Jorge Carrillo y su esposa, Carmen Menéndez, con sus nietos.

Jorge Carrillo y su esposa, Carmen Menéndez, con sus nietos. Cedida por Jorge Carrillo

Reportajes

Jorge, hijo de Santiago Carrillo, a los 90 años de la Guerra Civil: "Mi padre no fue el responsable de Paracuellos, empezó antes"

El vástago del exlíder del PCE asegura que "el franquismo solo le vinculó con las matanzas cuando fue nombrado secretario general del partido".

"Tras el fracaso del 23-F, una revista publicó una lista de personas a ejecutar si triunfaba el golpe: aparecíamos mi madre y yo".

Más información: Javier Cercas: "El 23-F es el mito fundacional de la democracia, nuestro asesinato de Kennedy; es una paranoia colectiva"

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A Jorge Carrillo (París, 1953) se le adivina un ligerísimo acento francés cuando habla, fruto de una infancia vivida en el exilio.

Es el hijo menor del secretario general del Partido Comunista de España (PCE), Santiago Carrillo, figura clave en la resistencia contra el franquismo, la Transición y el 23-F.

Cuando se sienta con EL ESPAÑOL para hablar de historia y política, su apellido pesa como una pieza de museo. Al igual que su padre, se declara abiertamente comunista.

Jorge Carrillo, durante su entrevista para EL ESPAÑOL.

Jorge Carrillo, durante su entrevista para EL ESPAÑOL. Esteban Palazuelos EL ESPAÑOL

Pero cuando rememora las vivencias de su progenitor durante la Guerra Civil, hay algo que pesa todavía más en el ambiente: la controversia que le rodeó toda su vida por las acusaciones que se vertieron sobre su presunta responsabilidad sobre las matanzas de Paracuellos.

Jorge, autor del libro Luchadoras. Memoria de una deshonra saldada (Almuzara), lo tiene claro: "Mi padre no es un genocida. En la Causa General, el libro con el franquismo quiso justificar los entrecomillas crímenes de la II República, su nombre no aparece vinculado para nada con Paracuellos. Esa acusación solo llegó cuando se hizo secretario general del PCE".

Este economista es una de las mejores fuentes a las que se puede acudir para conocer la historia más íntima de Santiago Carrillo, una figura clave en la historia reciente de España que fue mucho más que el secretario general del Partido Comunista.

Mucho antes del 23-F, de ser una figura clave en la Transición y de consolidarse como un referente intelectual de la izquierda a la izquierda del PSOE, fue uno de los responsables de la defensa de Madrid tras estallar la Guerra Civil.

Algo que ocurrió tal día como este viernes, pero hace 90 años: cuando en aquel lejano 18 de julio de 1936, el golpe de Estado llegó a la Península.

"La defensa de Madrid era un elemento fundamental en la defensa de la República", expone su Jorge Carrillo. "Que Madrid cayera le daba mucha más facilidad a las tropas sublevadas para avanzar en todos los frentes. Era importante mantener la capital, ese símbolo que no caía, que se defendía. Y eso pasaba por encima de la vida de los que optaban por esa, por esa defensa", rememora mientras recuerda los relatos de su padre.

Santiago Carrillo, en una foto tomada durante la Guerra Civil.

Santiago Carrillo, en una foto tomada durante la Guerra Civil. Fondo Fichero Fotográfico del Ministerio de Propaganda 'Archivo Rojo' Ministerio de Cultura

PREGUNTA.– ¿Qué les contaba su padre a usted y sus hermanos sobre la Guerra Civil y sus años de clandestinidad?

RESPUESTA.– Se jugó el tipo en aquel 1936 cuando aceptó estar en la Junta de Defensa de Madrid, porque el Gobierno se fue a Valencia convencido de que Madrid caería en días.

Y los que aceptaron formar la Junta de Defensa con Miaja estaban firmando prácticamente su defunción, sabiendo que era muy probable que les cogieran en una semana. Al final, Madrid resistió.

P.– El Gobierno huyó. ¿Santiago Carrillo vio una posibilidad?

