El dirigente del Polisario eliminado por Marruecos, Lahbib Mohamed Abdelaziz, en los llamados “territorios liberados” del Sáhara.

El dirigente del Polisario eliminado por Marruecos, Lahbib Mohamed Abdelaziz, en los llamados “territorios liberados” del Sáhara. Cedida

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Así caza Marruecos a mandos saharauis mientras Moncloa condecora a la policía de Rabat: "Un dron mató a mi hermano"

Rabat mata a Lahbib Mohamed Abdelaziz; ataque contra la cúpula saharaui con tecnología china, turca e israelí mientras España coopera con Marruecos.

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Al joven dirigente del Polisario Lahbib Mohamed Abdelaziz lo eliminaron los marroquíes un mediodía de domingo del pasado 7 de junio cuando dirigía una operación de hostigamiento contra posiciones militares de Rabat en el desierto.

El todoterreno en el que viajaba junto a otros dos camaradas de armas fue alcanzado en movimiento por un dron en Charg Lgkrab, que es un paraje situado en el sector que rodea Guelta Zemmur, una localidad controlada de facto por el régimen autoritario de Mohamed VI, próxima a Mauritania y asentada sobre la línea fortificada marroquí que parte el Sáhara.

El hermano de Lahbib, Jalil Abdelaziz, se enteró en Madrid de lo ocurrido gracias a un comunicado del Ministerio de Defensa saharaui dirigido a su familia.

Y tan pronto como supo de su muerte en combate, tomó el primer avión con el fin de acompañar al resto de sus hermanos "en esos días tan difíciles". Eran siete en total, y ahora quedan seis.

"A diferencia de Marruecos, que oculta a sus bajas, nosotros sí damos a conocer los nombres de nuestros mártires", asegura Jalil.

"Y al igual que otros pueblos oprimidos cuyos movimientos de liberación se alimentan del sacrificio de sus hijos, les honramos tras su muerte".

Los tres cadáveres de los militares saharauis abatidos fueron recuperados por otros miembros del Polisario y finalmente sepultados "en los territorios liberados".

A Jalil —delegado del Frente Polisario en Madrid— la muerte de Lahbib le produce sentimientos enfrentados.

Lahbib Mohamed Abdelaziz junto a uno de los hijos a los que los marroquíes han dejado huérfanos de padre.

Lahbib Mohamed Abdelaziz junto a uno de los hijos a los que los marroquíes han dejado huérfanos de padre. Cedida

"Por un lado, pierdes a un hermano menor que deja tras de sí hijos pequeños y eso no es agradable", dice.

"Pero por otro, también entiendes que al dar su vida por su pueblo se ha convertido en un ejemplo de la máxima expresión del sacrificio. Él era muy consciente de que podía morir y eso, en cierta manera, me deja más tranquilo".

Lahbib había nacido en 1989 en los campamentos de refugiados de Tinduf y era uno de los siete hijos de Mohamed Abdelaziz, el dirigente histórico que lideró el Frente Polisario desde 1976 hasta su muerte en 2016.

Tenía 36 años, estaba casado y ha dejado huérfanos de padre a tres hijos pequeños.

Lahbib Mohamed Abdelaziz, dirigente del Frente Polisario abatido por Marruecos en los denominados territorios liberados del Sáhara Occidental.

Lahbib Mohamed Abdelaziz, dirigente del Frente Polisario abatido por Marruecos en los denominados "territorios liberados" del Sáhara Occidental. Cedida

Claro que no debía su proyección dentro de la organización exclusivamente a su apellido insigne.

Había estudiado hasta secundaria en los campamentos, cursado el bachillerato en Argel gracias a un programa de becas y completado después estudios de Ciencias Políticas y un máster en Relaciones Internacionales en la Universidad de Argel.

A juicio de Jalil, "era la prueba viva de que el Frente Polisario se está renovando tanto en lo diplomático como en lo militar. Lahbib tenía una formación muy exquisita que le permitió escalar muy bien dentro de las estructuras del movimiento".

En enero de 2023 entró en el Secretariado Nacional del Polisario y, al año siguiente, fue nombrado jefe de la Primera Brigada de Reserva Operativa, que era el cargo que ocupaba en el momento de su muerte.

El enclave donde Lahbib perdió la vida fue uno de los puntos más disputados de la guerra entre Marruecos y el Polisario: sufrió ataques especialmente duros en 1981, cuando la guarnición marroquí fue desbordada y posteriormente evacuada, y volvió a ser escenario de combates después de quedar incorporado a la línea fortificada.

