Taleb Alisalem, analista y activista saharaui, durante una visita a la Casa Árabe.

Taleb Alisalem, analista y activista saharaui, durante una visita a la Casa Árabe. Cedida

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Alisalem, analista saharaui: "El Gobierno ha hecho dejación de funciones, Pedro Sánchez está regalando Ceuta a Marruecos"

El periodista y escritor saharaui analiza para EL ESPAÑOL la crisis que atraviesa Ceuta y las aspiraciones de Marruecos sobre las ciudades autónomas.

"Sánchez ha ignorado todas las teorías, la Constitución y todos los hechos históricos: está alimentando a un monstruo que se lo quiere comer".

Más información: "Miles de ceutíes cercan el hotel de Ángel Víctor Torres el primer día del Mando Único al grito de "Ceuta no es un CETI"

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Taleb Alisalem (Tinduf, 1992) conoce bien lo que significa vivir entre dos orillas. Nació en los campamentos de refugiados saharauis y llegó a España con ocho años, dentro del programa 'Vacaciones en Paz'.

Este conocido analista político de la cuestión saharaui atiende a EL ESPAÑOL en plena crisis migratoria de Ceuta mientras Marruecos vuelve a elevar el tono sobre las dos ciudades autónomas.

"Marruecos lo que necesitaba era esto: generar inseguridad", sostiene.

En conversación con este periódico, Alisalem ha analizado las aspiraciones territoriales de Marruecos, el cambio de posición del Gobierno de Pedro Sánchez respecto al Sáhara en 2022 y la respuesta del Ejecutivo español ante la crisis de Ceuta.

Todo ello desde una perspectiva que trasciende el análisis político: la de alguien cuya vida quedó marcada desde la infancia por el conflicto del Sáhara.

Taleb Alisalem, durante una intervención pública.

Taleb Alisalem, durante una intervención pública. Cedida

PREGUNTA.- En plena crisis migratoria, con la llegada masiva de inmigrantes y una creciente sensación de inseguridad entre los ceutíes, ¿qué lectura hace de lo que está ocurriendo en la ciudad?

RESPUESTA.- Marruecos lo que necesitaba era esto: generar inseguridad. El otro día me escribió un guardia civil y me dijo que había puesto su casa en venta y que había decidido marcharse a Valladolid.

Eso es, lamentablemente, lo que Marruecos está consiguiendo: un éxodo para generar unas condiciones que, quizás en el futuro, le den la oportunidad de negociar el estatus jurídico y político de Ceuta y Melilla.

Podemos hablar claramente de una dejación de funciones por parte del Gobierno. No solo lo digo yo, también lo ha dicho el presidente de Ceuta, que no ha dejado de pedir que alguien venga a ayudarle y no ha recibido más que un desfile de ministros que han ido poco más que a hacerse la foto y a hacer acto de presencia.

En una crisis así, que es la mayor que afronta la ciudad desde hace muchísimos años, tendría que haber un gabinete de crisis presente en el terreno, pero no ha sido así.

Los ceutíes se sienten completamente huérfanos ante un Gobierno que no está respondiendo con la contundencia que requiere la situación.

P.- ¿Qué persigue realmente Marruecos y hasta dónde cree que pueden llegar sus reivindicaciones territoriales?

R.- Marruecos ha entendido que la presión funciona y no considera cerrada la cuestión del Sáhara. Le falta, por ejemplo, el espacio aéreo que controla España y cambiar la delimitación de las aguas con Canarias. Por eso va a seguir utilizando la inmigración para conseguir sus objetivos.

Todo esto hay que entenderlo dentro del proyecto del 'Gran Marruecos', de esa concepción territorial en la que las reivindicaciones no terminan en el Sáhara. El Partido Istiqlal, una de las fuerzas políticas de Marruecos, ya defendía esta concepción territorial desde un Marruecos recién independizado.

Marruecos es uno de los pocos países cuya Constitución no establece de manera clara sus fronteras internacionales. Para ellos, sus fronteras no son las fronteras heredadas del colonialismo, sino lo que llaman "Derechos Históricos".