R.– Sí, y en aquel momento todavía no estaba claro cuál iba a ser el papel de los países occidentales en el conflicto. No podían anticiparse al golpe bajo que sufrió la Segunda República con la política de no intervención de Francia y Reino Unido.

Sin embargo, el lado franquista tenía todo el apoyo por parte de la Alemania de Hitler, de la Italia de Mussolini, mientras se ponían todas las pegas posibles a la ayuda a la República y se cortaba desde Francia toda la posibilidad de que el armamento que estaba vendiendo la Unión Soviética llegara a manos de las tropas republicanas.

El economista Jorge Carrillo, autor de 'Luchadoras: Memoria de una deshonra saldada', durante su entrevista para EL ESPAÑOL.

El economista Jorge Carrillo, autor de 'Luchadoras: Memoria de una deshonra saldada', durante su entrevista para EL ESPAÑOL. Esteban Palazuelos EL ESPAÑOL

P.– Cuando ustedes hablaban en casa con su padre sobre la guerra, ¿qué reflexiones hacía él? ¿Qué le quedó después de sus tres años de lucha?

R.– Le quedó fundamentalmente que cualquier guerra de ese estilo, donde se enfrentan dos partes de una población, aunque una de ellas tenga muchísima ayuda exterior que fue decisiva para el resultado, que era una auténtica barbaridad la negativa de Franco y sus tropas de respetar la voluntad popular expresada en las urnas y dar ese golpe de Estado.

Le quedó que había que superarlo todo con el tiempo y terminar haciéndose a la idea de que España debía avanzar hacia una reconciliación de los españoles.

P.– A muchas personas que han visto, vivido o participado en una guerra les quedan muchas veces unas heridas psicológicas, esos fantasmas de la guerra que a menudo les acompañan toda su vida. ¿Cree que a su padre también le pasaba eso?

R.– Yo creo que fantasmas no. Pero sí una obsesión por que eso no pudiera volver a ocurrir nunca más.

Las matanzas de Paracuellos

Las matanzas de Paracuellos fueron asesinatos masivos de presos de las tropas franquistas perpetrados por soldados del bando republicano en Madrid en los primeros compases de la guerra,

Se produjeron cuando las autoridades republicanas evacuaron reclusos de las cárceles madrileñas para evitar que fueran liberados por las tropas sublevadas que avanzaban sobre la capital.

Durante años, se ha debatido la responsabilidad de Santiago Carrillo en estas ejecuciones, dado su cargo de consejero de Orden Público. La polémica le persiguió toda su vida.

En una entrevista televisiva con Fernando Sánchez Dragó en 2007, en el programa Las Noches Blancas de Telemadrid, el histórico dirigente del PCE no pudo contener su malestar al volver a ser cuestionado.

El periodista comenzó suavizando la pregunta: "No quiero preguntarte por Paracuellos porque sé que, en primer lugar, todo lo que tienes que decir ya lo has dicho mil veces, y probablemente todas las personas que en estos momentos nos están escuchando te lo han oído decir".

"Pero comprende que no puedo no mencionarlo en esta entrevista, entonces quiero hacerte unas cuantas preguntas un poco sesgadas para que dirimas o no tus responsabilidades en todo aquel asunto. ¿Tú reconoces que, desde el punto de vista de quienes te echan en cara lo de Paracuellos, es difícil creer que no lo supieras porque eras miembro de la Junta de Defensa Nacional y consejero de Orden Público?", se justificó el periodista.

La respuesta de Carrillo fue tajante: "Yo he contestado ya a eso. Me duelen los carcaños de contestar (...) Y yo reconozco que en esa evacuación yo no pude garantizar la vida de los [presos del bando golpista] porque eran los primeros días de la defensa de Madrid, no había un aparato de policía en ese momento, porque la única posibilidad era utilizar las milicias de retaguardia, que en un momento en que había mucho odio, no estaban en condiciones de defender hasta el fin a los que convoyaban".

