Ismael Serrano posa durante su entrevista con El Español.

Ismael Serrano posa durante su entrevista con El Español. Rodrigo Mínguez

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Ismael Serrano: "Ahora la izquierda abronca a quien piensa un poco diferente; exigen una adhesión inquebrantable"

"Uno de los problemas de la izquierda es el sectarismo. Solo le hablan a los suyos" // "No puedes dialogar con un xenófobo o con alguien que te odia y te quiere meter en la cárcel".

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Ismael Serrano (Madrid, 1974) habla despacio. Como quien mide el peso de las palabras. Como quien sabe de lejos que una canción también es protesta y reivindicación.

Una figura, la del cantautor "en peligro de extinción", que se encuentra más penalizada que nunca. "Cada vez da más miedo posicionarse. Hay mucha autocensura", expresa en una entrevista con EL ESPAÑOL.

Pero Ismael no tiene miedo. Es uno de los últimos románticos que habla y canta de las derrotas íntimas y de las injusticias colectivas.

Ismael Serrano posa para El Español durante su entrevista.

Ismael Serrano posa para El Español durante su entrevista. Rodrigo Mínguez

Es un cronista de su tiempo. Por eso sigue y seguirá cantando Papá cuéntame otra vez, aunque desde otro lugar.

El del padre que mira el mundo y que admite, con tristeza, que debe "preparar a sus hijos para la hostilidad". Para un futuro "quizá peor que el de sus padres". Para una "crueldad que se ha normalizado".

Serrano desconfía de los dogmas. Del "sectarismo de la izquierda", dice. "Ahora la propia izquierda abronca a la gente que piensa un poco diferente o es crítica con los suyos, y exigen una adhesión inquebrantable".

Sin embargo, no renuncia al voto, aunque conviva con el desencanto político. No renuncia a la política de trincheras, por ello no le ilusiona este gobierno que "solo habla a los suyos".

Cree en la diversidad musical y humana. En escuchar lo que el algoritmo no te sugiere y en generar espacios de encuentro frente al hambre, frente al odio, frente a la intemperie.

"Antes, hacer campañas contra menores inmigrantes era impensable, y ahora es habitual ver cómo se habla con total naturalidad sobre cómo hay que echar a los menas. Hemos normalizado la crueldad", denuncia.

Encuentra esperanzas en aquellos que aún no la han perdido. No quiere ser pesimista. Él seguirá combatiendo desde el escenario.

Su próxima cita, el 11 de marzo en el Teatro Real de Madrid en la tercera edición de Lucha de Gigantes, un concierto solidario impulsado por Acción contra el Hambre que busca visibilizar la urgencia de acabar con el hambre en el mundo y donde compartirá cartel con otros artistas como Ara Malikian y El Kanka.

Además, hace unas semanas vio la luz Grabaciones Insospechadas, un EP de versiones íntimas compuesto por 5 canciones donde el cantautor reinterpreta temas de diferentes artistas que han marcado generaciones y estilos como Joan Manuel Serrat, Extremoduro, Shakira o Silvio Rodríguez.

PREGUNTA.– Grabaciones insospechadas es un EP de versiones de variados artistas. ¿Por qué le interesaba rescatar canciones tan distintas?

RESPUESTA.– Quería desmontar ciertos prejuicios que el algoritmo fomenta. Las plataformas digitales te sugieren música que tiene que ver con tus hábitos de escucha, y eso lo que hace es fomentar los prejuicios. No te educa en la posibilidad de escuchar cosas diferentes. Y desde hace tiempo venía haciendo versiones de otros artistas diferentes a mí y que el algoritmo no relacionaría conmigo. Quería hacer un alegato de la diversidad musical y romper esa barrera.

P.– El próximo 11 de marzo actuará en el Teatro Real, en un proyecto impulsado por Acción contra el Hambre. ¿Por qué decide involucrarse en este proyecto?

R.– En un contexto como este, donde parece que la incivilización avanza, y donde la crueldad se impone como una tendencia política en muchos aspectos, me parecía necesario que se generen espacios de encuentro que nos hagan entender que no estamos solos ante cuestionamientos de una realidad, en este caso, el hambre. Hay que ser conscientes de que tenemos capacidad para paliar el problema del hambre en el mundo, pero el modelo económico imposibilita que eso suceda. Por ello, generar vínculos que combatan esas ideas y esos modelos, desde la solidaridad y la empatía, me parecen muy necesarios.

Ismael Serrano posa durante su entrevista con El Español.

Ismael Serrano posa durante su entrevista con El Español. Rodrigo Mínguez

P.– Lleva casi treinta años dedicado a la música. ¿Qué le ha enseñado el paso del tiempo?