La también llamada "berma" no es simplemente un malecón de arena y piedras. Es un sistema defensivo militar construido por Marruecos entre 1980 y 1987 mediante sucesivas líneas de terraplenes, trincheras, puestos de observación y artillería, bases militares, alambradas, radares y extensos campos de minas.

Su trazado principal recorre alrededor de 2.700 kilómetros y separa la mayor parte del Sáhara Occidental controlada por Rabat de la franja oriental dominada por el Polisario.

Fue concebida para neutralizar la principal ventaja de la guerrilla saharaui: su capacidad para internarse en el territorio, atacar una posición y desaparecer antes de que los marroquíes tengan tiempo de reaccionar.

En un desierto abierto y casi sin obstáculos, un vehículo no necesita acercarse al muro para delatarse: basta el movimiento, la estela de polvo o una comunicación captada. La fortificación funciona así menos como una barrera física que como una larga plataforma de vigilancia, detección y fuego.

La guerra quedó suspendida en 1991 por un alto el fuego ligado a un referéndum de autodeterminación que nunca ha llegado a celebrarse.

Pero las hostilidades se reanudaron en noviembre de 2020, cuando el Ejército marroquí entró en la zona tampón de Guerguerat para levantar el bloqueo saharaui de la carretera que conecta el territorio con Mauritania.

El Polisario consideró aquella operación una violación del alto el fuego de 1991 y dio la paz por concluida.

Desde entonces, las unidades saharauis se aproximan en vehículos ligeros, disparan contra puestos fijos del muro y se retiran; Marruecos responde desde posiciones fortificadas y explota su superioridad en vigilancia y capacidad aérea.

Ese patrón de hostigamiento se volvió mucho más peligroso después de 2020 debido a que Rabat incorporó drones de reconocimiento y ataque de origen turco, chino e israelí, municiones merodeadoras y nuevos sistemas de vigilancia y guerra electrónica.

Tras normalizar relaciones con Israel, la cooperación se amplió además a la transferencia de tecnología y a la producción local de aparatos no tripulados y la berma dejó así de ser únicamente una línea fortificada y pasó a funcionar como el eje terrestre de una red capaz de detectar, seguir y atacar vehículos mucho más allá de sus posiciones.

Lo que nos lleva de regreso al pasado 7 de junio y a la cuestión central: ¿fue Lahbib abatido casualmente o su muerte fue el resultado de una operación de inteligencia más compleja?

"Desconozco el modelo exacto de aeronave con el que los golpearon porque toda la parte técnica está aún sometida a investigación por el Ministerio de Defensa saharaui y los datos no han sido divulgados todavía", reconoce Jalil.

"Sin embargo, ese tipo de ataques no se improvisan. Lo ocurrido fue el resultado de una operación de cirugía militar".

A la derecha, Jalil, junto a su hermano asesinado, Lahbib Mohamed Abdelaziz.

A la derecha, Jalil, junto a su hermano asesinado, Lahbib Mohamed Abdelaziz. Cedida

Lahbib no es el único hombre alcanzado desde el cielo en esa franja del desierto.

Desde que se reavivó el conflicto, al menos otros dos miembros de la cúpula político-militar del Polisario han muerto en ataques aéreos mientras viajaban en vehículos cerca de la berma, lo que dibuja un patrón difícil de despachar como una sucesión de golpes fortuitos.

El primero de esos altos mandos cayó en abril de 2021. Addah al-Bendir, jefe de la Gendarmería saharaui y miembro de la dirección político-militar del Frente, viajaba en un convoy cerca de la línea fortificada cuando fue alcanzado desde el aire.

El Polisario anunció que había muerto durante una misión militar en Rouss Irni, en el sector de Tifariti, pero retiró poco después el comunicado sin explicar por qué.

La hipótesis más aceptada atribuye el golpe a un Wing Loong I, un dron chino de gran autonomía capaz de vigilar y disparar munición guiada.

Otra reconstrucción sostiene que un Harfang —aparato de vigilancia derivado del israelí Heron— localizó el convoy, mantuvo el blanco dentro de sus sensores y transfirió las coordenadas a un caza.

