El sector vitivinícola atraviesa una crisis por el descenso del consumo y la acumulación de excedentes. Según la Organización Interprofesional del Vino de España (OIVE), a mayo de 2026 se estimó una caída del 7,3% respecto al mismo periodo del año anterior, el nivel más bajo de los últimos 60 años.
Un panorama al que también se enfrenta Marcos Eguren, para quien el vino atraviesa uno de los momentos más complicados de las últimas décadas. No solo por las dificultades en el viñedo, las cosechas irregulares o ese descenso de la demanda, el bodeguero riojano apunta también a un cambio más profundo que reside en la manera en la que la sociedad se relaciona con el alcohol, la alimentación y el cuidado de la salud.
Una transformación que, según explica, está especialmente presente en mercados como Estados Unidos, donde asegura haber visto campañas públicas con mensajes que relacionan directamente el consumo de alcohol con el cáncer. "El vino te lo asignan como alcohol", señala.
Los tonos cobrizos del otoño tapizan los viñedos de la Bodega Viñedos de Páganos.
Su diagnóstico va más allá. Eguren sostiene que el vino ha pasado a competir en un nuevo escenario marcado por otros productos y hábitos de consumo. Entre ellos menciona la expansión del cannabis recreativo en Estados Unidos y, especialmente, los medicamentos utilizados para controlar el peso y el apetito. "Imagínate la cantidad de gente que hay poniéndose Ozempic. Y funciona si comes poco y no bebes", apunta.
Eguren asegura que estos fármacos, al reducir el apetito, también están teniendo consecuencias en determinados restaurantes: "Piden mucho menos, compran mucho menos, no hay hambre ni sed". Una afirmación que plantea una nueva cuestión para un sector que ya afronta el relevo generacional y el descenso del consumo entre los jóvenes.
La reflexión de Eguren coincide con un momento especialmente complejo también en el campo. La añada 2025, que algunos han presentado como excepcional, fue, en su opinión, una cosecha "muy corta, de poca producción" y marcada por numerosas dificultades.
La vendimia en Señorío de San Vicente.
Hubo ataques de mildiu y lluvias durante la floración y el desarrollo de la viña, mientras que en agosto se produjeron episodios de calor que frenaron el ciclo vegetativo. En algunas de las principales zonas vitivinícolas, entre ellas Rioja, Toro y Ribera del Duero, asegura que la planta llegó a permanecer cerca de 20 días prácticamente parada.
Por eso discrepa de quienes ya califican 2025 como "la añada del siglo". Para Eguren, fue una añada de gran calidad pero también "muy caprichosa". La escasez de producción, además, puede contribuir a concentrar la calidad, ya que la planta mantiene un sistema radicular y foliar similar aunque produzca menos uva.
Es precisamente esta combinación de poca producción y buena calidad la que está despertando el interés por los vinos de 2025. Algunos de ellos ya han comenzado a llegar al mercado, especialmente aquellos elaborados con crianzas más cortas. Otros tendrán que esperar todavía varios años.
Su colección de viñedos
Eguren conoce bien esa diversidad de parcelas y microterritorios. Al frente del grupo familiar Viñedos y Bodegas Sierra Cantabria, desarrolla proyectos en distintas zonas vitivinícolas españolas. En La Rioja, destacan Sierra Cantabria, Señorío de San Vicente y Viñedos de Páganos, ligados a una búsqueda de vinos singulares y al carácter del viñedo.
Miguel Ángel Eguren y Marcos Eguren con San Vicente de la Sonsierra asomando por el horizonte.
En Toro, Marcos Eguren participó en la creación de Numanthia y posteriormente impulsó Teso La Monja, centrada en viñas viejas y vinos de gran finura. En Castilla-La Mancha, la familia desarrolla Dominio de Eguren, con vinos más accesibles, pero basados igualmente en una cuidada selección del viñedo.
Su proyecto se articula alrededor de cinco bodegas y un amplio patrimonio de viñedos, con unas 190 hectáreas y una producción aproximada de 700.000 botellas. "Nuestra fuerza y nuestra historia está en los vinos parcelarios", explica.
Estos vinos, procedentes de parcelas concretas, suelen llegar al mercado en su tercer o cuarto año, frente a elaboraciones más jóvenes como Murmurol, un vino que recupera una forma tradicional de elaborar y que, según Eguren, puede disfrutarse durante un periodo relativamente corto, de tres a cinco años. La gama incluye también vinos blancos, aunque no constituyen el grueso de la producción.
Un nuevo discurso
Pero si hay una preocupación que sobrevuela sus palabras es el futuro del consumo. Eguren cuestiona que el vino pueda analizarse únicamente desde la categoría genérica del alcohol y reivindica su presencia histórica en la dieta mediterránea. "En la dieta mediterránea en toda la vida ha habido uno o dos vasos de vino en la comida", afirma.
El riojano Marcos Eguren, clave en la transformación de la elaboración del vino en denominaciones como Rioja y Toro.
El bodeguero explica además que están participando en un estudio con la Universidad de Navarra y la Clínica Universidad de Navarra para investigar la relación entre vino y salud. Su planteamiento, sin embargo, forma parte de un debate científico y sanitario mucho más amplio sobre el consumo de alcohol, sus posibles riesgos y los límites de cualquier eventual efecto beneficioso.
Para una industria acostumbrada a hablar de cosechas, terroir y crianza, el nuevo desafío puede estar, por tanto, fuera de la botella. En el cambio de relación de los consumidores con la comida, el alcohol y su propio cuerpo. Y ahí, según Eguren, el vino tiene por delante una batalla que no se libra en el viñedo.