Sergio, albañil.

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Sociedad

Sergio vino a España para trabajar como albañil: "Antes me pagaban 40 € al día como peón y ahora tengo mi empresa"

El hombre de origen ucraniano empezó desde abajo en el sector de la construcción hasta dirigir su propia empresa de reformas a día de hoy.

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Las claves

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El sector inmobiliario español afronta escasez de mano de obra cualificada, lo que ha abierto oportunidades para trabajadores extranjeros.

Sergio, un ciudadano ucraniano, llegó a España sin experiencia en construcción y comenzó como peón ganando 40 euros al día.

Tras superar barreras como la falta de papeles, idioma y herramientas, Sergio fundó su propia empresa de reformas en Madrid.

Actualmente, su empresa gestiona varias obras a la vez y emplea a 14 trabajadores, consolidando así su éxito en el sector.

El sector inmobiliario en España atraviesa desde hace años una etapa compleja. El encarecimiento de la vivienda, la problemática de las ocupaciones ilegales y la escasez de profesionales cualificados han limitado el desarrollo de nuevas promociones.

Más allá de la falta de proyectos, el verdadero problema se encuentra en la dificultad para encontrar mano de obra preparada que ejecute las obras. Cada vez son menos los trabajadores dispuestos a dedicarse a la construcción, y la falta de relevo generacional ha agravado aún más la situación.

Para muchos jóvenes, este oficio ha dejado de resultar atractivo, lo que ha abierto la puerta a que trabajadores extranjeros ocupen ese espacio.

Actualmente, se estima que alrededor del 25% de los albañiles en España son inmigrantes, lo que equivale a uno de cada cuatro empleados en el sector.

Entre ellos se encuentra Sergio, un ciudadano ucraniano que relató su trayectoria en el pódcast Sector Oficios. Su historia es la de una evolución marcada por el esfuerzo: de peón sin experiencia a dirigir su propia empresa de reformas.

El estallido del conflicto en Ucrania cambió el rumbo de su vida. Decidió emigrar y vio en España una oportunidad para progresar. Junto a su esposa, eligió Tenerife como primer destino, donde residía la madre de ella.

Hace quince años, sus primeros trabajos en España estaban relacionados con tareas básicas como ayudar en pintura o levantar muros, sin apenas conocimientos previos. En su país de origen, su profesión era la de camionero.

Sin embargo, la llegada estuvo lejos de ser sencilla: el viaje fue largo y tuvo que entrar en el país de manera irregular. "Dormimos casi en la calle, pues es otra historia", rememora.

"Pero bueno, llegamos", afirmaba. "Vivimos ahí 7 meses en Tenerife. No tenía ni papeles ni idioma, no tenía ni trabajo porque, claro, la gente no te coge sin papeles. Entonces, yo trabajé con mi suegro ayudando algunas cosas en su trabajo".

Tras varios meses en la isla, decidieron trasladarse a Madrid en busca de mejores oportunidades. Debido a su situación administrativa, el desplazamiento se realizó por vía marítima.

Fue en la capital donde tuvo su primer contacto con la albañilería: "Entré en Facebook, había un chico ucraniano que ofrecía trabajo como peón, me ofreció una habitación en su casa, pues dijo, 'Mira, tenemos oportunidad'".

"Trabajé con él dos meses... Antes pagaban 40 euros al día al peón, era muy poco", contaba. Las diferencias con su empleador le llevaron a abandonar ese puesto. Probó suerte en otras empresas, aunque sin lograr estabilidad.

"Cambié a otra empresa, la tercera, como pintor", señalaba Sergio. "Allí empecé, claro, tenía que mentir que soy pintor porque si de otra manera no te cogen. Empecé a aprender a cómo poner ladrillos y muchas otras cosas. Era mi paisano".

En su cuarto empleo, también como pintor, tuvo que aprender a alicatar, lo que marcó un punto de inflexión. Fue entonces cuando comenzó a ver en las reformas una vía profesional sólida.

Impulsada por su esposa, decidió emprender: "Desde este momento hablamos con mi mujer y ella me motivó a hacer la empresa. Habíamos pensado hacer algo, pero no se veía exactamente qué queremos".

Los inicios no fueron fáciles. Sin experiencia consolidada, sin herramientas suficientes y con barreras idiomáticas, el reto era considerable: "Tenía en casa una radial, una pequeña, por casualidad, para tener en casa. Entonces, ¿cómo vamos a empezar a hacer reformas si no tenemos nada? No tengo ni experiencia, ni idioma, ni nada".

Aun así, publicó un anuncio en Telegram que pronto dio sus frutos. "Me llamó un señor y dice, '¿Puedes venir?' Sí, vinimos al barrio de Arturo Soria y es una casa de cuatro plantas, un chalet enorme...".

A pesar de la magnitud del encargo, logró sacarlo adelante: "Al final terminamos la casa entera, pero me costó. No sabía ni precios ni nada. Nos llevamos súper bien con el primer cliente, luego había otro vecino, lo conocimos, tenía una inmobiliaria, nos ofreció trabajo y poco a poco avanzamos".

Con el paso del tiempo consolidó su reputación y amplió su clientela. Hoy, Sergio dirige una empresa de reformas que ha llegado a gestionar hasta ocho obras simultáneamente y cuenta con una plantilla de 14 trabajadores.