Al-Thani, el jeque a la fuga tras endeudar al Málaga con 14,3 M.

Al-Thani, el jeque a la fuga tras endeudar al Málaga con 14,3 M. Arte EE

Reportajes

Al-Thani, el jeque a la fuga tras endeudar al Málaga con 14,3 M: "Se encaprichaba de jugadores que tenía su hijo en la Play"

La orden de búsqueda y captura contra el expresidente del Málaga CF reabre la historia del jeque que llevó al club a la Champions y acabó en los tribunales.

Más información: La Justicia ordena la detención del jeque Al Thani y sus hijos por el caso Málaga CF

Publicada
Actualizada

Lejos quedan los días en los que el jeque Abdullah ben Nasser Al Thani controlaba el destino del Málaga CF desde el palco presidencial. Hoy, el eco de aquellos años de gloria se diluye en una frase lapidaria de un auto judicial emitido el pasado 7 de julio: "No se conoce su real paradero".

La paciencia de los tribunales se ha agotado: el Juzgado de Instrucción número 14 de Málaga ha dictado este martes una orden europea e internacional de búsqueda y detención contra el jeque y tres de sus hijos.

El auto de apertura de juicio oral pone precio al desfalco y tasa en 14,3 millones de euros el presunto agujero económico en las arcas blanquiazules, una herida financiera que la Justicia exige taponar de inmediato con una fianza idéntica.

Abdullah ben Nasser Al Thani, junto a sus hijos Nayef (izquierda) y Nasser (derecha), durante una comparecencia en su etapa al frente del Málaga CF. Padre e hijos están investigados por la gestión del club; la reciente orden europea e internacional de búsqueda y detención alcanza también a Rakan Al Thani, que no aparece en la imagen.

Abdullah ben Nasser Al Thani, junto a sus hijos Nayef (izquierda) y Nasser (derecha), durante una comparecencia en su etapa al frente del Málaga CF. Padre e hijos están investigados por la gestión del club; la reciente orden europea e internacional de búsqueda y detención alcanza también a Rakan Al Thani, que no aparece en la imagen. Foto de Archivo Europa Press

Sobre esa base, la Fiscalía solicita para cada uno de ellos 14 años de prisión por presuntos delitos de apropiación indebida, administración desleal e imposición de acuerdos abusivos durante su gestión al frente del club.

La decisión de la jueza reabre una historia que comenzó en el verano de 2010, cuando el jeque catarí desembarcó en la Costa del Sol prometiendo un futuro que parecía reservado para los gigantes de Europa.

En ese momento el Málaga CF sobrevivía al límite, arrastrado por una deuda de 18 millones bajo la presidencia de Fernando Sanz. Fue entonces cuando el magnate irrumpió como el mecenas perfecto, dispuesto a desembolsar 36 millones para hacerse con el club y ganarse, a golpe de talonario, la confianza de toda una afición.

Y, durante un tiempo, así fue. En apenas dos temporadas, La Rosaleda escuchó el himno de la Champions League, los mejores jugadores vistieron de blanquiazul y el club se acostumbró a mirar de frente al Milan, al Oporto o al Borussia Dortmund.

Sin embargo, fuera del césped el proyecto empezó pronto a resquebrajarse. Los retrasos en los pagos, las tensiones con Hacienda, la sanción de la UEFA por incumplir el fair play financiero y la venta precipitada de algunas de sus principales estrellas fueron erosionando la imagen de un propietario capaz de sostener cualquier inversión.

EL ESPAÑOL ha hablado con personas que vivieron de cerca aquellos años, entre ellas el presidente de la Asociación de Pequeños Accionistas, Antonio Aguilera, y el responsable de Comunicación del Málaga CF, Sergio Martínez Moreno.

Este diario ha tenido acceso, además, a la demanda impulsada BlueBay —facilitada por su abogado, José Carlos Aguilera—, así como a resoluciones judiciales que permiten reconstruir la historia de un personaje que llegó prometiendo construir un imperio futbolístico y terminó dejando tras de sí uno de los mayores laberintos societarios y judiciales del deporte español.