Dos años más tarde, en septiembre de 2023, otro hombre de la cúpula. Ba Ali Hammoudi, comandante de la Sexta Región Militar y miembro del Secretariado Nacional, fue abatido por los marroquíes junto a un jefe de batallón, un antiguo alto cargo de la administración saharaui y un especialista en comunicaciones.

Dos hombres más resultaron heridos. Aunque Rabat guardó silencio, fuentes saharauis y marroquíes atribuyeron el ataque a aparatos israelíes.

Esa maquinaria militar recientemente adquirida por el régimen autoritario no ha sido solo utilizada para cazar a mandos del Polisario.

En noviembre de 2022, seis buscadores de oro murieron cerca de Mijek. En enero de 2023, la misión de Naciones Unidas confirmó la muerte de un civil en Tifariti y, días más tarde, la de tres mauritanos en Bir Lahlou.

Según la ONU, entre octubre de 2024 y septiembre de 2025, los ataques marroquíes con drones mataron a 21 combatientes del Polisario e hirieron a otros siete, la mayoría en los alrededores de Mijek.

¿En qué consiste exactamente el arsenal tecnológico adquirido por Mohamed VI para sostener esta nueva guerra asimétrica de baja intensidad contra el Polisario?

Digamos que Rabat ha construido esa capacidad por capas. En 2020 recibió de Emiratos Árabes Unidos los primeros Wing Loong I, fabricados en China, que le dieron capacidad para vigilar y golpear a larga distancia.

En 2021 adquirió a la empresa turca Baykar los Bayraktar TB2 y después encargó los Akıncı, aparatos más pesados, con mayor autonomía y capacidad de carga.

Un año después, el pacto de defensa con Israel abrió una nueva fase: Marruecos compró a BlueBird Aero Systems —compañía israelí participada por Israel Aerospace Industries— 150 WanderB y ThunderB, diseñados para reconocer el terreno, localizar objetivos y transmitir sus coordenadas, y añadió la munición merodeadora SpyX, también israelí.

En 2024, Israel Aerospace Industries confirmó la existencia de un contrato de 1.000 millones de dólares que medios marroquíes e israelíes asociaron a la adquisición por Rabat del satélite Ofek 13.

El inventario del arsenal tecnológico marroquí no basta para identificar qué aparato mató a Lahbib pero permite reconstruir varias cadenas posibles.

Un radar de la berma pudo detectar el vehículo en el que viajaba y entregar su posición a un TB2 o a un Wing Loong armado.

Un Harfang, un Heron o un Hermes 900 pudo seguirlo durante la aproximación y transferir después el blanco a otro dron, a la artillería o a un avión.

Una estación de guerra electrónica pudo captar una emisión de radio y asociarla a una unidad concreta.

Las imágenes de satélite habrían servido para estudiar rutas y movimientos recurrentes, aunque difícilmente sustituyen por sí solas la vigilancia táctica en tiempo real.

También cabe una explicación más sencilla: que el vehículo fuera descubierto durante el ataque como tantos otros y que Marruecos solo conociera después la identidad de sus ocupantes.

Jalil admite que el modus operandi del Polisario ofrece grandes oportunidades para cazar a mandos debido, entre otras cosas, a que sus oficiales se involucran directamente en el combate.

Jalil Abdelaziz, hermano del dirigente asesinado del Polisario, y delegado de la organización en España.

Jalil Abdelaziz, hermano del dirigente asesinado del Polisario, y delegado de la organización en España. Cedida

"El Polisario combina características de un ejército clásico con la capacidad de movilidad de una guerrilla y se apoya en la determinación del propio combatiente saharaui", afirma.

"Eso es lo que nos diferencia del marroquí que se alista para tener un sueldo: nosotros nos alistamos para ser dignos. La jerarquía y la autoridad se ganan en combate".

Jalil es también de la opinión de que los objetivos prioritarios están identificados antes de que aparezcan en el campo de visión: "Marruecos tiene seleccionados los perfiles, y no solo el de mi hermano, sino los de toda esa nueva generación del Frente Polisario que va a tomar el relevo del grupo fundacional".

En los días posteriores al ataque, medios próximos al relato marroquí y algunas voces de la disidencia saharaui llegaron a sugerir incluso que Lahbib, considerado una posible alternativa a Brahim Ghali, había sido enviado deliberadamente a una operación de alto riesgo para quitárselo de en medio.

La teoría no está respaldada por ninguna prueba y el propio Jalil le resta credibilidad. "Marruecos aprovecha el escenario para tratar de generar división interna", afirma.

