Miguel Duran, en su despacho de Madrid.

Miguel Duran, en su despacho de Madrid. Moeh Atitar

Entrevistas En primera persona

Miguel Durán: "No sé qué aspecto tengo, mi mujer dice que soy guapo, pero ella no es imparcial"

"Veo en Albert Rivera al futuro catalizador y centrados de la política española; a Giranta le confiaría la educación de mis hijos" / "Después de muchos años de no hacer nada contra la corrupción, ahora se hacen autos de fe como con la Gürtel y Pablo Crespo, mi cliente” / "Lo de Cataluña ya no se arregla sin hacer sangre… política, no de la otra".

Anna Grau

Miguel Durán (Badajoz, 1955) es uno de esos personajes que o los tomas o los dejas, como las lentejas –tan de moda en política últimamente- pero que no dejan a nadie indiferente. Invidente de nacimiento, pero con más vista para los negocios que muchos que presumen de haber nacido con ojo de halcón, su paso por la ONCE, por los medios de comunicación (Telecinco, Onda Cero, Servimedia, El Independiente…) y hasta por la política (Libertas) ha sido personalísimo y tumultuoso, digno de un Ciudadano Kane en la sombra. Ahora defiende como abogado a un encausado por la Gürtel (Pablo Crespo) sin cortarse de denunciar el trato de favor que se da a otros procesados en causas similares, pero con otro efecto. Se declara amante de la música andalusí de raigambre árabe y de los toros aun perdiéndose la plástica de la fiesta. 

El mundo de los toros no me resulta extraño, para nada. Además, cuando fui presidente de Telecinco me tocó negociar los derechos de retransmisión y vi la parte innoble de la fiesta, la parte de dinero negro, todo eso. Por supuesto que lo mismo se puede decir del fútbol, que a mí también me tocó la época de negociar con Casaus, con Joan Gaspart, con Ramón Mendoza, Jesús Gil. Del Nido ya me cogió un poco más tarde, pero bueno, todo ese conjunto de personajes. Claro, es que el poder político necesita que el pueblo tenga circo y tenga pan. Entonces a los artífices del circo se les perdonan muchas cosas, hasta que llega el ministro de Hacienda de turno y arrea un buen empujón. Pero a mí me tocó vivir una época de mucha permisividad, sí.

Fernando Ruso

Estamos de acuerdo, señorita Grau, en que aunque mucha gente haya descubierto o haya querido descubrir la corrupción antes de ayer, lo cierto es que siempre hemos vivido rodeados de pillos. Toda la vida. El mundo cambia de formas, pero los contenidos son básicamente los mismos, en cualquier civilización. El comportamiento del poder sigue siendo más o menos igual desde el tiempo de los sumerios. No es que no evolucionemos. En algunas partes del mundo hasta se ha evolucionado bastante. Ya no llevamos a la gente a la hoguera, a lo mejor los quemamos de otra manera. ¿Que si estoy pensando en mi defendido en la causa de la Gürtel, en Pablo Crespo? No sólo en él, aunque es verdad que he tenido que presentar una ampliación a mi recurso de súplica ante el Tribunal Superior de Justicia de Valencia, por la discriminación evidente que mi cliente sufre respecto a Urdangarin, Blesa o Rato. Que conste que yo a Pablo le veo bien de ánimo, él sabe que aquí fuera estamos peleando. Además, la primera vez que ingresó en prisión él estaba solo, y su familia estaba sola, ahora él tiene la sensación de que se ha podido explicar, de que se conoce mejor su caso, y de que este nuevo ingreso en prisión ha sido muy distinto, ha estado rodeado de muestras de cariño, de gente que reconoce que es injusto verle en la cárcel, por lo menos por ahora.

Después de muchos años de no hacer nada contra la corrupción, ahora se montan paseíllos injustos y grandes autos de fe

¿Que si yo creo que se están dando paseíllos injustos, que si años después de no hacer nada contra la corrupción, de repente se montan grandes autos de fe? Pues mire, Anna, yo creo que sí. Pero es que además el superpoder, ese verdadero poder que lo decide todo, nos tiene entretenidos y distraídos con una determinada focalización de la corrupción. Mientras que la corrupción verdadera, la que de verdad nos vacía los bolsillos de una manera increíble, esa escapa a todos los focos de atención. Los medios de comunicación, por ejemplo, no siempre son conscientes de la magnitud de su responsabilidad; no hacen un análisis de conjunto. Fíjese en que cada vez que llega un partido político al poder nos deja miles y miles y miles de personas nuevas, colocadas por ese partido en la Administración, y que al irse ese partido no se van, que se quedan ahí, viviendo de nuestros impuestos. Y eso, que en los tiempos de Cánovas y Sagasta se resolvía con las cesantías, es decir, que cuando uno se iba, todos los que había nombrado a dedo se iban con él, ahora no.

