundas hagas lo que hagas, es uno de los mayores atractivos del Mar Muerto.

Pero en España, hay rincones que desafían la lógica del mapa y que más parecen Jordania o Israel, con ese lago salado, aunque estén ubicados en lugares que nunca se nos vendrían a la cabeza.

Y es que si pensamos en paisajes de sal en España, directamente podríamos trasladar nuestra mente a la costa mediterránea, con sus antiguas salinas, o al Atlántico. Sin embargo, aquí estamos hablando de un destino en el centro de la Península, lejos de cualquier océano.

Las salinas de Saelices de la Sal.

Las salinas de Saelices de la Sal. Ayuntamiento

Es ahí, en la provincia de Guadalajara, donde existe un lugar en el que la sal brota de la tierra y se vuelve blanca porque el agua nace con la misma salinidad que en el mismísimo Mar Muerto.

Se trata de Saelices de la Sal, un pequeño municipio en la provincia de Guadalajara, dentro del Parque Natural del Alto Tajo, donde el paisaje castellano se transforma en un escenario de espejismos blancos y rojizos por sus históricas salinas. El conjunto es un tesoro patrimonial que ha vuelto a la vida para maravillar a los viajeros que buscan algo diferente.

Salinas de Saelices de la Sal en Guadalajara.

Salinas de Saelices de la Sal en Guadalajara. Wikipedia

El origen de este fenómeno es puramente geológico. Bajo el suelo de Saelices existe un enorme depósito de sal gema que, al entrar en contacto con las corrientes subterráneas, hace que el agua brote a la superficie cargada de cloruro sódico.

De hecho, esta peculiaridad se conocía desde antiguo, por los primeros pobladores, y en la época romana ya se hablaba de este "oro blanco" que ha sido el motor económico de la zona hasta hace unas décadas.

Tras años de abandono, la recuperación de las Salinas de San Juan ha permitido que este rincón recupere su esplendor. El valle se divide en dos grandes ingenios salineros que, durante los meses de verano, cuando el sol evapora el agua en las albercas, crean una estampa nívea que contrasta con el verde de los pinos y el rojo de las tierras arcillosas.

Lo curioso es que la densidad salina que encontramos en las pozas de Saelices es tan extrema que, al igual que ocurre en el Mar Muerto, la vida acuática es imposible aunque sus propiedades minerales han sido apreciadas durante siglos y se siguen utilizando.

Saelices de la Sal.

Saelices de la Sal. Ayuntamiento de Saélices

Una estampa que corta la respiración

Una de las imágenes más curiosas de Saelices de la Sal es la arquitectura de sus ingenios. El complejo cuenta con norias, canales de madera y grandes almacenes de piedra llamados alfolíes, que datan del siglo XVIII.

Pasear entre las eras de cristalización cuando la sal empieza a cuajar es una experiencia casi mística, sobre todo por el enorme silencio que gobierna el valle y que sólo se rompe con esos pequeños chasquidos de los cristales bajo los pies.

Al igual que otros destinos de la España vaciada, este municipio ha sabido convertir su historia en un reclamo artístico y turístico, ya que son muchos los que alertan de la belleza visual de la región pero también de su arquitectura industrial, una de las más importantes y mejor conservadas de Castilla-La Mancha.

Imagen de Saelices de la Sal.

Imagen de Saelices de la Sal. Cultura Guadalajara

Qué ver

Este increíble rincón de Guadalajara cuenta con visitas guiadas, que son la mejor forma de entender este espacio y su importancia histórica. Se necesita algo de tiempo para recorrerlo pero seguro que una vez en el valle, apostamos por quedarnos más tiempo sólo para respirar ese paisaje "muerto".

El complejo principal de las Salinas de San Juan incluye las albercas, los canales de madera y las norias de tiro restauradas. La mejor época para visitarlo es en verano, cuando el espectáculo visual es máximo.

También podemos recorrer los Alfolíes de Carlos III, los enormes almacenes de piedra con vigas de madera gigantescas que servían para guardar la sal antes de su distribución. Podemos llamarlos, sin riesgo a exagerar, catedrales civiles de la industria española.

Si tenemos más tiempo, también podemos recorrer el entorno del Alto Tajo, uno de los parques naturales más salvajes de España y que está cerca del Hundido de Armallones o del puente de San Pedro, ideales para completar el día.

No podemos abandonar el lugar sin probar su gastronomía típica que va desde los asados a las migas alcarreñas y, por supuesto, productos sazonados con la propia sal del municipio, que todavía se produce de forma artesanal y es muy valorada por los chefs de la zona.