R.– El paso del tiempo es un conflicto permanente para los que hacemos canciones. Escribo canciones porque no sé convivir con la renuncia y la pérdida que implica el paso del tiempo. Y a mí me ha enseñado que crecer no solo implica una renuncia, sino que también ganas experiencias, conocimientos, relaciones… Ha desmontado mis prejuicios. Cuando eres joven ves la vida creyendo que lo sabes todo.

P.– La arrogancia de la juventud…

R.– Exactamente, cuando eres joven eres arrogante y crees conocer todas las respuestas. Y el tiempo te hace más flexible, más permeable. Te enseña a escuchar con más atención y entender que te quedan muchas cosas por aprender. Más importante que tener respuestas contundentes es no dejar de hacerse preguntas.

P.– ¿Y qué es lo que más le preocupa del paso del tiempo?

R.– Que cada vez te queda menos (sonríe). El tiempo no se recupera, y es algo sobre lo que hay que ser consciente para valorar lo que realmente tienes. Y me preocupa precisamente no saber saborear la vida con la rotundidad que merece.

P.– ¿Y qué saborea con total entrega?

R.– Pues a veces he pensado que, al llegar a cierta edad, no me podría enamorar porque estaba de vuelta de todo. Y, de repente, alguien te cambia la vida. Por eso hay que desterrar el pesimismo, el tiempo siempre puede traer cosas buenas.

P.– Habla de la falta de certezas. Pero, ¿qué cree que es fundamental saber de la vida para sobrevivir a ella?

R.– Creo que es vital entender que cada elección en la vida conlleva una renuncia. Hay que entender que no podemos llegar a todo, y tampoco podemos gustar a todo el mundo. Muchos músicos persiguen eso, y no pasa nada si no le gustas a todo el mundo. Hay que saber soltar y saber que en esta vida hay muy pocas cosas definitivas. Y también creo que hay que ser benevolente con los demás pero también con uno mismo. Cada uno hace lo que puede.

P.– El tiempo también ofrece otra mirada sobre Papá, cuéntame otra vez, esa eterna canción que ahora canta desde otro lugar. ¿Qué le cuenta a sus hijos del mundo en el que vivimos?

R.– Hay algo que me entristece, y es que como padre me veo en la necesidad de prepararles para la hostilidad del mundo en el que viven. En el caso de mi hija más aún, para una mujer creo que todo es más difícil. Y también a veces da la sensación de que nuestros hijos van a vivir en un contexto histórico y en una realidad peor que la de sus padres.

El llamado estado del bienestar se ha detenido, aunque, por suerte, mis hijos viven y vivirán en un contexto privilegiado. A mí me va bien en la música y crecerán con esa herencia y ese capital social. Sin embargo, los tienes que preparar para enfrentarse a la hostilidad. Cuando uno piensa en el futuro, a veces se vislumbra un contexto de guerra. Podría ocurrir que lo de Groenlandia desembocara en un conflicto armado. Es algo lejano, pero sobrevuela.

P.– ¿Y qué le han enseñado sus hijos sobre el mundo?

R.– A desprejuiciarme. A mí la paternidad me cambió. Cuando eres padre dejas de ser el centro del relato. Se renueva tu mirada. Vives cosas con ellos por primera vez. Y tu mirada cambia porque relativizas muchas cosas. Y uno quiere ser el protagonista de todas la historias que se cuentan y cuando tienes hijos entiendes que tú no eres el centro y sí lo son ellos.

Ismael Serrano durante su entrevista con El Español.

Ismael Serrano durante su entrevista con El Español. Rodrigo Mínguez

P.– ¿Se considera un superviviente de la canción de autor? ¿El último romántico?

R.– Bueno, creo que debo ser de los pocos que siguen reivindicando con orgullo el término cantautor. Creo que hay cierta claudicación de gente con la que comparto oficio que entiende que el término está estigmatizado y renuncian a ello. Y me consta que hay muchos artistas que se podrían considerar cantautores casi canónicos; y no porque compongan sus canciones, sino por la tradición; que reniegan de ese término.

P.– ¿Y por qué? ¿Por el tinte político que puede conllevar?

R.– No solo por eso, sino porque la figura del cantautor ya es anacrónica. Pero sí que creo que nace de una cuestión política. Lo primero que te viene a la mente cuando piensas en un cantautor es aquel que te da sermones y que está comprometido ideológicamente. Y todo esto se mira con cierto recelo porque se nos ha dado a entender que todo aquel que se posiciona políticamente lo hace de forma impostada.