Duran, en su despacho de Madrid.

Duran, en su despacho de Madrid. Moeh Atitar

Pero usted, señorita Grau, no me deja alejarme demasiado de la Gürtel, provocativamente insiste en volverme a preguntar cómo se come lo de tener a mi cliente en la cárcel preventiva mientras otros siguen tan felices en su casa, pendientes de recurso, sin ni siquiera pagar fianza. Pues mire, eso se come mal y se digiere peor. Porque es puro acíbar. Hay persecuciones judiciales y mediáticas muy desiguales. Y el tribunal que ha tomado la decisión que afecta a mi cliente tiene sin ir más lejos un miembro recusado por mí, que lo recusé por haber formado parte del PSOE, cuando la querella de la acción popular está firmada por cuatro diputados socialistas, uno de los cuales fue miembro del gabinete del juez que yo he recusado. Pero todo esto, los medios de comunicación no lo compran. Porque los de la Gürtel son los de la Gürtel, son personas ya condenadas de antemano.

En tiempos de Cánovas y Sagasta cuando se iba un político todos los nombrados a dedo se iban con él, ahora se quedan en la Administración, miles y miles…

La verdadera historia del inicio de Gürtel tampoco interesa a nadie. Nadie quiere saber cuáles eran las verdaderas motivaciones de Peñas para grabar a Paco Correa ni escudriñar, quizá, cuánto interés tuvo el exministro de Justicia Bermejo en iniciar esta persecución al PP. Todo esto ya no importa a los medios. Y es verdad, como dice Paco Correa, que a él le han pillado copiando en clase. Pero es que aquí copia mucha gente. Hay muchos que no es que vayan al examen con chuleta, es que van con el cerdo entero.

Me pregunta usted, abriendo un poco el foco, si el Ministerio de Hacienda se está convirtiendo en sí mismo en un arma de persecución política. Si estas cacerías de famosos a los que a veces se les aplican relecturas retroactivas de la ley que al final a lo mejor decaen, pero cuando eso ocurre, Hacienda ya ha recaudado y el famoso de turno ya ha sido estigmatizado. Bueno, vamos a ver... Que Hacienda intente ser ejemplarizante no es nuevo, ya viene de la época de José Borrell, cuando Borrell se cebó en Lola Flores. ¿Le interesaba a Borrell ir a por Lola Flores, o lo que pudiera recaudar de ella? Lo que le interesaba era que el tremendo notición que iba a ser la irregularidad tributaria de una persona tan famosa alertara a otros y los animara a ponerse fiscalmente al día.

Pensemos en la lista Falciani. ¿Paco Correa tenía dinero en Suiza? Sí, hombre, ya lo creo. ¿Y Luis Bárcenas tiene dinero en Suiza? Sí, por supuesto. ¿Y Pablo Crespo, mi defendido? Pues poco en comparación con otros pero sí, tiene un millón doscientos mil euros. ¿Que ese dinero no ha pasado por Hacienda? Ciertamente. En la lista Falciani había mucha, mucha gente. Por cierto, el uso judicial de esa lista no es nulo ni anulable porque no la ha obtenido ningún agente policial español. Sin embargo, grandes fortunas que aparecían en esa lista han sido amablemente invitadas por el Ministerio de Hacienda a pasar por ventanilla y regularizar su situación.

Por ejemplo, Botín. ¿Era o no era delito fiscal la ocultación que esas grandes fortunas habían hecho? ¿Fue una amnistía fiscal o no fue una amnistía fiscal la invitación que se hizo a esas fortunas a regularizarse? ¿Hay o no hay trato desigual, propiciado por la propia Administración pública? Por eso digo que nos distraen y nos distraen y nos distraen. Además, el PP, desde el punto de vista estratégico y de propaganda, a veces es de una torpeza supina.