Dragó aprovechó para interpelarle: "¿Si hubieras sabido aquello dentro de este contexto de que había que defender Madrid a cualquier precio, hubieras evitado lo de Paracuellos?".

A lo que Carrillo respondió: "Si lo hubiera sabido hubiera querido evitarlo, pero no sé cómo hubiera podido hacerlo. Ni siquiera estoy seguro de haber podido evitarlo, porque es que nadie se imagina lo que es que te digan 'usted es el responsable del orden público', pero no tienes nada".

El exsecretario general del PCE siempre negó que él ordenase aquellas ejecuciones. Y eso mismo recalca su hijo.

El economista Jorge Carrillo, autor de 'Luchadoras: Memoria de una deshonra saldada'.

El economista Jorge Carrillo, autor de 'Luchadoras: Memoria de una deshonra saldada'. Esteban Palazuelos EL ESPAÑOL

P.– La controversia de Paracuellos persiguió a su padre toda su vida. ¿Cómo se trataba el tema en casa?

R.– Hay una cosa que es sorprendente. En la Causa General, el libro sacrosanto del franquismo para justificar los entrecomillas crímenes de la República, en ningún momento se vincula a Santiago Carrillo con Paracuellos para nada.

Se le empieza a vincular con las matanzas cuando llega a la Secretaría General del PCE [en 1960], porque en ese momento pasa a ser el enemigo que hay que abatir. Y todo vale.

Yo la verdad es que nunca he tenido problemas con el tema de Paracuellos. Nunca me lo han echado en cara. Y en casa fue una página que cerramos en cuanto lo hablamos la primera vez. No volvió a ser un elemento que mencionáramos nunca más.

Es un tema con el que los que quieran echar mierda seguirán haciéndolo hasta que se mueran. Tengo muy claro que mi padre no fue un genocida, que no estuvo implicado en estos hechos, que las matanzas de Paracuellos habían empezado antes del día en el que asumió sus responsabilidades de la Junta de Defensa.

Con lo cual, no se le puede achacar que lo hiciera en ese periodo. Y luego es conocido que mientras estuvo en la Junta de Defensa llevando el tema de Gobernación, él fue la persona que planteó suprimir a las 'checas' y que luchó para conseguirlo.

El 23-F

Uno de los momentos más destacados de toda la vida de Santiago Carrillo —después de su exilio en la posguerra y al regresar a España tras la muerte de Franco— fue el 23-F, del que este año se ha celebrado el 45 aniversario.

Teodulfo Lagunero junto con Santiago Carrillo.

Teodulfo Lagunero junto con Santiago Carrillo. .

Cuando los guardias civiles golpistas tomaron el Congreso y abrieron fuego en el hemiciclo, él fue el único que no se cubrió bajo su escaño, al igual que el presidente saliente, Adolfo Suárez, y el ministro de Defensa, Manuel Gutiérrez Mellado. Carrillo permaneció sentado sin inmutarse, mientras el resto de diputados se tiraron al suelo para protegerse.

Antes de los tiros, oliéndose que el golpe iba a ocurrir en algún momento, susurró: "Pavía llega antes de lo previsto", según él mismo recordó en entrevistas posteriores.

Y ya con los guardias civiles tomando el Congreso, no era descabellado pensar que la vida de Carrillo corría grave peligro. El clima de tensión de una España que acababa de salir de una dictadura, con ETA matando en sus peores momentos, llevó a buena parte de la cúpula militar franquista y anticomunista a querer derrocar al Gobierno que había instaurado el sistema de partidos, legalizando el PCE.

El teniente coronel Tejero irrumpe en el Congreso de los Diputados durante la investidura de Calvo Sotelo

El teniente coronel Tejero irrumpe en el Congreso de los Diputados durante la investidura de Calvo Sotelo Manuel P. Barriopedro EFE

Durante aquellas horas, el que estuvo delante de los cañones fue Santiago. Pero fuera del Congreso esperaban con desazón su esposa, Carmen Menéndez, y uno de los hijos de ambos, Jorge, que ahora relata en detalle cómo vivieron esos momentos.