Aparte, los festivales no quieren cantautores porque se ha impuesto otra tendencia diferente. El algoritmo tiene un carácter excluyente del que no somos conscientes. Cuando el algoritmo coloca de forma hegemónica un género musical como el urbano, es muy difícil desplazarlo. Entonces, es muy difícil salir de ahí porque los buscadores y las tendencias no te van a dirigir nunca a otro lugar. Y eso hace que la gente renuncie a la canción de autor porque no está dentro de esas tendencias.

P.– Pero sí que usted tiene redes sociales. ¿Ha claudicado?

R.– Hace dos años me puse TikTok y nos va muy bien, y era algo que jamás pensé que iba a hacer, pero bueno, quería probar. Pero precisamente por eso me doy cuenta de que la mayoría de visualizaciones no pasan de los diez segundos, con lo cual, se penaliza al cantautor que cuenta una historia. Yo hago muchas canciones que no tienen estribillo. Y la música actual que triunfa está pensada para encajar en esos diez segundos.

Encapsulan el mensaje. Además que cada vez tenemos más déficit de atención, con lo cual, no prestamos atención a una historia más larga contada en una canción.

P.– Y cada vez quedan menos poetas. La poesía como género en extinción.

R.– Es muy triste. La poesía reside en el matiz, y las redes sociales prescinden del matiz. Y eso simplifica el mensaje, no ya en la canción, sino en cualquier otro tema. Las redes nos llevan a tener que tomar decisiones de forma inmediata. Y se está perdiendo la capacidad de reflexionar en profundidad.

P.– Volviendo a la figura política del cantautor, ¿cree que hay más autocensura ahora que antes por miedo a la crítica o al señalamiento?

R.– Tú haces entrevistas, y seguro que has entrevistado a alguien y te ha hablado de política y luego te ha llamado para decirte que por favor no pongas eso, ¿verdad?

P.– Y sé que con usted eso no ocurrirá.

R.– (Sonríe) Mi pareja es periodista también y me lo cuenta. Y esto cada vez es más habitual. Así que sí, claro que hay autocensura. Y lo hacen porque saben que según qué comentarios los va a penalizar. Y la gente tiene miedo de la toxicidad que se genera en torno a tu figura cuando te posicionas políticamente. Y ya no sólo eso, sino que tu entorno te aísla porque no quieren que les salpique. Y yo me he visto opinando de cosas que luego he dicho: "¿por qué tengo que opinar de todo?". Pero lo hago porque es una forma de demostrar solidaridad con alguien que no tiene nada que ver conmigo, pero a mí me gustaría que lo hiciera también.

P.– ¿Y cómo encaja ese odio que recibe?

R.– Es intimidante. Y ya no solo porque te amenacen físicamente; sino porque cuando ves tanto odio, tu cuerpo se pone en alerta. Recibir odio todo el rato hace que tu cabeza te diga: "Huye". Y es normal sentir miedo.

P.– Vivimos en una sociedad aparentemente desideologizada, pero con discursos cada vez más radicalizados. ¿Cómo explica esa contradicción?

R.– Porque se han roto consensos. Antes, hacer campañas contra menores inmigrantes era impensable, y ahora es habitual ver cómo se habla con total naturalidad sobre cómo hay que echar a los menas. Sólo hay que ver esa imagen del niño esposado en Estados Unidos, eso antes era aberrante. Y ahora lo hemos normalizado, hemos normalizado la crueldad.

Ismael Serrano durante su entrevista con El Español.

Ismael Serrano durante su entrevista con El Español. Rodrigo Mínguez

Y cuando te repiten un discurso muchas veces, como lo de que los impuestos te roban, la gente acaba creyéndoselo. Y hace 30 años, lo que defendía un ultraliberal o cuatro colgaos, lo está defendiendo mucha gente sin ideas políticas claras. Y eso atenta contra la democracia, tanto es así que cada vez hay más gente que no ve con malos ojos un gobierno autoritario.

P.– ¿Hay cada vez menos pudor en declararse fascista?

R.– Sí y yo creo que es porque el capitalismo está colapsando. Y su única forma de sobrevivir es radicalizándose. Vivimos en una crisis permanente que hemos normalizado. Con una precariedad brutal. Y lo lógico sería cuestionarnos el modelo. Pero el fascismo ayuda a perpetuar dicho modelo. Pero no quiero ser pesimista… también hay un antifascismo soterrado. Y me gustaría pensar que aún queda sentido común y que lo que pasa es que los que se oponen a los derechos fundamentales hacen mucho ruido.

P.– En 'No estarás sola’, cantaba: "Tu revolución llenará sonrisas". ¿Quién está haciendo hoy esa revolución? ¿Quién le llena de sonrisas?

