Tenerife se prepara para la llegada del crucero del hantavirus.

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Tenerife activa un operativo de alta seguridad para evacuar a los pasajeros del MV Hondius: "Hay que correr; el lunes será tarde"

La isla prepara tres anillos de seguridad en el puerto de Granadilla y un corredor sanitario de apenas 10 kilómetros hasta el aeropuerto para repatriar a 147 personas de 23 países sin contacto con la población civil.

Más información: El capitán Dobrogowski y su tripulación no pueden dejar el Hondius, su mazmorra de lujo: "A nosotros no nos evacúan".

Granadilla de Abona (Tenerife)
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El puerto de Granadilla parece más un escenario de contención biológica que una infraestructura industrial del sur de Tenerife. El viento arrastra polvo volcánico entre las explanadas grises y los operarios caminan con chalecos reflectantes junto a vehículos de emergencias.

Al fondo, frente al muelle donde habitualmente atracan petroleros y buques de carga, ya se delimitan las tres zonas de seguridad desde las que España intentará ejecutar en menos de 24 horas una de las operaciones sanitarias y logísticas más complejas desde la pandemia.

A cientos de millas náuticas de aquí, el MV Hondius —147 personas a bordo, tres muertos, al menos seis contagios confirmados de hantavirus Andes y un cadáver aún dentro del barco— avanza lentamente hacia Canarias mientras ministerios, OMS, Guardia Civil, Ejército del Aire y Tierra, Sanidad Exterior y autoridades portuarias ultiman un protocolo diseñado para que ni un solo pasajero llegue a tocar realmente suelo español.

La Guardia Civil controla el acceso al puerto de Granadilla, al que este sábado no han dejado de entrar vehículos policiales de diferentes unidades.

La Guardia Civil controla el acceso al puerto de Granadilla, al que este sábado no han dejado de entrar vehículos policiales de diferentes unidades. Julio César R. A.

La escena en Granadilla tiene algo de anomalía. El puerto, situado en una de las zonas más áridas y ventosas de Tenerife, a apenas diez kilómetros del aeropuerto Tenerife Sur, fue construido para absorber grandes operaciones industriales y tráfico marítimo pesado, no para recibir un barco convertido durante días en una cuarentena flotante frente a Cabo Verde.

Sin embargo, precisamente esa combinación de aislamiento físico, baja densidad poblacional y proximidad aeroportuaria es la que ha llevado a la Organización Mundial de la Salud y al Gobierno español a elegir este punto concreto del Atlántico para evacuar el Hondius.

Diez kilómetros

La distancia por carretera entre el muelle y las pistas del aeropuerto apenas supera los diez minutos. Esa cercanía es la pieza central del operativo: bajar pasajeros, introducirlos en autobuses burbuja escoltados por la Unidad Militar de Emergencias, conducirlos directamente hasta la escalerilla de los aviones y hacerlos despegar sin contacto con la población civil.

"Ningún pasajero tendrá contacto alguno con la población", repitió este sábado el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, durante una comparecencia junto a la ministra de Sanidad, Mónica García.

La frase se ha convertido prácticamente en la consigna oficial del dispositivo. Horas antes, Interior había ordenado prohibir toda navegación a menos de una milla náutica del barco una vez entre en aguas canarias. La intención es aislar completamente el perímetro marítimo mientras el Hondius fondea dentro de la dársena sin llegar a atracar.

El crucero permanecerá suspendido frente al puerto, inmóvil, mientras pequeñas lanchas motoras trasladan grupos reducidos —cinco personas aproximadamente— desde el barco hasta tierra. Solo entonces comenzará el corredor sanitario.

En el puerto, trabajadores consultados estos días por EL ESPAÑOL admiten que la tensión ha ido creciendo conforme se aproxima la llegada del buque. La imagen del barco quedó inevitablemente asociada al miedo colectivo de la covid desde el momento en que comenzaron a conocerse los fallecimientos: primero una pareja neerlandesa, después una pasajera alemana.

Una isla

La diferencia es que esta vez el escenario no es un aeropuerto asiático ni una gran capital europea, sino una isla acostumbrada a gestionar emergencias migratorias, rescates atlánticos y saturación logística.

La maquinaria desplegada recuerda, en parte, a las operaciones de traslado de cayucos o a ciertos protocolos de ébola ensayados durante años en Canarias; pero multiplicados ahora por una presión internacional inédita, pues más de veinte países participan ya en la repatriación de pasajeros y tripulación.

La OMS ha asumido un papel central en la coordinación. El director general del organismo, Tedros Adhanom Ghebreyesus, viaja este sábado a Tenerife para seguir sobre el terreno una operación que el organismo considera modélica desde el punto de vista de cooperación internacional.

La propia OMS confirmó, también este sábado, que uno de los casos sospechosos dio positivo en PCR, elevando a seis los contagios confirmados y dejando la tasa de letalidad provisional cerca del 38 %.

El virus implicado, la variante Andes del hantavirus, es especialmente sensible porque constituye la única cepa conocida capaz de transmitirse entre humanos en circunstancias limitadas.

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Aunque los expertos insisten en que el riesgo para la población general es bajo, la dimensión simbólica del operativo ha obligado a las autoridades a reforzar constantemente los mensajes de tranquilidad. "El alarmismo, la desinformación y la confusión son contrarios a los principios básicos de la salud pública", dijo Mónica García.