P.– Vivieron el 23-F muy de cerca. Usted estaba esa noche con su madre.

R.– Yo estuve con mi madre toda aquella noche. Vi las imágenes del golpe en televisión en directo, en casa.

De manera que mi madre y yo decidimos lo que puede parecer una buena insensatez: vamos a ir a decir a los guardias civiles que están en el Congreso de los Diputados que queremos hablar con mi padre.

Fuimos a meternos en la boca del lobo. El cordón de la Policía Nacional no nos dejó pasar. Nos dijeron que transmitieron a Tejero que la mujer y un hijo de Santiago Carrillo estaban fuera pidiendo hablar con él. Y Tejero dijo que ni de broma.

Mis hermanos estaban haciendo dos cosas: hacer desaparecer fichas de afiliados y luego ir llamando a todos los afiliados para convocarlos a una concentración que estaba preparando en secreto el PCE para el día siguiente, si el golpe se seguía manteniendo.

Tras el fracaso del golpe, una revista publicó una lista de personas a ejecutar si triunfaba el 23-F. En ella, aparecíamos mi madre y yo.

Creo que tenía esta el visto bueno de Tejero, pero no el de Armada.

Una foto de archivo, del 26 de julio de 1977, de Santiago Carrillo durante una intervención en el Congreso.

Una foto de archivo, del 26 de julio de 1977, de Santiago Carrillo durante una intervención en el Congreso. EFE

P.– ¿Llegaron a creer que podían matar a su padre?

R.– Llegamos a la misma conclusión porque alguien nos llamó y nos dijo: 'La información que yo tengo es que han cogido a Suárez, a Gutiérrez Mellado y a Santiago y los han sacado de la sala del hemiciclo'.

Y ya para mi madre y para mí en aquel momento eso creaba no una convicción de que los iban a matar, pero sabíamos que había grandes probabilidades.

La información era cierta. Carrillo y Gutiérrez Mellado, junto con Felipe González y Alfonso Guerra (ambos del PSOE), fueron llevados a la Sala de los Relojes del Congreso. Se les repartió a cada uno en una esquina, y fueron vigilados muy de cerca por agentes de la Guardia Civil. Suárez, por su parte, pasó la mayor parte del tiempo encerrado en la sala de ujieres.

P.– ¿Qué sintió cuando vio en las imágenes de televisión en directo que su padre no se tiró al suelo al comenzar los disparos?

R.– Yo veía que había una cabeza que no desaparecía, sabía que mi padre estaba ahí. La sensación fue de orgullo, de pensar que seguía siendo la misma persona que se juega el tipo.

Más tarde, una diputada del PCE nos contó a mi madre y a mí que, efectivamente, era el único del partido que no se había tirado al suelo. Y mi madre en voz baja, para que no lo oyera todo el mundo, le dijo: 'Santiago ha hecho lo que debía hacer un comunista'.

Luchadoras

Como quedó patente durante el 23-F, detrás de Santiago Carrillo hay dos mujeres fundamentales en su vida y cuyos nombres no aparecen en el selectivo criterio de los anales de la historia: su madre y su abuela.

Por eso, Jorge Carrillo acaba de lanzar su primer libro: Luchadoras. Memoria de una deshonra saldada (Almuzara), en el que pone el acento en esa parte de su familia que ha pasado desapercibida y del que profundiza durante la entrevista con este diario.

La portada de 'Luchadoras. Memoria de una deshonra saldada' (Almuzara).

La portada de 'Luchadoras. Memoria de una deshonra saldada' (Almuzara). Cedida

P.– ¿Por qué decide escribir este libro?

R.– Decidí escribir el libro porque mi abuela, en sus últimos días de vida en 2001, nos contó a mi mujer y a mí algo fundamental de su vida que no había contado nunca: cómo trabajó en casa del cacique del Valle de Somiedo, cómo fue violada reiteradas veces por el cacique, se quedó embarazada y se negó a abortar.