R.– No lo sé… Yo creo que tienen que surgir nuevos liderazgos políticos. En las ONG’s hay mucha gente que participa en movilizaciones, también creo que las mujeres y su lucha feminista deben adquirir notoriedad. Y creo que hay mucha gente joven dispuesta a asumir esos liderazgos. Yo me niego a decir que todos los políticos son iguales, y me niego a decir que la democracia es una pantomima, porque decir eso me parece demagógico y porque la alternativa ya sabemos cuál es.

P.– ¿Pero se puede pensar eso y, al mismo tiempo, sentir cierto desencanto con la política actual? Cada vez existe una mayor desafección política.

R.– Sí, yo mismo siento desencanto con los políticos y con la política de partidos que no deja de tener una mirada electoralista. Aún así, aunque viva desencantado, no dejaré de votar. Y por supuesto que tengo mis simpatías políticas, que son evidentes y consabidas, pero sí que es verdad que ahora no volvería a hacer campañas a ningún partido político. Y no las haría por eso mismo.

P.– ¿Echa en falta más autocrítica en el actual gobierno?

R.– Lo de la autocrítica es un arma de doble filo, porque siempre se les exige autocrítica a los mismos. Pero sí que creo que este gobierno no ilusiona. Creo que solo le hablan a los suyos como si trataran de preservar lo que ya tienen. Y se trata de que crean en la gente y no estar regañándola permanentemente.

P.– ¿Tiene la clase política menos "clase" que nunca? Vemos como miembros de la cúpula de un gobierno supuestamente de izquierdas pervierten todos esos valores que en principio abanderan.

R.– Bueno, creo que esa gente directamente no debería estar en política. Pero sí que en otras ocasiones exigimos un grado de ejemplaridad demasiado alto, y todos tenemos nuestras contradicciones y las cabalgamos como buenamente podemos. Y también pienso que en la derecha parecen no existir esas contradicciones, y bajo un modelo turbocapitalista esas contradicciones están presentes todo el tiempo.

P.– ¿Qué le exige a los políticos de izquierdas, en términos morales?

R.– Les exijo ejemplaridad, pero no la santidad. Ni que por ser de izquierdas entreguen su dinero a las hermanas de la caridad. Pero claro, hay veces, como el caso de Ábalos y Cerdán y demás que no hay una concordancia. No les puedes exigir a la gente unos valores que están radicalmente en contra con la vida que tú llevas. Ahí es donde está el problema, ahí es donde pierdes toda la credibilidad y donde se genera ese desafecto de mucha gente que se aleja de la política.

P.– ¿Se podría hacer una canción protesta contra la corrupción del gobierno actual sin que a uno lo tachen de facha? Ni Sabina se libró de eso.

R.– Buena pregunta. Yo estoy totalmente de acuerdo en que uno de los problemas de la izquierda es el sectarismo. Ahora la propia izquierda abronca a la gente que piensa un poco diferente o es crítica con los suyos, y exigen una adhesión inquebrantable. Como un pacto de sangre. Y en ese sentido se equivocan. Porque así no vas a seducir a la gente. Es verdad que hay gente con la que no se puede hablar, hay líneas rojas.

Ismael Serrano durante su entrevista con El Español.

Ismael Serrano durante su entrevista con El Español. Rodrigo Mínguez

No puedes dialogar con un xenófobo o con alguien que te odia y te quiere meter en la cárcel. Pero sí que estamos perdiendo la capacidad de dialogar con alguien que piensa diferente a nosotros. Y si lo haces, lo ven como una renuncia a tus principios, y eso es absurdo. Y el hecho de estar constantemente atrapados por el sesgo de confirmación te vuelve impermeable, te asienta los dogmas, te vuelve prejuicioso. Y el debate político en las redes fomenta el zasca, como una especie de bullying.

P.– El caso más sonado y reciente es el de David Uclés, el cual ha sido atacado por no querer dialogar con los que no piensan como él. ¿Qué opinión le merece su postura?

R.– Me parece legítimo no querer sentarse con Espinosa de los Monteros. Yo le entiendo. Pero la persona que quiere ir y debatir, también me parece bien. Creo que está bien someterse a ese debate y, sobre todo, utilizar ese espacio para dialogar. No tengo una opinión férrea en este sentido. Pero sí que lo que tengo claro es que el acoso que recibe Uclés es aberrante, es puro bullying. Se ríen de su orientación sexual, de la forma en la que viste… Y lo hacen por su relato de la Guerra Civil. Por tanto, esos ataques por supuesto que tienen un tinte ideológico.

P.– ¿De qué sirvió la Transición?

R.– Bueno, yo he cuestionado el relato de la Transición porque se omitió una parte. Pero no creo que esté todo perdido. Creo que hay una educación democrática que, aunque todo se resquebraje, siempre va a ofrecer una resistencia al avance del fascismo. Y esa educación siempre va a estar presente en la conciencia de la gente.