Por otro lado, mientras los nuevos aparatos de Mohamed VI liquidan combatientes saharauis en campo abierto, el Polisario mantiene una campaña de hostigamiento contra las posiciones fijas de la berma.

Sus comunicados militares aseguran haber golpeado puestos de mando, emplazamientos de artillería, bases, concentraciones de tropas y puntos de abastecimiento en distintos sectores.

La MINURSO ha constatado repetidamente disparos y restos de proyectiles a ambos lados de la línea —incluidos cohetes caídos cerca de sus instalaciones en Smara y Auserd—, aunque rara vez ha podido verificar la magnitud de las bajas y los daños que los saharauis atribuyen a sus ataques.

Ahí reside el carácter profundamente asimétrico de esta guerra. El Polisario dispara contra objetivos fijos cuyas coordenadas conoce: una base, una batería, un radar o un puesto de mando situado junto al muro.

Para alcanzarlos, sus unidades deben aproximarse en vehículos, detenerse, desplegar las armas, emitir comunicaciones y retirarse antes de ser localizadas.

Marruecos, en cambio, puede permanecer detrás de la berma y observar desde el aire una extensión inmensa del desierto hasta convertir una estela de polvo, una señal de radio o un todoterreno en movimiento en un blanco.

El Polisario anunció en octubre de 2022 que trataría de reducir esa desventaja mediante la adquisición de drones armados. El entonces ministro saharaui del Interior aseguró que el movimiento se dotaría de aparatos con capacidad ofensiva, pero no identificó proveedor ni modelo.

Lahbib Mohamed Abdelaziz junto a otros miembros del Polisario, en el Sáhara.

Lahbib Mohamed Abdelaziz junto a otros miembros del Polisario, en el Sáhara. Cedida

Marruecos respondió inmediatamente acusando a Irán de suministrárselos y advirtió de una represalia militar.

Desde entonces, Rabat ha atribuido al Frente el empleo de municiones iraníes —incluidos supuestos Arash-2 en el sector de Smara—, pero no existe una verificación independiente que permita afirmar que el Polisario dispone de una flota operativa de drones armados.

Incluso si hubiera incorporado algunos aparatos o municiones merodeadoras, eso no equilibraría por sí solo el campo de batalla. La ventaja marroquí no consiste únicamente en poseer drones que disparan, sino en la red que los hace más letales y precisos.

¿Y cómo ha reaccionado Madrid a lo ocurrido? Según dice Jalil, "la República Saharaui decretó tres días de luto oficial por Lahbib, que es la máxima expresión de duelo. Pero en la capital de la antigua potencia administradora, la muerte de un miembro de su dirección política no mereció una sola frase del socio mayoritario del Gobierno".

Claro que, en palabras del delegado en Madrid del Frente Polisario, lo que genera más inquietud entre los suyos no ha sido tanto ese silencio como la cascada de condecoraciones con la que el Ejecutivo de Pedro Sánchez viene premiando desde hace años a los responsables del cuestionado aparato policial y de inteligencia del régimen autoritario de Rabat.

Apenas veinticinco días después de la muerte de Lahbib, el 2 de julio, el general de brigada Luis Peláez Piñeiro, jefe de la Jefatura de Información de la Guardia Civil, se reunió en Rabat con Abdellatif Hammouchi, director general de la Seguridad Nacional —DGSN— y director general de Vigilancia del Territorio —DGST—, es decir, máximo responsable de la Policía y de la inteligencia interior marroquí.

Durante el encuentro, varios oficiales marroquíes recibieron distinciones españolas por su cooperación con Madrid.

Interior no ha aclarado qué resoluciones amparan las condecoraciones ni qué hicieron merecedores de ellas a los miembros de dos instituciones ampliamente cuestionadas por su papel en la represión interna.

La DGSN ha sido señalada por el uso excesivo de la fuerza y las detenciones masivas de manifestantes, y la DGST viene siendo vinculada desde hace años a denuncias de tortura y, más recientemente, al espionaje con Pegasus de periodistas, activistas y dirigentes extranjeros.

El propio Hammouchi había sido distinguido ya por el propio Gobierno de Sánchez. En septiembre de 2019, a propuesta de Fernando Grande-Marlaska, el Ejecutivo le concedió la Gran Cruz de la Orden del Mérito de la Guardia Civil, la categoría más alta de la distinción.

