Niños en un aula de educación infantil.

Niños en un aula de educación infantil. Ismael Herrero EFE

Reportajes

Golpes en las manos, pellizcos y tirones de pelo: el régimen de terror de Silvia en una clase con niños de 3 años en Córdoba

La docente, en libertad y con orden de alejamiento de los menores, está siendo investigada por episodios de violencia física y psicológica a niños de 3 y 4 años mientras avanza la instrucción judicial.

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Las denuncias de 17 familias por presuntos malos a una profesora en Córdoba han vuelto a poner el foco en una realidad: el maltrato infantil no siempre ocurre en contextos fácilmente identificables.

En los entornos donde se presupone protección, la violencia tiene otra forma de operar: es cotidiana y, por ello, más silenciosa, más difícil de identificar y, a menudo, más devastadora.

También puede ocultarse en espacios que la sociedad presupone seguros, como el aula de un colegio.

En una clase de primer curso de infantil no solo se aprende a colorear sin salirse de la línea; se aprende, sobre todo, a confiar.

Por eso, cuando la sospecha de que esa confianza ha sido quebrada entra en las casas, el eco no se queda en los muros del colegio: atraviesa familias, incendia barrios, moviliza despachos y acaba, irremediablemente, en los juzgados.

A esas edades, cuando la personalidad aún está formándose, el miedo no se explica, se comienza a manifestar.

Lo hace en forma de llanto, de rechazo, de cambios bruscos de conducta o de silencios que descolocan a quienes conviven con ellos.

Esto es exactamente lo que ha ocurrido en la capital cordobesa.

'Asunto delicado'

Según ha podido saber EL ESPAÑOL a través de fuentes próximas a las familias, los hechos habrían ocurrido en el C.E.I.P. Santuario, un colegio público situado en el corazón del barrio homónimo.

El colegio se ha negado a hacer declaraciones a este medio y ha exigido que se dejara de investigar por tratarse de un "asunto delicado".

Las fuentes citadas identifican a la docente investigada como Silvia, quien ejercía funciones en Educación Infantil y, según relatan varios padres, también había desempeñado labores de apoyo en otras aulas del centro.

Hoy, Justicia e Inspección Educativa intentan recomponer el puzle de lo que ocurría tras la puerta de un aula donde, presuntamente, la imposición del miedo se disfrazaba de "secreto".

Orden de alejamiento

Tras una inspección educativa, la gravedad de la situación en el aula obligó a la intervención directa de las fuerzas de seguridad hace poco más de un mes.

Fuentes policiales han indicado a este periódico que su detención se produjo el 12 de marzo en calidad de investigada por malos tratos y, tras prestar declaración, quedó en libertad a la espera de citación judicial por el Juzgado de Instrucción número 1 de Córdoba.

Según ha declarado este martes la consejera de Desarrollo Educativo y Formación Profesional de la Junta de Andalucía, María del Carmen Castillo, las primeras medidas adoptadas por el centro se centraron en reorganizar la actividad docente para evitar que la profesora continuara dando clase a los mismos alumnos.

Sin embargo, según han relatado algunas familias del colegio a este diario, la profesora sí que habría seguido durante semanas acudiendo al centro en funciones de apoyo, antes de su suspensión definitiva de empleo y sueldo.

No fue hasta la intervención judicial y la solicitud de medidas cautelares por parte de las familias, cuando se produjo su retirada definitiva de las funciones docentes, que podrá prolongarse hasta seis meses mientras se esclarecen los hechos.

El auto judicial de alejamiento de las víctimas fue el que impuso la realidad física que la Consejería de Educación no había logrado garantizar por la vía administrativa, como aseguran fuentes cercanas a la investigación a este periódico.

17 denuncias

Según ha podido informar la Agencia EFE, las denuncias presentadas por las 17 familias recogen desde diversos episodios de maltrato, como "encerrar a los niños en el baño sin luz", hasta "presuntos tocamientos" a varios menores.

El origen de la investigación no se sitúa en un episodio aislado. Todo comenzó con un goteo de confesiones de los menores difíciles de encajar.

Niños de tres o cuatro años que apenas sabían formular oraciones complejas comenzaron a hablar de castigos y de otras situaciones violentas.

Los que antes iban felices al colegio comenzaron a llorar cada mañana y a sufrir episodios de ira, algunos alteraciones del sueño y otros empezaron a mostrar un miedo irracional a entrar solos al baño de sus propias casas

Los especialistas en infancia advierten de que estos cambios de conducta no son anecdóticos. El maltrato impacta directamente en el desarrollo emocional y cognitivo del menor.

Los padres han denunciado golpes en las manos, tirones de pelo, pellizcos y agarrones por el cuello.

El relato de lo que ocurría tras la puerta cerrada del aula fue trascendiendo a medida que las familias fueron poniendo en común las pesadillas de sus hijos.

El patrón, repetido en 17 hogares, llevó a las familias a coordinarse y a presentar denuncias ante la Policía Nacional.

A ello se le suma el hecho de que el pasado 6 de marzo se descubriera en el colegio que la docente había realizado búsquedas y accesos a páginas web con contenido pornográfico en el ordenador del aula.

"Comportamientos inadecuados"

A medida que el caso ha ido avanzando, han comenzado a aflorar antecedentes que dibujan un perfil de la docente marcado por la conducta errática.

Antes de los presuntos malos tratos en el aula, esta profesora ya había sido objeto de quejas y apartada del servicio de comedor del mismo centro por "comportamientos inadecuados", como comerse la comida de los menores en el propio comedor y también en el aula.

Lo que en su día se gestionó como un problema de disciplina menor, hoy es interpretado como el primer eslabón de una cadena de abusos de poder. Un antecedente que debería haber activado ya entonces mecanismos de seguimiento más estrictos a la docente.

Fuentes cercanas a la investigación han afirmado a este periódico que actualmente se está investigando únicamente el presunto delito de malos tratos, "sin perjuicio de lo que se pueda concretar durante la instrucción".

La calificación podría ampliarse en función de lo que se desprenda de las pruebas, especialmente de las exploraciones a los menores. Por ello, las diligencias en curso se consideran determinantes para el devenir del caso.

Dichas fuentes afirman que aunque está en libertad sí que se le ha aplicado a la profesora una medida cautelar de prohibición de comunicación y aproximación a los menores.

Mientras tanto, en Córdoba, el caso ha dejado algo más que una causa judicial abierta; ha instalado el miedo en uno de los espacios que, hasta ahora, se consideraban más seguros: el aula donde todo empezaba.

La justicia tiene ahora la palabra. Mientras tanto, en diecisiete hogares cordobeses, la tarea es mucho más compleja que una instrucción judicial: consiste en convencer a diecisiete niños de que el colegio sigue siendo un lugar seguro y que los "secretos" ya no pueden hacerles daño.