Marta Vizcaya, propietaria de Flamingos Vintage Vigo.
Flamingos Vintage Kilo, la tienda de Vigo donde brilla la moda americana de segunda mano
En 2016 abrió sus puertas de la mano de Marta Vizcaya convirtiéndose en una de las primeras de la ciudad, especialmente en ofrecer la ropa al peso, y que destaca por su decoración y sus rincones en los que perderse durante horas
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En los últimos años, los mercadillos de segunda mano, con ropa vintage, o los pop up stores a modo de tiendas efímeras se han puesto de moda. Es raro el fin de semana que no se celebra alguno en la ciudad, incluso ha habido propuestas que han generado eternas colas en la calle no hace mucho.
Esto no era así en 2016. Ese año abrió sus puertas Flamingos Vintage Kilo, en Doctor Cadaval, 21, de la mano de Marta Vizcaya. "Siempre me ha interesado un montón el tema de segunda mano, tanto de ropa como en muebles", explica a Treintayseis. "Yo crecí viendo a mis padres coger muebles que la gente dejaba en la basura, entonces siempre me pareció lógico: si algo ya está hecho, para qué voy a comprarme algo nuevo, es que es totalmente innecesario", proclama.
Exterior de Flamingos Vintage Vigo.
Los mercadillos de ropa de segunda mano son parte inescindible de ciudades como Madrid o Barcelona, y de grandes capitales europeas como Londres o Berlín, pero el concepto de llevar ropa "de otra persona" no tuvo el mismo encaje al principio en Vigo.
"Siempre me ha costado mucho entender eso, porque estamos en Galicia, tampoco somos una comunidad autónoma que nos salga el dinero por las orejas. Además, es que todos hemos heredado ropa de nuestros primos y en cambio si la ropa es tuya, ¿me da 'cosa'?", se pregunta Marta.
Así, parte de su trabajo también es la de explicar al cliente y darles a entender que, por ejemplo, aquí se pueden comprar un pantalón de seda a un precio asequible. Es decir, "enseñarles lo que tengo". De hecho, al principio "hasta les costaba saber si era segunda mano o no, porque al final lo ves todo colocado como una tienda 'normal'".
Flamingos Vintage Vigo.
"Antes, por ejemplo, a los jóvenes les daba igual, pero a lo mejor venía alguien de 60 años en adelante y salía marcha atrás cuando se daban cuenta de que era de segunda mano. Ahora ya no, tengo clientes de todo tipo, de 13 a 80 años, y de todo tipo", celebra.
Una "casa" para sus clientes
A diferencia de la idea preconcebida y también clásica de lugares como el Rastro, donde la ropa está amontonada, Flamingos está dispuesta al modo tradicional, pero mezclada con una decoración que llama la atención nada más cruzar la puerta.
"Hay mucha gente que me da la enhorabuena y me dice 'qué tienda más bonita', y siempre contesto lo mismo, que la he ido decorando como mi casa, porque soy la dueña y la que está aquí siempre. Y, claro, a mí me gustan las cosas recargadas, me gusta el color y las 'cacharradas': una plantita, un ventilador antiguo, un marco de fotos, o ahí que tengo una sombrilla de bebé", enumera mientras señala diferentes rincones de su tienda.
Flamingos Vintage Kilo Vigo es, realmente, una franquicia, pero "muy familiar", matiza Marta. La ropa llega desde Estados Unidos a Barcelona y se adquiere muy al por mayor, de ahí que se pueda después vender a buen precio en las tiendas.
Pero la tienda de la ciudad olívica traspasa lo que hay dentro de sus paredes. "Lo que siempre me ha gustado es la calle, a mí me gusta mucho hacer barrio", señala Marta sobre la ubicación del local. Fuera, como recibiendo a los visitantes de esa extensión de su casa, hay dos sillones y, a la entrada, una alfombra a modo de recibidor.
Flamingos Vintage Vigo.
Unos asientos que, por cierto, están encadenados porque una vez le desaparecieron, aunque pudo recuperarlos. "Al final, esos silloncitos hacen que la gente, los vecinos que pasan, tienen que hablar por teléfono y se sientan. O viene una pandilla de amigos y si a uno no le apetece entrar o si está fumando un cigarrito, pues se queda sentado fuera", especifica.
Libertad para pasear, mirar, rebuscar y probar
Flamingos también se aleja de esas tiendas donde los ojos se posan sobre la espalda del potencial comprador. Marta deja libertad para pasear, rebuscar, mirar, probar, y sólo si se le necesita, acude a la llamada. "Es verdad que hay gente que a veces está más perdida, sobre todo en tema tallas, porque tú estás habituado a que haya tres pantalones y sean S, M, y L; aquí no, cada pantalón tiene una forma diferente, una talla diferente, un largo diferente", añade.
Flamingos Vintage Vigo.
"Todo pasa por mis manos", presume para destacar el profundo conocimiento de todas las prendas que hay en la tienda. "Tengo muy buena memoria y lo tengo todo en la cabeza, pasan los años y a veces veo a gente y digo 'me acuerdo de esa camisa o me acuerdo de ese vestido'", indica, especialmente en prendas que son "un poquito más especiales".
El kilo tiene varios precios: 24 euros, 39 euros y 49 euros. La ropa que sea y la cantidad que sea, se pesa en una báscula que tiene sobre el mostrador y así se calcula lo que hay que pagar. Eso sí, hay determinadas prendas que, por su calidad, especialidad o valor, tienen un precio ya determinado.
La moda actual y el estilo de Vigo
Como la moda es "cíclica", ropa que podía ser vintage hace años, ahora vuelve a estar de moda, y es "arrebatada" por las grandes marcas para volver a copar el mercado. "Ahora está muy de moda el llamado Y2K, que al final es la moda dosmilera: el pantalón súper ancho, de tiro muy bajo de cadera, blusas o camisetas de gasa, con mucho vuelo, las camisetas de fútbol", dice Marta al ser preguntada por el estilo actual, aunque ella intenta seguir "fiel" a sus principios".
Flamingos Vintage Vigo.
Y si hablamos del estilo y la forma de vestir de Vigo, Marta lo relaciona directamente con el movimiento cultural del que siempre ha presumido la ciudad. "Aquí, el que más y el que menos tiene un grupo de música, o de gaitas, o escribe poemas", por lo que considera que existe un "mix de todo" que refleja la personalidad de una ciudad con carácter industrial.
Durante la conversación, han entrado y salido clientes, han rebuscado, han mirado y han revoloteado por el local. Uno de ellos llega con un perro; "claro que puede pasar contigo", exclama Marta, haciendo gala de lo que ahora se llama "petfriendly", pero que para ella es lo normal, ya que también tiene mascota que muchas veces está en la tienda.
Al salir, te despiden dos flamencos rosas en las cristaleras que le pintó Sandra Lodi con motivo del Festival Creativa de este año. "Para mí, la mejor tienda de Vigo", señala un texto en rosa.