Recurren a los reinos almorávides y a otros mapas históricos para intentar reconstruir esa concepción territorial que incluye todo el Sáhara Occidental, parte del suroeste de Argelia, Ceuta, Melilla y las Islas Canarias. Marruecos nunca ha perdido una oportunidad de intentar materializar ese mapa; llevan años preparando a su población para esa idea.

Por ello es imposible entender esta última crisis únicamente como una crisis migratoria humanitaria. Ahí están las declaraciones políticas, la última de ellas ayer, del ministro de Asuntos Religiosos de Marruecos, donde reclaman abiertamente Ceuta y Melilla.

Están utilizando las herramientas que tienen, como la migración y la presión política, para intentar materializar ese mapa del 'Gran Marruecos'.

Esto también explica por qué Argelia lleva tantísimo tiempo preparándose. La mayor concentración militar que tiene está precisamente en las zonas que Marruecos reclama en su frontera suroeste.

Taleb Alisalem, durante una intervención pública en apoyo de la causa saharaui.

Taleb Alisalem, durante una intervención pública en apoyo de la causa saharaui. Cedida

P.- En marzo de 2022, Pedro Sánchez cambió la posición de España sobre el Sáhara y respaldó la propuesta marroquí de autonomía para el territorio. ¿A qué cree que respondió realmente aquel giro y qué papel ha jugado el propio PSOE?

R.- Mucha gente dice que el cambio de Sánchez fue por Pegasus, pero esta me parece una forma muy superficial de explicarlo. Es como si en un recipiente van cayendo gotitas y gotitas, y una de ellas colma el vaso. Es ahí cuando llega ese reconocimiento de la autonomía.

Antes de eso hay un trabajo del propio Felipe González, de Zapatero, sobre todo, pero especialmente en la época de Sánchez.

Se sabe que Zapatero tuvo una relación muy cercana con Marruecos y nunca ocultó su apoyo. No ha dejado estos años de dar conferencias muy bien pagadas en Marruecos, donde defendía que el Sáhara tiene que ser marroquí, con ese discurso suyo de la autonomía.

A mí me parece insultante con los saharauis que nos invite a perdonar y a convivir con quien nos está violando, con las activistas agredidas y también con el bombardeo. Marruecos nunca ha hecho nada por convivir.

Creo que hay un trabajo también interno dentro del Partido Socialista que ha presionado muchísimo para que surja ese cambio.

P.- Más allá del cambio de posición sobre el Sáhara, ¿qué cree que esperaba conseguir España de Marruecos con ese acercamiento y qué ha obtenido realmente?

R.- No ha servido absolutamente de nada porque ni han abierto las fronteras ni han dejado de lado a Ceuta y Melilla. Entiendo hasta cierto punto que desde la realpolitik España dijera en 1975: "A mí el Sáhara no me importa, así que si lo tengo que abandonar para proteger lo mío, que es Ceuta y Melilla, lo hago".

Llevo muchísimos años en esto y he coincidido con diplomáticos, intelectuales e historiadores españoles que me han explicado que, aunque no justificaban el abandono de 1975, Franco se estaba muriendo, España tenía muchos problemas internos y no sabía a qué se iba a enfrentar. Con Hassan II presionando, iniciar una guerra con Marruecos en aquel momento podía resultar insoportable y puedo entenderlo, aunque no lo comparta.

Lo que no entiendo es que, en la España democrática de 2022, estable económica, política y socialmente, llevara a España a entregar el Sáhara otra vez. Jamás habrá nada que justifique eso. Fue otra traición.

Además, que a Marruecos no le importe la historia o que nadie le reconozca, vale. Pero que España no lo haga, con la responsabilidad y el peso político que tiene sobre el Sáhara Occidental, le ha venido muy bien a Marruecos para envalentonarse ante las Naciones Unidas.

"Lleváis 50 años diciéndome que esto es un territorio pendiente de descolonizar, cuya potencia administradora es España y en el que me tengo que sentar a negociar una solución; pues ya hasta la potencia administradora me reconoce que esto es mío. No tengo nada que negociar".