Decidí esperar para publicar esta historia porque era muy traumática para mi madre: enterarte ya cuando tienes 40 años de que eres el fruto de una relación no deseada, de una violación...

Esto a pesar de que mi abuela la quiso enormemente toda su vida. Así que, una vez fallecida mi madre, me decidí a escribir.

Estoy convencido de que mi abuela quería que se contara lo que le había pasado, porque si no, no nos lo habría revelado en sus últimos días. Y yo consideré que les debía tanto a mi madre como a mi abuela el contar esa historia para contribuir a desmitificar el aspecto vergonzoso que ha tenido ser violada en este país.

P.– Su madre es conocida casi exclusivamente como 'la mujer de Santiago Carrillo', pero hay mucho más.

R.– A mi madre, al poco tiempo de conocer a mi padre, se le plantea ir a trabajar a París en el aparato de la Juventud primero, y luego se le propone pasar al aparato clandestino del PCE en Francia, que era el aparato que recibía todos los informes de los cuadros en España.

Su trabajo era decodificarlos, fotografiarlos, hacer microfichas de todos los informes para que queden para la historia. Ella jugó ese papel durante unos cuantos años. Un papel invisible. Tan invisible que nunca habló de ello.

Pasó a ser su proyecto personal, al mismo tiempo que criar a tres hijos de un padre que muy a menudo tiene que estar fuera.

María Alivio y Carmen Menéndez, abuela y madre de Jorge Carrillo.

María Alivio y Carmen Menéndez, abuela y madre de Jorge Carrillo. Cedida

P.– Usted creció junto a sus hermanos en el exilio en Francia, en la clandestinidad más absoluta. ¿Cómo era esa vida siendo niños?

R.– Un niño de una familia normal tiene una vida normal y no se la cuestiona. Es su vida. Nosotros tenemos una vida normal que no tiene nada que ver con la normalidad de la vida de un niño, y no nos la cuestionábamos.

Era nuestra vida. De pequeños no nos planteábamos nada. Hablábamos castellano en casa, pero fuera solo podíamos hablar francés porque no se podía saber que no éramos franceses, ni siquiera nuestros amigos más íntimos.

Era un secreto que manteníamos. No había ninguna presión ni ninguna sensación rara.

Santiago Carrillo y su mujer, Carmen Menéndez, dando un paseo por Verdicio (Asturias) en 1989.

Santiago Carrillo y su mujer, Carmen Menéndez, dando un paseo por Verdicio (Asturias) en 1989. Cedida

P.– ¿Y cuándo se enteraron de quién era realmente su padre?

R.– Era el año 63, yo tenía 10 años. Hasta entonces, no lo sabíamos. Para nosotros, nuestro padre era contable de una gran empresa, tan grande que tenía coche y chófer, porque mi padre nunca supo conducir. Pero no lo cuestionábamos.

Pero el año 1963 fue también el que fusilaron a Julián Grimau, que para nosotros era un tío nuestro porque venía asiduamente a nuestra casa.

Y claro, ver en el periódico, en primera página y en grande, la foto con el texto en francés... Es un choque tremendo. Al lado de eso, saber quién era nuestro padre casi pasó inadvertido.

P.– Usted se considera comunista. ¿Qué significa eso hoy?

R.– Somos una de las familias en las cuales los tres hijos siguen en la misma senda de un comunismo democrático en el que nos embarcaron nuestros padres.

En mi casa, a finales de los 60 y principios de los 70, entraba toda la literatura prohibida en la Unión Soviética.

En cuanto mi padre veía que comprábamos un libro, decía: 'A ver, en cuanto lo termines déjamelo'. Y eso era sistemáticamente. Era una cultura muy abierta.

A día de hoy, ningún partido me satisface, no me parece que ninguno vaya en el camino que creo que hay que ir. Entiendo que debería haber un partido a la izquierda del PSOE, pero este debería estar alejado de sectarismos.

Una de las próximas presentaciones del libro tendrá lugar en la próxima fiesta del PCE, el domingo 27 de septiembre a las 11.30 horas en Rivas.