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La Jungla

Sucesos rutinarios que acabarán matándote a base de microinfartos

En la Jungla. Pequeños sustos que llegan casi a detener el corazón, tragedias fortuitas que, sin llegar a mayores, provocan un mini síncope. ¿Cuáles son los peores que puedes sufrir a diario? Repasamos algunos de los microinfartos más habituales.

Seguro que te ha ocurrido alguna vez, por desgracia. Vas caminando tranquilamente por la calle, te suena el móvil, lo sacas del bolsillo comprobando que es un WhatsApp, vas a responder y... el teléfono se resbala de tus manos precipitándose al vacío. ¡Horror! En ese momento el tiempo se detiene, también tu corazón. Asistes a su caída como si te mostrasen a cámara lenta el peor segundo de tu vida. Despacio, estirándose el instante igual que un vulgar chicle. Y por más que lanzas las manos en un último intento de agarrar el móvil, como si fueses un gato atrapando un puntero láser, al final el móvil impacta contra el suelo en un estruendo que suena mucho más en tu cabeza que en la realidad. Cerraste los ojos, se te paralizó el corazón. Al ir a recogerlo del suelo descubres que, como suponías, se ha roto la pantalla.

Ese momento en el que se te cae el móvil de las manos es un ejemplo claro de "microinfarto": algo que ocurre de manera fortuita paralizándote el corazón con una mezcla de horror y de sorpresa. Son tragedias que no llegan a mayores sin que por ello dejen de ser molestas. Y  seguro que te habrá ocurrido más veces de las que te gustaría.

El móvil que se cae al suelo es solo uno de los ejemplos. ¿Qué otros sustos cotidianos consiguen que se te pare el corazón? He elegido los siguientes, a ver si coincides conmigo.

Cuando estás a punto de dormirte y escuchas el zumbido de un mosquito 

Esta es una de las pesadillas del verano y podría protagonizar una de las peores escenas de una película de miedo. Todo en silencio, la oscuridad te envuelve los sentidos, tu cerebro se relaja al ritmo de la pausada respiración... Y de repente escuchas el zumbido de un mosquito a unos centímetros de la oreja. No importa que ese insecto mida escasos milímetros: en ese momento da más miedo que haber escuchado la respiración de un tigre. 

Cuando criticas a una persona por WhatsApp y le envías el mensaje a esa persona

WhatsApp es lo más peligroso del mundo después de echarse a dormir sobre un nido de serpientes. Hay ciertos grupos que son una invitación a la muerte, pero no tiene por qué ser lo peor, que equivocarse de chat puede enviarte directamente al cardiólogo. Criticar al jefe y confundirte de grupo enviando los mensajes a la conversación en la que está él, confundir a la pareja con otra persona... Ese instante en el que caes en la cuenta de que te equivocaste de chat solo puede empeorarlo otro momento: descubrir que salta el doble check azul.

Cuando vas a pagar, echas mano de la cartera y no la encuentras

Puede ser la excusa perfecta para escaparse de pagar la cuenta, pero no lo es tanto cuando realmente no la encuentras. Renovar las tarjetas, el DNI, perdiste todo el dinero, los cupones de descuento... Ese instante en el que no encuentras la cartera puede llevarte al otro barrio. Y qué alivio descubrirla en ese  bolsillo de la chaqueta que habitualmente no utilizas. O que te la alcance tu pareja con la habitual frase de "Es que nunca miras donde dejas las cosas".

Cuando abres el buzón y descubres una carta de Hacienda

Y como seas autónomo necesitas hasta desfibrilador. Por suerte suele ser una carta para corroborar algún dato o avisarte de que ya tienes listo el borrador. O eso quieres creer antes de abrirla con el corazón en un puño...

Cuando aplazas 5 minutos la alarma y en lugar de eso la apagas

El susto no te lo llevas en ese momento, claro, sino cuando abres los ojos y descubres que el reloj marca una hora más de la que pensabas. Por un instante se te para el corazón para, después, acelerarse en un intento de recuperar en dos minutos todo el extra de sueño. Lo curioso es que suele funcionar.

Cuando le mientes al jefe diciéndole que estás malo y al final te lo encuentras

Y no solo mentirle al jefe, también a un amigo, un familiar, a la pareja... Ya sabes cómo es la fatídica "ley de Murphy": basta con que digas que no puedes ir alguna parte para que al final te los encuentres en el sitio menos indicado. Como bien decían nuestras madres, "se pilla antes a un mentiroso que a un cojo". 

Cuando llevas dos horas trabajando y se te apaga el ordenador sin haber guardado

Pánico, horror, deseo de estirar la pata antes de enfrentarte a la realidad: has perdido todo el trabajo de varias horas solo por no haber ido guardando. Sí, siempre queda la posibilidad de que se haya guardado una copia o que el trabajo pueda recuperarse, pero del microinfarto al ver cómo se apaga la pantalla del ordenador no te libra nadie.

Cuando disfrutas de la intimidad con otra persona y escuchas abrir la puerta

¿Recuerdas cuando estabais a solas en casa de tus padres (o de los suyos) y sonaba la puerta justo en el momento más delicado? El riesgo puede espolear el placer, pero no hay morbo que compense ver a unos padres fuera de sí. O a su cónyuge, que la situación podría ser más delicada.

¿Qué otros microinfartos has sufrido recientemente además de los que están en esta lista? Te dejo el mío más reciente, justo el que ha dado pie a este artículo.