El juicio de la Gürtel no es imparcial, está plagado de causas de recusación y nulidad, pero ya están todos condenados de antemano

Me temo que no se está muy acostumbrado a que los abogados hablen de estos temas con la rotundidad con que lo estoy haciendo yo. ¿A que no, señorita Grau? Ya me lo parecía. Supongo que es normal que exista cierto temor reverencial, cierto miedo a que el poder te aplaste más aún. Yo se lo he dicho a Pablo Crespo todas las veces que he ido a visitarle: mira, Pablo, no podemos estar en la cárcel y con miedo. Menos aún cuando sabemos que el tribunal no es imparcial sino que se deja llevar por la opinión, no la popular, que es noble, sino la del pueblo convertido en populacho.

¿Que cómo va a acabar todo esto? Pues no lo sé. Yo creo que esto está infestado de causas de nulidad. Por otra parte, esto es un partido muy desigual, que se juega en campo contrario, con el árbitro muy casero y con el público jaleando los abusos a favor de los locales. Todo es posible. Nos han dividido la causa en multitud de piezas, con lo cual nos obligan a torear seis, ocho toros a la vez. Eso es muy difícil sin llevarte un montón de cornadas, y no precisamente mientras el público te grita torero, torero, sino que lo que te gritan es corrupto, corrupto... Vamos, que todo está en contra.

¿Se ha hartado usted ya de hablar de la Gürtel? Lo entiendo, lo entiendo. Pasemos a otra cosa mariposa. Ahora quiere usted saber cómo marca el carácter de uno ser invidente de nacimiento. No sabría decirle. No sé imaginar cómo sería yo de haber podido ver. ¿Que si no veo nada de nada? Pues no, vivo en la negrura más absoluta. De pequeño y de joven percibía luz, si me giraba hacia una ventana podía discernir que de ahí venía luz. Pero luego ya... Yo tengo una enfermedad retinopática degenerativa y en mis ojos se ha hecho ya la noche por completo.

Me pregunta si tengo idea de cuál es mi aspecto personal, por ejemplo. O si eso me preocupa. Pues no, no me preocupa mucho. Mi mujer, que me quiere, dice que soy guapo, pero yo sé que su juicio no es imparcial. Pero a ella no la voy a recusar por eso, claro. Se ríe usted, señorita Grau, apuntando que por muy parcial que pueda ser mi señora, por lo menos acredita lo que en Cataluña se conoce por llengua i fets, es decir, que lo que se hace honre lo que se dice. Pues bien casada que está conmigo. Eso es innegable, sí. Llevamos nada menos que cuarenta años de matrimonio y el mérito es suyo, porque hay que decir que cuando nos enamoramos ella tenía 16 y yo tenía 18, y yo era solamente un jovencito ciego con unas expectativas más bien oscuras. Que Marisol, mi mujer, se enamorara de mí sentó como una patada en la barriga a su familia. Pero ella, erre que erre. No es que viviéramos tampoco una historia como la de Capuletos y Montescos, pero mi Marisol tuvo el mérito de arrostrar toda la oposición familiar. Nos casamos todo lo deprisa que pudimos. Y que conste que yo comprendo a mis suegros, en aquel momento yo era el que era. Luego, con el tiempo, ya vieron que la niña no se había equivocado del todo. Que no había hecho tan mal negocio casándose conmigo.

No sé qué aspecto tengo, mi mujer dice que soy guapo pero claro, ella no es imparcial; aunque algo vería en mí para enfrentarse a toda su familia para casarse conmigo

Me halaga usted subrayando que yo convertí la ONCE en todo un poder fáctico en España. Que hay un antes y un después de mi gestión. Bueno, no fui yo solo. Yo dirigí la ONCE con determinado sesgo, con determinada energía, y es verdad que en aquel tiempo se cambió el modelo de la institución y, sobre todo, logramos modificar la percepción que los videntes teníais de los ciegos. Sí, usted misma, envalentonada por mi sentido del humor, define el paso del pensar “pobrecitos los ciegos” a “jo, cuidado que vienen los ciegos”...