Protocolo establecido

Dentro del puerto, sin embargo, la preocupación no se mueve en términos abstractos. Se mueve en términos operativos. El protocolo depende casi por completo del tiempo atmosférico y de la sincronización exacta entre puerto y aeropuerto.

El mar empeorará el lunes, según las previsiones, y por eso toda la evacuación debería completarse el domingo. "Hay que correr. El lunes será tarde", expresan fuentes de Protección Civil implicadas en el operativo.

Ningún pasajero bajará del barco hasta que los aviones estén repostados, preparados y en pista. Cuando eso ocurra, el puerto enviará la señal al Hondius y comenzará el desembarco escalonado por nacionalidades.

Tres de los pasajeros actualmente a bordo del buque, durante un fondeo del MV Hondius.

Tres de los pasajeros actualmente a bordo del buque, durante un fondeo del MV Hondius. E. E.

Francia, Alemania, Bélgica, Irlanda y Países Bajos ya han coordinado vuelos específicos. La Unión Europea dará cobertura a ciudadanos cuyos países no dispongan de medios propios.

Los españoles serán trasladados en un avión militar hasta la base aérea de Torrejón y, desde allí, al Hospital Gómez Ulla, donde permanecerán siete días en cuarentena obligatoria ratificada judicialmente este sábado por un juzgado de Madrid.

La resolución judicial refleja hasta qué punto las autoridades consideran excepcional el escenario. El auto habla de "riesgo grave, inminente y extraordinario" y justifica la restricción de movimientos por la necesidad de impedir cualquier expansión del virus.

El texto recuerda que la enfermedad puede ser mortal, que existen antecedentes de transmisión interpersonal y que el periodo de incubación puede prolongarse varias semanas. Todo eso explica por qué el operativo no termina realmente cuando los pasajeros abandonen Tenerife.

Mientras el puerto prepara las rutas de evacuación, hospitales de media Europa trabajan ya en el rastreo de contactos. En Alicante continúa ingresada una mujer de 32 años que compartió vuelo con una de las fallecidas neerlandesas y que presenta síntomas respiratorios leves compatibles con la infección.

En Barcelona, otra mujer asintomática ha ingresado este sábado en aislamiento preventivo en el Hospital Clínic tras haber coincidido en aquel mismo avión de KLM. Las autoridades sanitarias localizaron además a una pasajera sudafricana que pasó una semana en Cataluña antes de regresar a su país.

Buque de expedición

Toda esa red internacional de rastreo contrasta con el aislamiento casi absoluto en el que ha permanecido el Hondius durante los últimos días. El barco, operado por Oceanwide Expeditions, no pertenece al universo de los cruceros masivos del Caribe ni al turismo de pulsera y buffet.

Los pasajeros describen a este periódico un buque obsesionado con la bioseguridad, diseñado para expediciones científicas y de naturaleza extrema en la Antártida y el Ártico.

A bordo se daban charlas sobre biodiversidad y geopolítica; los viajeros desembarcaban en islas remotas con botas esterilizadas; había perros rastreadores en Ushuaia para impedir contaminación biológica; las mochilas se depositaban sobre lonas para evitar introducir semillas o especies invasoras en ecosistemas protegidos.

"Eran ridículamente estrictos", relata un pasajero reciente. Precisamente por eso el brote ha desconcertado tanto a quienes conocen el barco. La hipótesis principal sigue apuntando a que el contagio inicial se produjo antes de embarcar, probablemente en Sudamérica.

Imagen de archivo del MV Hondius fondeando en la Antártida.

Imagen de archivo del MV Hondius fondeando en la Antártida. Andrew Peacock.

Ahora el Hondius navega hacia Tenerife convertido en una especie de cápsula suspendida entre dos mundos: demasiado peligroso para desembarcar libremente, demasiado complejo para permanecer indefinidamente aislado en alta mar.

Aunque, capacidad, tiene. Algunos expertos incidían en que el puerto de Granadilla es de "difícil fondeo" por sus condiciones de vientos. Sin embargo, el MV Hondius es un buque de expedición acostumbrado a fondear en los lugares más peligrosos del mundo. Desde la Antártida hasta las islas atlánticas del sur, con corrientes violentas.

Dentro de él continúan cerca de 30 tripulantes que regresarán posteriormente con el barco a Países Bajos, aunque aún no tienen un plan de evacuación establecido. También sigue el cuerpo del primer fallecido, que no será desembarcado en Canarias.

Las autoridades neerlandesas supervisarán posteriormente el regreso del buque y su futura desinfección, que no se realizará en aguas canarias. Mientras tanto, en Granadilla, los preparativos continúan bajo una mezcla extraña de normalidad y excepción.

Los periodistas se acumulan junto a las vallas. Los trabajadores portuarios miran continuamente hacia el horizonte. La Guardia Civil prepara controles. Los sanitarios revisan protocolos de protección individual.

Y a pocos kilómetros, en el aeropuerto Tenerife Sur, empiezan a reservarse posiciones para una cadena de vuelos que deberá despegar con precisión casi militar. Todo debe hacerse rápido. Todo debe hacerse a plena luz del día.

Todo debe hacerse sin errores. Porque después de cinco días convertido en un problema sanitario global flotando frente a Cabo Verde, el MV Hondius está ya a pocas horas de llegar a Canarias.

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KESPIMA260509_1003744239550 Miguel Barreto / EFE.