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España cuenta con más de 300 embalses activos que gestionan cerca de 56.000 hectómetros cúbicos de agua, lo que supone aproximadamente la mitad del caudal fluvial del país, según datos del boletín hidrológico del Ministerio para la Transición Ecológica. Unas cifras que nos sitúan como el país con mayor número de presas y embalses de Europa.

Pero más allá de su función, algunos de estos lugares han terminado convirtiéndose en auténticos destinos naturales que merece la pena visitar. Espacios donde el agua y la montaña crean paisajes capaces de sorprender por su belleza a cualquier amante de los viajes y la naturaleza. Algunos incluso evocan escenarios propios de los Alpes pero sin salir de España. Hablamos del embalse de Riaño.

En este enclave único del norte de España, encontrarás un paisaje sorprendente donde el agua refleja grandes cumbres y donde merece la pena detenerse para contemplar la naturaleza que lo rodea. Un lugar también marcado por la historia y que se encuentra en uno de los entornos más especiales de Castilla y León.

Embalse de Riaño.

Embalse de Riaño.

Situado en plena Cordillera Cantábrica, el embalse de Riaño se extiende rodeado de picos calizos que dibujan una de las panorámicas más espectaculares del norte. Forma parte del entorno del Parque Regional Montaña de Riaño y Mampodre, una zona de gran valor natural que sirve de antesala a los Picos de Europa.

Su gran extensión de agua, rodeada de montañas, lo convierte en uno de los paisajes más impresionantes de la cuenca del Duero. Además, cuenta con cerca de 100 kilómetros de orillas, lo que da una idea de la magnitud de este entorno natural.

Historia del embalse de Riaño

Bajo las aguas del embalse de Riaño se esconde una historia que forma parte de la memoria de la zona. La construcción del embalse, inaugurado en 1987, supuso la desaparición de varios pueblos y el traslado de sus habitantes a una nueva ubicación.

Y es que, hasta finales del siglo XX, en este valle existía un conjunto de pueblos con siglos de historia. La vida giraba en torno a la ganadería, la agricultura y la montaña. Sin embargo, todo cambió con la construcción del embalse, un proyecto que llevaba décadas planteándose y que finalmente se ejecutó en los años 80. Su objetivo era regular el caudal del río Esla y garantizar el abastecimiento de agua, pero el precio fue alto: la desaparición de nueve pueblos completos bajo el agua.

Ermita de Quintanilla a orillas del Embalse de Riaño.

Ermita de Quintanilla a orillas del Embalse de Riaño.

En 1987, coincidiendo con la puesta en marcha de la presa, los habitantes fueron trasladados a una nueva ubicación. Así nació el llamado "Nuevo Riaño", construido en una zona más elevada para evitar futuras inundaciones.

Algunos edificios históricos lograron salvarse gracias a su traslado piedra a piedra, como la ermita de Nuestra Señora del Rosario, pero gran parte del patrimonio quedó sumergido. En épocas de sequía, cuando el nivel del agua baja, todavía pueden aparecer restos de las antiguas construcciones, recordando lo que un día hubo en este lugar.

Hoy, ese pasado sigue presente en espacios como el Paseo del Recuerdo, un recorrido que rinde homenaje a las localidades desaparecidas y que permite entender mejor lo ocurrido allí. Caminar por este paseo, con el embalse de fondo, es una forma de conectar con la historia de este lugar.

Qué ver en el entorno del embalse de Riaño

Más allá del propio embalse, la zona ofrece varios puntos de interés que completan la visita.

Uno de los más conocidos es el llamado "banco más bonito de León", situado en un mirador desde el que se obtienen unas vistas espectaculares del embalse y de las montañas que lo rodean, como el Gilbo o el Yordas.

Vistas a la montaña junto al embalse de Riaño.

Vistas a la montaña junto al embalse de Riaño.

Muy cerca se encuentra la ermita de Nuestra Señora del Rosario, trasladada piedra a piedra para salvarla de las aguas. Junto a ella se conserva uno de los pocos hórreos tradicionales que han llegado hasta hoy, testimonio de la vida rural de la zona.

Otro lugar destacado es la ermita de Quintanilla, situada en la otra orilla del embalse, en un entorno natural privilegiado y muy ligada a la tradición local.

Miradores y un columpio gigante

Riaño es un destino para disfrutar sin prisas y gran parte de su encanto está en sus miradores. Lugares como el de Las Hazas, Piedrashitas o el Alto de Valcayo ofrecen panorámicas únicas del embalse y del paisaje montañoso.

En uno de ellos se encuentra además uno de los atractivos más curiosos: un columpio gigante situado a gran altura desde el que se pueden contemplar vistas espectaculares. Un punto que se ha convertido en uno de los más fotografiados de la zona.

El momento más especial del día llega al atardecer. Cuando el sol empieza a caer, el paisaje se tiñe de tonos ocres y dorados, creando una atmósfera única que transforma por completo el entorno.

Rutas para todos los niveles

El embalse de Riaño es también un punto de partida ideal para los amantes del senderismo. En sus alrededores hay rutas para todos los niveles, desde paseos sencillos hasta ascensiones más exigentes.

Entre las más accesibles destacan recorridos por valles y bosques cercanos, mientras que quienes buscan algo más intenso pueden subir a cumbres como el Pico Gilbo o el Yordas, desde donde las vistas son aún más espectaculares.

Además, el embalse permite realizar actividades como paseos en barco, una forma diferente de descubrir el paisaje desde el agua y apreciar la magnitud del entorno.