¿Se acuerda, sí, de cómo me llamaban en aquellas famosas conversaciones privadas que le grabaron a Benegas, cuando Felipe era el “One” o “Dios” y yo era “el del bastón”? Es verdad que desde la ONCE decidimos penetrar en los medios de comunicación, en las finanzas, en la industria, en el turismo... Pero es que había que hacer ese esfuerzo. Hicimos muchas cosas, no todas acertadas. ¿Qué no fue acertado? Pues sin ir más lejos yo tuve un exceso de notoriedad. ¿Que si llegué a convertirme en una especie de Ciudadano Kane en la sombra, nunca mejor dicho? Algo así. Yo creo que eso lo pagué de la peor manera, que es con la envidia y los celos internos de otros directivos de la ONCE, lo cual al final se tradujo en que yo me marchara.

Todavía me duele el cierre del diario El Independiente, pero aquello no podía durar: Camilo José Cela cobraba 100.000 pesetas al día por columna, Antonio Gala otras 40.000…

A lo mejor de ser yo vidente habría podido ser mecánico o pintor, cualquier oficio como el que eligieron mis hermanos. Pero al no ver, tenía claro que o yo salía por la vía de los estudios, o no salía. Y no me resignaba a perspectivas de otro tipo. Desde pequeñito tuve la firme vocación de ser abogado. Entonces estudié, y no me fue mal. La ceguera es una vieja compañera de 61 años y pico y yo creo que el secreto está en autoaceptarse. No sólo los ciegos, todos. La autoaceptación, la aceptación de la condición que cada uno tiene o tenemos, si eres gordo, si eres bajito, si eres feúcho... siempre es posible sacar de uno mismo otras cualidades y proyectarlas sobre los demás. Al final la vida va bien si somos capaces de hacer el bien en todo lo que nos sea posible. A mí lo que mejor me ha ido es intentar siempre irradiar felicidad, procurar contribuir a que todo el mundo sea un poquito más feliz. Aceptando que a veces la vida te da revolcones. Pero es verdad que hay revolcones que son incluso muy agradables... ¿Ve? Ahora he conseguido hacerla a usted reír y que me diga que no hace falta que le ponga un ejemplo, que ya se da por enterada...

Miguel Durán es abogado de Pablo Crespo en el caso Gürtel.

Miguel Durán es abogado de Pablo Crespo en el caso Gürtel. Moeh Atitar

Volviendo a cambiar de tercio, me pregunta si no echo de menos la enorme influencia mediática que llegué a tener, estar en la pomada de la comunicación. Yo tuve claro que la ONCE debía estar en los medios porque éramos demasiado ricos como para no tener también alguna implicación en ese sector. Por ejemplo, nuestra inversión en televisión fue muy positiva. En radio: yo me siento muy orgulloso de haber fundado Onda Cero. La creación de Servimedia también fue extraordinariamente positiva, creo. Y, en cambio, las incursiones en los medios escritos fueron manifiestamente mejorables. Me pregunta usted si me arrepiento de haber cerrado El Independiente... Me duele profundamente. Porque fue un cierre injusto. Porque no lo merecíamos. Porque yo mordí un bocado envenenado y porque no supe calibrar que, con una televisión privada, con una cadena de radio como la que teníamos ya, muy, muy hecha (en abril de 1991, Onda Cero tenía 186 emisoras, estábamos a punto, a punto de contratar a Luis del Olmo…), bueno, con todo eso y con Servimedia nosotros ya éramos muy respetables en el mundo mediático. Cuando yo asumí una cabecera de prensa generalista en Madrid como era El Independiente, había dos problemas: uno, que en ese momento en Madrid coexistían ocho cabeceras, nada menos, y eso Madrid no lo aguantaba. Por otra parte, El Independiente, tal y como lo llevaba Pablo Sebastián, estaba condenado a cerrar. Que nosotros apareciéramos allí en plan comando de salvamento preocupó muchísimo a todo el mundo. Era darle a una cabecera que estaba a punto de desaparecer un fuste que no tenía. Y eso preocupó a todos, como digo, pero especialmente preocupó al Grupo Prisa. Nos convertimos en su bestia negra, se nos declaró una guerra sin cuartel. También es verdad que heredamos un nivel de gestión inenarrable. Teníamos a un Camilo José Cela que cobraba 100.000 pesetas de la época por columna. Y escribía una al día. Y Antonio Gala cobraba otras 40.000 pesetas al día por su tronera. ¿Quién puede pagar eso? Había unos sueldos de escándalo. ¿Fallo mío? Que yo no analicé lo suficiente eso antes de entrar. Ni eso, ni que iba a concitar contra mí y contra la ONCE todas las confabulaciones que se desataron. Enemigos de toda la vida se hicieron amigos para confabularse contra mí. Pregúntele a Pedro J. Ramírez, él lo sabe… Si yo tuviera tiempo de sentarme a escribir mis memorias…

