Iker en el canal @Basquecraft.

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Sociedad

Iker decidió marcharse a vivir al campo: "Pagas 20.000 € y luego la reforma son 600.000 €. El mercado rural está roto"

El joven compartió la experiencia que ha vivido tratando de encontrar vivienda asequible en un entorno rural en España.

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Las claves

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Iker denuncia que el mercado inmobiliario rural está roto, con ruinas a precios de mansión y muchas propiedades con problemas legales.

Las antiguas bordas y caseríos, aunque baratas de entrada, requieren reformas que pueden superar los 600.000 euros y rara vez son aptas para hipoteca.

Iker critica la falta de transparencia en los anuncios y las trabas burocráticas que dificultan a los jóvenes instalarse en el campo.

A pesar de las dificultades, Iker decide quedarse en Navarra por motivos familiares y recomienda buscar vivienda a través de agencias locales o contactos directos en los pueblos.

La idea de abandonar la ciudad para instalarse en un entorno rural sigue seduciendo a miles de personas. Sin embargo, quienes ya han recorrido ese camino advierten de que la realidad dista mucho de la imagen idílica que se puede transmitir en redes sociales.

Es el caso de Iker, creador de contenido que lleva tiempo buscando una vivienda en el campo y que ha lanzado una contundente crítica al mercado inmobiliario rural.

Su diagnóstico es claro: "el mercado rural está roto". Según explica, el problema no es la falta de inmuebles, sino que muchas de las propiedades que salen a la venta esconden importantes inconvenientes.

"Lo que sale a la venta es una trampa", afirma en el canal Basquecraft, asegurando que abundan las "ruinas totales a precio de mansión" y los supuestos chollos que, en realidad, esconden problemas legales capaces de convertir la compra en una auténtico quebradero de cabeza.

Uno de los ejemplos que menciona son las antiguas bordas, construcciones tradicionales destinadas originalmente al ganado. Aunque algunas se anuncian por precios que rondan entre los 20.000 y los 50.000 euros, recuerda que no están reconocidas legalmente como viviendas.

Esto implica que obtener la cédula de habitabilidad puede resultar extremadamente complicado, e incluso imposible en algunos casos. Además, al no tratarse de viviendas legales, los bancos no suelen conceder hipotecas para adquirirlas.

Pero el precio de compra, asegura, es solo el principio. Reformar una de estas edificaciones puede disparar el presupuesto hasta cifras difíciles de asumir. Solo reparar el tejado de un gran caserío puede costar entre 80.000 y 100.000 euros.

Si el objetivo es rehabilitar completamente la vivienda para que cumpla con la normativa, los presupuestos se sitúan entre los 300.000 y los 600.000 euros, dependiendo del tamaño y del estado del inmueble.

Iker también critica la falta de transparencia de algunos anuncios inmobiliarios. A su juicio, muchos omiten información esencial para conseguir que el comprador visite la propiedad.

Tras varias experiencias decepcionantes, asegura haberse encontrado desde retos de uralita, un material altamente tóxico, hasta viviendas que parecían estar en plena naturaleza pero que, al comprobarlas en Google Maps, resultaban estar junto a gasolineras o carreteras con intenso tráfico de camiones.

A esta situación añade una fuerte crítica a la burocracia. Considera contradictorio que, mientras se intenta combatir el despoblamiento rural, existen tantas trabas administrativas para que los jóvenes puedan rehabilitar viviendas y establecerse en los pueblos.

Pese a reconocer que mudarse a regiones como Galicia, Asturias o incluso Lituania podría ser más económico, ha decidido permanecer en Navarra. Explica que la cercanía de su familia y la posibilidad de que su hijo crezca escuchando su lengua materna y paterna pesan más que el ahorro económico.

Además, recuerda que vivir completamente aislado tampoco encaja con su realidad, ya que gestiona un negocio online y las empresas de transporte no suelen recoger paquetes fuera de los núcleos urbanos.

Como consejo para quienes sueñan con instalarse en el campo, Iker recomienda dejar a un lado los portales inmobiliarios y acudir directamente a las agencias locales o incluso preguntar en los bares de los pueblos, donde muchas viviendas cambian de manos sin promoción alguna.