Y se da la circunstancia de que la hoja de servicios de Hammouchi no es precisamente conocida por su limpieza democrática.

En 2014, la justicia francesa intentó interrogarlo a raíz de varias denuncias por presuntas torturas y complicidad en torturas presentadas por la ONG ACAT y por el exboxeador Zakaria Moumni. Rabat respondió suspendiendo la cooperación judicial con París.

Ninguna de aquellas acusaciones acabó en condena, pero el nombre de Hammouchi quedó ligado desde entonces a las denuncias sobre los métodos dudosos de la DGST.

Al decir de Jalil, Marruecos ha convertido España en una prolongación del escenario de guerra que le enfrenta al Polisario.

"Es sabido que la inteligencia de Rabat campa a sus anchas en España", apunta.

"Y ello, por no hablar de todos los españoles que trabajan para el lobby marroquí. La presión brutal que ejercen está más que documentada y ello incluye un chorro de querellas que ha afectado también a periodistas, junto a procesos judiciales, coacciones y seguimientos".

Para el delegado en Madrid del Polisario, el silencio del gobierno socialista ante los ataques al pueblo saharaui es perfectamente coherente con el cambio de ruta iniciado por Sánchez en marzo de 2022, cuando escribió a Mohamed VI y calificó el plan marroquí de autonomía para el Sáhara como la base "más seria, creíble y realista" para resolver el conflicto.

La fórmula liquidó la posición española mantenida durante décadas y fue comunicada por el Palacio Real marroquí.

Jalil interpreta aquel giro como el resultado de una relación construida sobre la coacción. "La debilidad de España ha condicionado su relación con Marruecos, y Rabat lo ha entendido: a España hay que presionarla", afirma.

Durante la crisis de 2021 provocada por la hospitalización en España de Brahim Ghali, el CNI advirtió al Gobierno de que la inteligencia exterior marroquí estaba tratando de captar colaboradores en distintos ámbitos españoles y que dedicaba a ello abundantes recursos, también económicos.

Mientras Mohamed VI retiraba a su embajadora, relajaba el control fronterizo y dejaba que miles de personas entraran en Ceuta, sus servicios buscaban ojos, oídos y voluntades al otro lado del Estrecho.

En los últimos trece años, los informes del CNI también han impedido que al menos seis ciudadanos marroquíes obtuvieran la nacionalidad española por sus supuestos vínculos con el aparato de espionaje de Rabat.

Las decisiones fueron discutidas ante los tribunales y no todas describen el mismo tipo de relación: aparecen empleados consulares, empresarios y personas a las que el servicio atribuyó contactos o colaboración con agentes marroquíes.

Son expedientes distintos, no las piezas demostradas de una sola red. Pero, a juicio de Jalil, corroboran que Marruecos no contempla España como el territorio neutral de un socio, sino como un espacio en el que obtiene información, recluta apoyos y combate a sus adversarios.

Más recientemente, el pasado mes de marzo, la Audiencia Nacional avaló el despido de un agente del CNI de origen marroquí al que el servicio español de inteligencia expulsó en 2023 por temor a que pudiera ser captado por Rabat.

Un informe interno calificaba su lealtad a España y a la institución de "como mínimo, incierta" y advertía de que su desafección, sus vínculos familiares en Marruecos y el incumplimiento del deber de reserva constituían un "riesgo grave de seguridad".

La paradoja resulta difícil de ocultar: mientras el Gobierno condecora a la cúpula de la inteligencia marroquí, su propio servicio secreto aparta a uno de sus agentes por miedo a que esa misma inteligencia lo reclute.

"Nosotros no queremos que España entre en guerra con Marruecos", afirma Jalil.

"Podemos entender que existan relaciones, cooperación e intereses comunes. Pero eso no justifica que Marruecos pida a España que apoye un planteamiento que le pone en contradicción consigo misma.

Y, sin embargo, incluso dentro de la UE, quien sale siempre a defender a Marruecos es España".

Para el delegado en Madrid del Polisario, la contradicción resulta todavía más notoria en la política exterior de Sánchez.

"Por un lado, reconoce el derecho de los palestinos a disponer de un Estado, denuncia una ocupación y reclama que se cumplan las resoluciones internacionales", asegura.

"Pero en el Sáhara, en cambio, respalda la propuesta de autonomía de la potencia ocupante y deja fuera de su discurso el referéndum que dio origen a la misión de Naciones Unidas".