Ese pensamiento debilita también la posición de las Naciones Unidas frente a Marruecos y, si la ONU sigue considerando el Sáhara un territorio pendiente de descolonización, supone un atentado contra la legalidad internacional.

Ha sido una piedra en el camino de un pueblo que ha dado mucho, ha sufrido mucho, ha resistido mucho y que ha visto cómo se le volvía a traicionar.

P.- ¿Qué riesgo asumió España al favorecer esa estrategia marroquí?

R.- Marruecos pudo interpretar esa decisión española como una demostración de que realmente la presión funciona. Se hablaba antes de la apuesta argelina por la República Saharaui como una apuesta estratégica de no alimentar un monstruo que se los quiere comer. Es decir, es la ideología expansionista marroquí.

Lo que hizo Pedro Sánchez fue ignorar todas las teorías, ignorar la Constitución e ignorar todos los hechos históricos. No hace falta tener una gran inteligencia para entender que si termina el problema del Sáhara y si materializa de algún modo su ocupación, van a venir a por ti.

P.- ¿Dónde situaría entonces el origen de la crisis de Ceuta?

R.- El Sáhara es el problema de trasfondo de absolutamente todos los problemas que hay entre España y Marruecos porque siempre que hay algún tipo de crisis con Rabat existe por debajo de la mesa un reclamo sobre el Sáhara. Siempre presiona al norte, pero el interés está al sur.

Empezó en 1965 pero, si hablamos de las crisis actuales, empezó cuando Sánchez, en marzo de 2022, reconoció esa soberanía sobre el Sáhara Occidental. Ahí Marruecos entendió algo muy importante: que el chantaje funciona y que ahora sí podrían empezar a empujar poco a poco hacia un debate que, hasta cierto punto, ya tiene el reconocimiento de España sobre el Sáhara.

Le pueden arrancar alguna cosa más, pero eso es secundario. Para ellos lo más importante es empezar a generar una especie de debate sobre la soberanía en Ceuta y Melilla, que, de algún modo, lamentablemente ya se está produciendo.

Taleb Alisalem, analista y activista saharaui.

Taleb Alisalem, analista y activista saharaui. Cedida

P.- ¿Qué cree que busca Marruecos al generar este problema?

R.- Para buscarle una solución a un problema, primero se ha tenido que crear el problema. De igual forma, para debatir sobre una soberanía, primero se tiene que creer que hay un problema sobre la soberanía.

Tanto el tema de la inseguridad de los inmigrantes, como el haber creado un problema sanitario, de migración, de sobreexplotación de los servicios públicos en la ciudad responden a un mismo objetivo: generar ese problema para que España se ahogue y se tenga que sentar con Marruecos para buscarle una solución.

P.- ¿Considera que España es incapaz de controlar la frontera o que, sencillamente, no hay voluntad para hacerlo?

R.- Está Frontex, que es una unidad de la Unión Europea para controlar las fronteras. Pero la realidad es que se llegó a una especie de acuerdo con Turquía y con Marruecos hace años por parte de la Unión Europea en el que Europa, por conservar su imagen de conjunto de países que defienden los derechos humanos, no consideraba 'decoroso' que aparecieran imágenes de ellos pegando a la gente en la frontera.

Fue entonces cuando este control se cedió en un acuerdo a Turquía y a Marruecos, es decir, a la otra parte: "Los paras tú, yo te doy el dinero". Son las famosas ayudas para luchar contra la inmigración ilegal.

Turquía recibió unos 6.000 millones y Marruecos, hasta el momento, aproximadamente 2.000, porque quieren que ellos hagan ese control de la frontera.

Pero, viendo que, por lo menos, en el caso de Marruecos no es efectivo, España sí debería tener esa capacidad de control. Son 13 kilómetros. España tiene la capacidad, otra cosa es que haya voluntad para ello.

P.- ¿Cree que Marruecos ha comprobado que esa presión funciona?

R.- Cuando premias el chantaje, la otra parte entiende que eso es lo que funciona, que por ahí es por donde tienes que actuar. Lo más grave es que ese mensaje no se lo están lanzando sólo a Marruecos —que lo va a seguir utilizando— sino también a los países de la región.