Pero para entender cómo un miembro de la familia real catarí pasó de ser recibido como el salvador del Málaga CF a convertirse en un hombre en busca y captura, hay que trasladarse hasta Doha, donde nació uno de los miembros menos conocidos —aunque no menos privilegiados— de la dinastía Al Thani.

El príncipe menor

Abdullah ben Nasser Al Thani nunca fue emir, ni príncipe heredero, ni ocupó un puesto de peso en la estructura política de Qatar.

Pertenecía a una de las ramas de la familia Al Thani, la dinastía que gobierna el emirato desde el siglo XIX y que hoy reúne a miles de miembros repartidos entre distintos niveles de influencia y poder.

Como primo del actual emir, Tamim bin Hamad Al Thani, disfrutaba, igual que otros integrantes de la Casa Al Thani, de una asignación periódica procedente del patrimonio de la familia real.

"Todos los meses recibía dinero del fondo real", asegura a EL ESPAÑOL Antonio Aguilera, presidente de la Asociación de Pequeños Accionistas del Málaga CF, que lleva más de una década siguiendo el entramado societario del club.

Su patrimonio, sin embargo, no dependía únicamente de esa posición familiar. Su padre, Nasser bin Abdullah Al Thani, había construido un importante conglomerado empresarial en Qatar, con negocios vinculados a la automoción, la distribución de electrodomésticos y otros sectores. A su muerte, la herencia quedó repartida entre Abdullah y dos de sus hermanas.

Quienes conocieron aquella etapa sostienen, sin embargo, que los herederos nunca lograron mantener el peso económico que había alcanzado el fundador.

Cuando empezó a mirar hacia España, Abdullah cultivaba la imagen de un empresario internacional. En su perfil de LinkedIn se presenta como presidente del grupo Nasser Bin Abdullah & Sons y de ANA Group, además de presidir Al-Naif Stud, una compañía especializada en la cría, competición y exhibición de caballos de raza, con actividad en carreras, pruebas de resistencia y una academia de equitación.

En esa misma carta de presentación se define como "propietario y presidente del Málaga CF" pese a llevar más de seis años apartado de su gestión por decisión judicial. "Y todavía sigo en mi puesto", añade al final.

Sin embargo, tras esta fachada de opulencia corporativa se esconde la incómoda incógnita sobre el origen real de la fortuna que sostenía sus proyectos en la Costa del Sol.

"El dinero venía del entorno de Gadafi y dejó de llegar tras la caída del régimen", coinciden varias fuentes conocedoras de aquella etapa.

Antonio Aguilera sostiene que el jeque "era el hombre de confianza de uno de los hijos de Gadafi para las inversiones que pretendían realizar en la Costa del Sol", entre ellas el proyecto del puerto de La Bajadilla, en Marbella, o la compra de grandes extensiones de suelo en la provincia.

Fuera cual fuese el origen de esos recursos, en el verano de 2010 casi nadie en Málaga parecía dispuesto a formular esa pregunta; la ciudad acababa de encontrar al mecenas con el que llevaba años soñando.

El sueño de los 36 millones

Durante un tiempo, Abdullah ben Nasser Al Thani convirtió a La Rosaleda en el gran escaparate de la ciudad.

De pronto, en un salto de escala sin precedentes, el vestuario reunía a jugadores internacionales como Santi Cazorla, Joaquín, Julio Baptista o Nacho Monreal; un joven Isco Alarcón irrumpía como una de las grandes promesas del fútbol español y el entrenador chileno Manuel Pellegrini daba forma al proyecto desde el banquillo.

La opulencia no se limitó a los fichajes, La Rosaleda dejó atrás la sencillez de un campo de provincias para abrazar un lujo que inundó todos los rincones del estadio.

