Entrada del hotel Matutano-Daudén

Entrada del hotel Matutano-Daudén E. E.

Viajes

El hotel palacio del Maestrazgo turolense que 'huele' al Cid Campeador

El hotel Matutano-Daudén, de cuatro estrellas, recoge el esplendor histórico de un pequeño pueblo lleno de leyendas y rituales relacionados con el Cid y los templarios.

5 enero, 2023 13:17

Todo en el pueblo de La Iglesuela (Teruel) huele al Cid Campeador. Hasta su nombre, La Iglesuela del Cid. Pero sobre todo, su recién estrenado hotel cinco estrellas Palacio Matutano-Daudén, que participa completamente de ese ambiente histórico legendario, y es un lugar único para descubrir que la verdadera naturaleza del silencio.

El paso del Cid por este pueblo en su camino a Valencia, y donde cuentan que pudo librar una de sus batallas más místicas, no es la única leyenda que se cuenta de La Iglesuela.

En la ermita del Cid, ubicada a una bella caminata de este hotel, se dice que aguas subterráneas crean un círculo de energía diferente que atrajo a grupos de templarios primero y hasta masónicos más tarde y señalan como prueba algunos símbolos únicos en mitad de un templo increíble y nada conocido.

Escalera imperial en el hotel Matutano-Daudén.

Escalera imperial en el hotel Matutano-Daudén. E. E.

Imagen de la suite del Matutano-Daudén en La Iglesuela del Cid.

Imagen de la suite del Matutano-Daudén en La Iglesuela del Cid. E. E.

Por eso, lo mejor para imbuirse en ese ambiente es hospedarse en el Palacio Matutano-Daudén que también tiene su propia historia. Está situado junto a la iglesia del pueblo y ocupa la casa palaciega de los Matutano de 1773 (cuyos herederos han dejado su apellido unido a las patatas fritas y aperitivos más famosos de España).

El pueblo de La Iglesuela está situado en pleno Maestrazgo, la zona de Teruel que limita con Castellón, pero donde la entidad comarcal pesa más que la frontera entre ambas regiones.

Esta área, donde la naturaleza disfruta de una libertad casi salvaje, guarda casi como un secreto la belleza de pueblos históricos, bien conservados, llenos de leyenda y de rebeldía hacia quienes quisieron someterlos sin más. Una de esas riquezas extrañas que tiene España y que merece la pena ser visitada.

Todas esas características (belleza, riqueza, rareza e historia) están dentro del Palacio Matutano-Daudén. La entrada se realiza a través de un arco ojival que da paso también a la iglesia del pueblo y muy cerca del Ayuntamiento. Durante años, este lugar fue gestionado por Hostería de Aragón, una especie de paradores regionales, pero el impulso lo ha dado Óscar García Arano, un empresario que ya sabe lo que es sacarle el máximo a Teruel puesto que tiene otro hotel cuatro estrellas en la zona de Bajo Aragón, Torre del Marqués, demostrando que Teruel existe y que es de lujo.

E. E.

Un hotel museo

Después de recorrer las empinadas calles empedradas de La Iglesuela, pasando por casonas y santuarios, llegar hasta este hotel es un remanso para las piernas pero no para los sentidos que siguen disfrutando al máximo desde que pisan el zaguán, con un suelo realizado piedra sobre piedra, al estilo tradicional que marcan las construcciones más tradicionales de la zona.

Sus 35 habitaciones están distribuidas en tres alturas que se marcan en la fachada principal, aunque luego se convierten en cuatro, en la zona parte trasera. La estructura mantiene intacta la forma palaciega con la que se construyó esta casona, incluida una histórica escalera imperial que es un anuncio perfecto de lo que podemos encontrar en el resto de salas.

Eso sí, antes de subir por la misma, mejor nos detenemos a observar el escudo central, con dos leones y un águila, un símbolo de la fuerza que tenían estas dos familias en la zona del Maestrazgo y del poder económico que llegaron a ostentar en estos pueblos.

E. E.

Después del serpenteante ascenso hacia el Maestrazgo, muchos huéspedes pueden preguntarse de dónde sacaron tanto dinero los aristócratas de este pequeño pueblo para haber levantados estas casonas (no está sólo la Matutano-Daudén, también la Guijarro, Grande y Aliaga).

La mayoría de estas familias que han dejado su huella en forma de escudo y palacio se dedicaban al negocio de la lana: criaban el ganado, lo esquilaban y bajaban la lana hasta el puerto de Valencia para ser vendida en Italia. Un comercio muy lucrativo que ha dado forma a estas bellas instancias.

De hecho, el hotel Matutano-Daudén conserva el estilo palaciego que se respiraba en el siglo XVIII, con una estructura en piedra en el exterior y un interior lleno de obras de arte. Lo mejor para absorber la esencia total del lugar es quedarse unos minutos en silencio para observar los detalles, perfectamente conservados en la actualidad, paseando por sus pasillos y sus estancias.

Así van apareciendo arcos polilobulados, ventanas ajimezadas en piedra, balcones con ménsulas de piedra o cinco frisos pintados que están colocados en el salón comedor, uno de los lugares más majestuosos de este cuatro estrellas, y donde se representan escenas cotidianas de La Iglesuela del Cid, entre ellos, la caza o el ganado.

Pero si bien se duerme en este histórico hotel (las habitaciones son un remanso de serenidad y silencio), mejor se come gracias a Torre de los Nublos, el restaurante que mantiene la esencia del Matutano-Daudén, utilizando productos de la zona, de kilómetro cero, a los que aplican un trabajo donde se priman los detalles, los olores, la presentación, la fusión de sabores.

Terraza del Palacio de Matutano-Daudén.

Terraza del Palacio de Matutano-Daudén. E. E.

De hecho, es un pecado perderse, si llegamos al Matutano-Daudén en época de setas y trufas, algunas de sus propuestas más exquisitas. Y no sólo hablamos de comida puesto que si estamos interesados en estos dos productos típicos de la zona, el hotel organiza excursiones tanto para coger setas como para buscar trufas, que son una experiencia única, ya se sea experto o principiante.

Uno de los lugares menos conocidos y más espectaculares del hotel es su terraza acristalada, donde ponerse a la altura de mitos como el Cid o los Templarios. Es un lugar mágico, tranquilo, que mira de tú a tú a la sierra y que permite dejar en el zaguán todos los problemas.

En esa terraza está también la zona de spa&wellness, por si necesitamos un extra de relajación.