Imagen de archivo de una joven con calor en verano.

Imagen de archivo de una joven con calor en verano. iStock

Sociedad

Los arquitectos coinciden: "Para enfriar tu casa, evita las grandes cristaleras y usa la ventilación natural sin aire acondicionado"

Con la llegada del calor, muchos recurren al aire acondicionado cuando hay varias formas de lograr el confort térmico con algo de ahorro energético.

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Las claves

Las claves

Los arquitectos recomiendan evitar grandes cristaleras, especialmente orientadas al sur, para reducir la entrada de calor en las viviendas.

La ventilación natural y cruzada, junto al efecto chimenea, permite refrescar el hogar sin necesidad de aire acondicionado.

El uso de materiales con alta inercia térmica, como piedra o hormigón, ayuda a mantener temperaturas interiores más estables.

Colores claros en fachadas y la presencia de vegetación y fuentes favorecen la reflexión del calor y el enfriamiento natural del ambiente.

Con la llegada de las altas temperaturas, muchas viviendas se convierten en auténticos hornos y el aire acondicionado parece la única solución posible.

Sin embargo, cada vez más arquitectos recuerdan que existe otra forma de mantener una casa fresca durante el verano: aprovechar el propio diseño de la vivienda para combatir el calor sin disparar el consumo energético.

Esta es precisamente la idea que defiende el arquitecto y divulgador Edu Saz, especializado en diseño y construcción, quien explica cómo la arquitectura bioclimática permite mejorar el confort térmico mediante estrategias pasivas.

En otras palabras, hacer que sea la propia vivienda la que trabaje a favor de quienes la habitan. "La ventilación natural es una de las mejores formas de enfriar una casa sin electricidad", asegura el experto.

Según explica, uno de los errores más frecuentes en muchas viviendas modernas es apostar por grandes superficies acristaladas sin tener en cuenta su orientación. Aunque aportan luz natural y sensación de amplitud, también pueden convertirse en una fuente importante de calor.

Por ello, recomienda evitar grandes cristaleras especialmente en las fachadas orientadas al sur, donde la radiación solar es más intensa.

Cuando el sol atraviesa el cristal se produce el conocido efecto invernadero: el calor entra con facilidad, pero tiene más dificultades para salir, elevando rápidamente la temperatura interior.

La solución pasa por proteger estas superficies con elementos exteriores como lamas, porches, voladizos o toldos. También pueden utilizarse árboles de hoja caduca, capaces de proporcionar sombra durante el verano y permitir la entrada del sol en invierno.

Otra de las claves para enfriar una vivienda sin recurrir constantemente al aire acondicionado es la ventilación cruzada. Este sistema consiste en disponer ventanas en fachadas opuestas para generar corrientes naturales de aire que renueven el ambiente y expulsen el calor acumulado.

Según explica Saz, este mecanismo reduce notablemente la necesidad de utilizar sistemas de climatización. A ello se suma el denominado efecto chimenea, un fenómeno físico basado en que el aire caliente tiende a ascender.

Si la vivienda dispone de aberturas en zonas altas, como escaleras o claraboyas, el aire caliente puede escapar de forma natural mientras entra aire más fresco desde niveles inferiores.

La arquitectura bioclimática también presta especial atención a los materiales de construcción. En este sentido, el arquitecto destaca la importancia de la inercia térmica, es decir, la capacidad de ciertos materiales para absorber, almacenar y liberar calor de forma gradual.

Los muros de piedra, adobe u hormigón son capaces de mantener temperaturas interiores más estables durante los meses más cálidos. Por el contrario, materiales más ligeros, como la madera, responden más rápidamente a los cambios de temperatura, una característica que puede resultar útil en viviendas de uso ocasional.

El color exterior del edificio también juega un papel relevante. No es ninguna casualidad que muchas localidades del sur de España estén repletas de fachadas blancas.

Los colores claros reflejan gran parte de la radiación solar, mientras que los tonos oscuros la absorben y favorecen el calentamiento de la vivienda.

Finalmente, el arquitecto recuerda que la naturaleza puede convertirse en una gran aliada contra el calor. La presencia de fuentes, estanques o piscinas cerca de las entradas de aire favorece el enfriamiento por evaporación.

Del mismo modo, las plantas de interior ayudan a refrescar el ambiente mediante la transpiración, absorbiendo calor y liberando humedad.

Así, con la llegada del verano, una buena orientación, sombra adecuada, ventilación natural y materiales bien elegidos pueden marcar la diferencia entre una casa sofocante y un hogar confortable incluso en los días más calurosos.