"Hasta los baños tenían una pantalla de plasma. Era un campo humilde y le dio un lavado de cara", recuerda a este periódico Juanje Fernández, que siguió de cerca aquellos años del club.

El jeque alimentaba este oasis con una puesta en escena casi permanente: llegaba al estadio rodeado de una numerosa corte de asesores y familiares, blindaba su intimidad rechazando de plano las entrevistas y prefería expresarse de manera exclusiva a través de las redes sociales.

Su cuenta en X —donde todavía hoy publica mensajes en árabe e inglés sobre la actualidad del equipo— se ha convertido en el altavoz desde el que ha lanzado promesas, desmentidos, felicitaciones y, con el tiempo, amargos reproches hacia quienes considera responsables de su caída.

Quienes siguieron de cerca aquella etapa describen a una persona "imprevisible" e "impulsiva".

"A lo mejor estaba en Catar, aparecía un jugador en la televisión que le gustaba y se encaprichaba con ficharlo aunque el Málaga no podía. También si estaban sus hijos jugando a la Play y uno metía tres goles con un futbolista, este llamaba de inmediato para ordenar su fichaje", relatan a EL ESPAÑOL fuentes que vivieron desde dentro esa etapa.

La caída

Cuando la euforia desapareció, el Málaga descubrió la verdadera dimensión del problema. El entonces director general de la entidad, Vicente Casado, reconoció que la deuda había llegado a superar los 100 millones de euros, una losa que comprometía la viabilidad del proyecto.

Ni los ingresos extraordinarios de la Liga de Campeones ni el traspaso de algunas de sus principales estrellas consiguieron frenar un deterioro que ya parecía irreversible.

"El Málaga se compró en 36 millones de euros y después se vendió a Isco por 32 millones. O sea, que casi vendió a Isco por el precio que le había costado el Málaga entero", resume Antonio Aguilera, presidente de la Asociación de Pequeños Accionistas.

Mientras las cuentas se hundían, las sospechas sobre la gestión de la familia Al Thani también empezaban a acumularse. La querella presentada en 2019 por la Asociación de Pequeños Accionistas del Málaga CF —titulares de alrededor del 3,2% del capital del club— dio origen a la investigación penal que acabaría destapando el conocido como "Caso Camisetas".

La causa investiga presuntos préstamos nunca reintegrados, retribuciones consideradas irregulares, alquileres de inmuebles, vehículos, viajes y otros gastos personales cargados a las cuentas del Málaga CF, además de diversas operaciones que habrían perjudicado económicamente a la entidad.

La situación desembocó en febrero de 2020 en la intervención judicial del Málaga CF. Desde entonces, la gestión de la entidad permanece en manos del administrador judicial José María Muñoz mientras los tribunales siguen depurando las responsabilidades derivadas de la etapa Al Thani.

La intervención judicial resolvió la gestión del equipo, pero fue el punto de partida de una nueva batalla: la guerra por la propiedad del club.

La guerra por el Málaga

El origen de este laberinto judicial se remonta al 17 de febrero de 2013 cuando, acuciado por las deudas y con el agua al cuello, Abdullah ben Nasser Al Thani buscó un salvavidas en el sector hotelero.

Lo encontró en Jamal Satli Iglesias, presidente de BlueBay Hotels, con quien firmó una alianza estratégica diseñada para insuflar oxígeno al club: el magnate catarí aportaba el capital accionarial del Málaga CF y la cadena hotelera ponía la financiación y su experiencia en los despachos.

Para sellar el pacto crearon una sociedad conjunta, NAS Spain 2000; la llave maestra que hoy controla el 96,8% de las acciones de la entidad. La familia Al Thani se reservaba el 51% del poder y BlueBay se quedaba con el 49% restante.

El acuerdo saltó por los aires muy pronto cuando Al Thani decidió, de forma unilateral, romper los compromisos asumidos. En una maniobra esquiva, el jeque desvió las acciones del Málaga CF hacia otra empresa de su propiedad, NAS Football S.L., controlada exclusivamente por su familia.