Túnez, Argelia, Libia o Mauritania pueden decir: "Ah, vale, que Europa no nos hace caso. Pues vamos a seguir el método de Marruecos, que es el único al que están haciendo caso porque les está chantajeando. Así que yo también les chantajeo".

P.- ¿Considera que Marruecos está midiendo la capacidad de respuesta de España y de sus aliados con esta crisis?

R.- Sí, como ocurrió con el Islote de Perejil, es una forma de testar no solo la respuesta de España, sino también hasta qué nivel iba a ir la respuesta de la Unión Europea en su conjunto.

Dependiendo de ello, ellos iban a calcular el grado de respuesta o el grado de hasta dónde podemos llegar. Marruecos sabe hacerlo muy bien.

Por eso tampoco vimos una declaración política hasta pasados cuatro o cinco días, porque primero lanzaron esto para hacer una prueba, a ver cómo se iba a responder no solo a nivel de fuerzas en la frontera, sino también si iba a haber una condena y si se iba a convocar a la embajadora de Marruecos.

Si se hubiese hecho todo esto, te aseguro que ahora mismo no estaríamos contabilizando cuatro reclamos, que ya son el ministro de Justicia, dos veces; el ex primer ministro, una vez; y el de hoy, el ministro de Asuntos Religiosos.

P.- Margarita Robles ha defendido que el CNI hizo su trabajo y proporcionó información al Gobierno, mientras que Fernando Grande-Marlaska sostiene que ningún servicio de inteligencia previó una entrada masiva como la que finalmente se produjo. ¿Qué le sugiere esta contradicción dentro del Gobierno?

R.- Me sugiere que desde el Gobierno se está transmitiendo una imagen de caos interno y de debilidad impresionante porque Marruecos sigue y lee al detalle todo esto.

Entre los partidos de la izquierda solo quieren hablar de la cuestión desde un punto de vista humanitario, de que es una crisis migratoria de pobres, que los inmigrantes que no les hemos hecho nada y que los tenemos que traer a todos aquí.

Pero es que a Marruecos le da igual la cuestión humanitaria. Ellos están utilizando la inmigración como una herramienta política y como una herramienta de presión.

Y mientras nosotros estamos discutiendo si son pobres, si tienen derechos humanos o no, Marruecos está diciendo: "Perfecto, yo sigo utilizando esto porque me está funcionando".

Por eso, cuando ves además una contradicción entre dos ministros del Gobierno sobre algo tan importante como si los servicios de inteligencia tenían o no información previa, la imagen que se transmite hacia fuera es de debilidad y de descoordinación.

P.- ¿Hasta qué punto le está afectando personalmente la presión que está recibiendo y qué le lleva, pese a todo, a seguir hablando públicamente de la cuestión saharaui?

R.- Para mí la cuestión saharaui no es solamente una cuestión política. Es una cuestión que cruza, modifica y condiciona mi vida. Mi madre todavía continúa en el campo de refugiados y mi padre vive en la zona ocupada.

No soy miembro del Frente Polisario ni tengo ninguna representación política. Trabajo en un hospital. Muchas veces intentan ponerme la caricatura de activista, pero soy un estudioso del tema, un analista que conoce el tema en profundidad.

Precisamente por hacer este trabajo, siempre he recibido amenazas, pero ahora está siendo brutal a todos los niveles. Todos los días hay publicaciones difamándome, diciendo que soy terrorista.

Incluso el exministro de Turismo marroquí está haciendo una campaña contra mí en X y en varios medios marroquíes. También recibo decenas de mensajes en redes sociales diciéndome "sabemos dónde vives" y publicando mi número de teléfono privado.

Sin embargo, considero que es una responsabilidad moral informar y que la gente entienda Marruecos y, sobre todo, que la cuestión saharaui esté presente y la gente la escuche.

P.- ¿Con todo lo expuesto diría que el Gobierno de España está regalando, en cierta forma, Ceuta y Melilla a Marruecos?

R.- Totalmente. Si cada vez que Marruecos presiona a España, esta le concede algo, lo que estamos haciendo es enseñarle que puede seguir presionando.