Lo de Libertas fue un fracaso porque Declan Ganley era un impostor y un sinvergüenza que nos tomó el pelo a todos; yo no me considero ultraconservador sino liberal y demócrata

En cuanto al paso por la política, pues qué le voy a decir: me pregunta usted si me arrepiento de haber sido candidato de Libertas, esa lista que ha llegado a ser tan denostada, como si fuera el Ku Klux Klan, y más porque un jovencísimo Albert Rivera estuviera allí. ¿Arrepentirme yo, dice? A ver, si lo tuviera que volver a hacer, no lo haría. Pero no por lo que la gente cree, sino porque me sentí defraudado por el socio irlandés, Declan Ganley, que era un perfecto impostor. Declan Ganley lo que quería era meterle miedo a Bruselas, y que Bruselas le garantizase, como le garantizó, estar en los lobbies de influencia. Fuimos instrumentos de la ambición de ese sinvergüenza. En cuanto a Albert Rivera, bueno, él me animó a entrar, fuimos a comer para hablarlo, y como a mí me va la marcha, pues me dejé convencer y me metí. No me considero una persona de ultraderecha. Soy un liberal, por supuesto de convicciones democráticas muy claras. Yo no percibí en absoluto que nosotros tuviéramos que transmitir con aquello ningún mensaje ultraconservador. Pero sí admito que Declan Ganley me decepcionó y me engañó. Sin ir más lejos, nos ofreció una financiación que luego no existía.

¿Que cómo era Albert Rivera en ese momento? Pues entonces Albert Rivera era un hombre que necesitaba más proyección, y que probablemente de no haber dado ese salto en aquel momento, a lo mejor los que empujaban por la escisión de su partido en aquella época se lo habrían acabado comiendo. Aquel salto a Albert le sirvió para mantener el dominio del partido, por lo menos. El 22 de abril de 2009 yo mismo asistí a una reunión del comité federal para convencer a la mayoría de sus miembros. Les convencí de que era bueno apostar por Libertas, aquella votación se ganó por 24 a 12. Y nos presentamos. Y tuvimos un fracaso monumental. Y yo creo que desde ese momento Albert se ha apartado de Libertas, del fracaso y de mí.

Como catameño, como catalán nacido en Extremadura, yo sigo teniendo fe en Rivera. Creo que es un hombre nacido para la política, con indudables virtudes políticas. Tiene además el comportamiento clásico de los políticos, es muy capaz de ejercer el si te he visto, no me acuerdo… Oiga, no se ría que eso es muy importante en política. Alguien puede pensar que digo esto para machacarle cuando es todo lo contrario. Si no eres capaz de dejar algunos cadáveres por el camino, en política tienes poco que hacer. Yo, por ejemplo, creo que no serviría. Pero en él sí tengo fe para ser el gran catalizador y centrador de la política española. Yo creo que se equivocó tratando de pactar con Pedro Sánchez aunque estoy convencido de que fue un error de buena fe. ¿Hasta cuándo podrá seguir comiéndole la tostada al PP? Veremos, pero tiene a su alrededor gente muy valiosa, como Luis Garicano, como Juan Carlos Girauta. Yo a Girauta le confiaría la educación de mis hijos.

¿Qué va a pasar en Cataluña? Bueno, creo que las cosas se han enquistado hasta el punto de que ya no caben soluciones farmacológicas, habrá que abrir, habrá que hacer sangre... Sangre política, espero que se entienda, no de la otra. A ver si los independentistas me van a acusar de querer sacar los tanques a la calle... Es que es fantástico, ellos pueden usar todo el lenguaje belicista que quieran, pero tú tienes que tener un cuidado... El señor Rajoy nos ha desamparado tanto, ha dejado tanto espacio libre a toda esa gente... Además, han despertado a un tigre que ellos mismos no saben dominar. ¿Cómo le explican ahora a la gente que de lo dicho nada, que era todo mentira? ¿Cómo se sale ahora de aquí?

Foto: Moeh Atitar

Foto: Moeh Atitar