Una espantada que dejó a BlueBay fuera de juego y que encendió la mecha de una batalla legal que dura ya más de una década.

Este periódico ha tenido acceso a la demanda presentada por BlueBay, en la que la cadena hotelera sostiene que toda esta maniobra no fue un error, sino una estrategia fría y calculada con la que el jeque buscaba quedarse el dinero y el control del club, ignorando por completo el contrato que ya había firmado en 2013.

Más de una década después, esa batalla continúa sin un vencedor definitivo. Aunque Abdullah ben Nasser Al Thani sigue siendo el máximo accionista del Málaga CF, BlueBay no se rinde y sigue peleando en los juzgados para que le den el control que le prometieron. Por su parte, la Asociación de Pequeños Accionistas continúa metida en pleitos para defender al club.

El fantasma de La Rosaleda

El último capítulo de esta trama se escribió el pasado 7 de julio, cuando el Juzgado de Instrucción número 14 de Málaga dictó una orden europea e internacional de búsqueda y captura contra Abdullah ben Nasser Al Thani y tres de sus hijos: Nayef, Nasser y Rakan.

La Fiscalía solicita para cada uno de ellos 14 años de prisión por los presuntos delitos de apropiación indebida, administración desleal e imposición de acuerdos abusivos y el auto de apertura de juicio oral fija en 14,3 millones de euros el presunto perjuicio económico ocasionado al Málaga CF, cantidad por la que también exige una fianza para garantizar las responsabilidades civiles.

La magistrada justifica la medida por las reiteradas incomparecencias de los acusados y la imposibilidad de localizarlos.

En el auto señala que nunca respondieron a los correos electrónicos que ellos mismos habían facilitado, que ya no residían en los domicilios comunicados en Doha y que llegaron a ser localizados por la Policía en Múnich, donde desaparecieron tras conocer que eran buscados por la Justicia española.

También sitúa a la familia en Italia, donde no facilitó un domicilio para recibir notificaciones, una circunstancia que, a juicio de la instructora, evidencia su "carácter itinerante" y dificulta la práctica de las diligencias judiciales.

La orden permitirá su detención si entra en un Estado que coopere con España a través de los instrumentos internacionales de entrega de reclamados —como los países de la Unión Europea o los adheridos al Convenio Europeo de Extradición—. Sin embargo, si permanece en Qatar o en un país que no tenga un tratado de extradición o un mecanismo de cooperación aplicable con España, la ejecución de la orden resultará mucho más compleja.

Hoy, Abdullah ben Nasser Al Thani continúa siendo el máximo accionista del Málaga CF, pero hace años que no dirige el club, no pisa La Rosaleda y, según reconoce ahora la propia Justicia, ni siquiera se conoce su paradero. Aun así, tampoco ha querido desprenderse de sus acciones.

"Le han ofrecido 50, 60 e incluso 80 millones de euros y nunca ha aceptado", sostiene el presidente de la Asociación de Pequeños Accionistas. "Ni come ni deja comer".

Esta obstinación es el último pulso de un hombre que prefiere bloquear el club antes que ceder el control. Mientras la administración judicial gestiona el día a día y los tribunales intentan resolver el laberinto societario y la "mala fe" acreditada frente a BlueBay, el Málaga CF intenta pasar página de una gestión nefasta.

"Nosotros trabajamos con normalidad. Funcionamos como un club normal", explica a EL ESPAÑOL Sergio Martínez Moreno, responsable de Comunicación del Málaga CF. "Todo esto afecta más a cuestiones estructurales que a nuestro trabajo diario".

Sin embargo, la herencia de aquella etapa sigue siendo imposible de borrar. De los años de gloria en la Champions y los fichajes a golpe de talonario permanecen deudas, un reguero de gastos personales cargados a las arcas del club y una batalla societaria que, 16 años después de la llegada de Al Thani, continúa condicionando el futuro del club.