Pedro Carmona, uno de los fundadores de Las Arenosas.

Pedro Carmona, uno de los fundadores de Las Arenosas. Cedida

Sociedad

Pedro, el niño que pasó de vender huevos en el pueblo con su madre a facturar 2 millones con su aceite verde a los 84 años

Este empresario cordobés es el fundador de Las Arenosas, una finca de más de 800 hectáreas que produce 2 millones de kilos de aceituna en Córdoba.

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Las claves

Pedro Carmona, de Montemayor (Córdoba), pasó de ayudar a su madre vendiendo huevos en su infancia a dirigir una empresa familiar de aceite de oliva.

A sus 84 años, su finca Las Arenosas produce aceite verde de alta calidad, con olivos de más de 50 años y una facturación cercana a los 2 millones de euros.

La empresa mantiene procesos tradicionales y una producción controlada que preserva el sabor y la esencia del aceite familiar desde 1980.

Pedro ha transmitido a sus hijos y nietos los valores de esfuerzo, humildad y ayuda a los demás, pilares fundamentales de su éxito empresarial.

Pedro Carmona es el claro ejemplo de que el esfuerzo, la constancia y las ganas de vivir sacan adelante todo lo que te quieras proponer.

A sus 84 años, este vecino de Montemayor, en plena campiña cordobesa, mira atrás con emoción al recordar un camino que comenzó en la humildad más absoluta.

Esa humildad que hoy le ha llevado a construir la empresa familiar con la que, sin hacer ruido, factura cerca de dos millones de euros gracias a su característico aceite verde.

"Mi nombre es Pedro Carmona Moreno. Nací en Montemayor, un pequeño pueblo de la campiña de Córdoba de unos 4.000 habitantes, y tengo 84 años". Así se presenta a EL ESPAÑOL, con una austeridad que define perfectamente toda su trayectoria.

Desde muy pequeño, Pedro tuvo que asumir responsabilidades. "Mi padre falleció y me tocó ayudar a mi madre, que era recovera, a vender huevos en mi pueblo", comienza explicando.

Pedro Carmona ha tenido el sueño de trabajar durante toda la vida.

Pedro Carmona ha tenido el sueño de trabajar durante toda la vida. Cedida

Unos años que no fueron fáciles, pero que marcaron el carácter trabajador con el que toda su familia le sigue definiendo más de 80 años después.

Y es que, a pesar de su corta edad, su mentalidad emprendedora apareció pronto. "A los 7 años hice la comunión… me encontré con un señor que vendía una cabra y decidí comprarla con las pesetas que me dieron por hacer el sacramento. Yo quería trabajar y sacar a todos adelante", relata.

Desde entonces, el trabajo ha sido el eje de su vida. "Creo que he trabajado de noche y de día toda mi vida". Comenzó en el campo, ayudando a los mayores y absorbiendo todo lo que podía.

Con apenas 13 años conoció a quien sería su socio durante décadas, y juntos empezaron a moverse entre distintos oficios: "agricultura, transporte, construcción… lo que hiciera falta para salir adelante".

Pedro junto a su socio en la finca Las Arenosas.

Pedro junto a su socio en la finca Las Arenosas. Cedida

Pero había algo que siempre le tiraba más que nada. Criado en plena campiña, "la aceituna ha sido uno de mis sueños y mi gran pasión desde el inicio". Ese vínculo con el olivar fue creciendo con los años hasta convertirse en el corazón de lo que es su verdadero proyecto.

Hoy, esa ilusión de juventud se ha transformado en Las Arenosas, una finca de más de 800 hectáreas de olivar, donde cada árbol cuenta una parte de su historia.

Olivos con décadas de vida, muchos de ellos con más de 50 años, que Pedro ha cuidado personalmente durante toda su trayectoria.

Y es que este cordobés conoce cada parcela, cada cambio del terreno y cada necesidad del árbol, como quien conoce a un viejo amigo. Una conexión con la tierra que es, precisamente, una de las claves de su aceite.

En el corazón de esta finca se encuentra su almazara, ese molino de piedra que, aunque ha sido modernizado en los últimos años, conserva intacta su esencia tradicional para convertir la aceituna en el tan conocido 'oro amarillo'.

La aceituna, de variedad Picual y Hojiblanca, se recoge en su punto justo y ahí se procesa rápidamente para conservar todo su sabor y sus propiedades. Y es que tal y como sabe Pedro, la calidad empieza en el campo.

Un aceite de origen tradicional.

Un aceite de origen tradicional. Cedida

Lejos de apostar por grandes volúmenes, la familia ha preferido cuidar cada detalle, mantener una producción más controlada y ofrecer un aceite con la misma identidad que la que crearon en 1980.

Un producto que, según quienes lo prueban, tiene algo especial, pues como dicen sus clientes, "este aceite me transporta a mi niñez, a los bollos de pan que me hacía mi madre o mi abuela".

Sin embargo, ese sabor que conecta directamente con los recuerdos, es el resultado de toda una vida dedicada al campo. Ahora, tras más de 45 años de trabajo, "producimos unos 2 millones de kilos de aceituna… y en cuanto a facturación nos situamos en torno a los 2 millones de euros".

Unas cifras importantes que reflejan el crecimiento del proyecto, pero que, lejos de alterar su identidad, reflejan que siguen trabajando como siempre a pesar del paso del tiempo.

Y es que a lo largo de los años, Pedro ha tenido claro los valores que quería transmitir, ya que para él "el esfuerzo ha sido siempre uno de mis pilares".

Sin embargo, insiste en algo que considera igual de importante, "construir buenas relaciones y ayudar a todo el que se pueda es una gran virtud".

Una mentalidad que hoy, con sus hijos y nietos ya implicados en el negocio, contempla con orgullo cómo continúa reflejada en todos ellos.

Pues, a pesar de ser tres generaciones diferentes las que han trabajado una misma tierra, han sabido conservar esa forma de hacer las cosas que no entiende de prisas ni atajos, tal y como Pedro practica desde su niñez.

Por ello, mirando al futuro, este abuelo cordobés lo tiene claro y sabe que, además del espíritu trabajador, si algo quiere dejarle a sus nietos es la certeza de que sepan ser "buenas personas y que entiendan que lo que uno no trabaja, nadie se lo regala".