España, durante 98 días, ha vivido sin planes a largo plazo; pendiente de la evolución del coronavirus, los avances de fase o las prórrogas del estado de alarma. Hasta este 21-J, cuando, por fin, dirá adiós, en buena parte, a esa pesadilla. A las 00:00 horas, el país, al completo, en la madrugada del sábado al domingo, recuperará la movilidad. Los estudiantes que, aquel 14 de marzo, se quedaron ‘encerrados’ en residencias o colegios mayores, pondrán volver a comprar un billete; los hijos cansados de videollamadas con sus familias acudirán de nuevo a casa; los apartamentos de la playa se quitarán las telarañas…

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El domingo será, de alguna manera, el día de la gran evasión. Se prevén atascos –y un plan de la DGT a la altura–, pero también reencuentros sin besos ni abrazos. Muchas familias volverán a comer juntas, a reír –aunque sea imaginando una sonrisa bajo la mascarilla– y a mirarse como nunca; las parejas a distancia sentirán, de nuevo, cómo las mariposas no han dejado de revolotear en este tiempo… En definitiva, miles de ciudadanos, con el estado de alarma concluido y la nueva normalidad vigente, empezarán a rehacer su vida. Eso sí, con miedo. Todos saben que la batalla no está ganada. En EL ESPAÑOL hablamos con cinco personas que, por unos u otros motivos, cogerán el coche o el tren para cambiar de Comunidad.

Marta, a Guadalajara

Marta Troyano, el 14 de marzo, se encerró en casa. “Desde entonces, mi marido ha hecho la compra y yo he salido poco, cuatro veces contadas… Pero sí he echado de menos a mi familia, de Guadalajara”, cuenta a EL ESPAÑOL. Pero, este domingo, de nuevo, volverá a verlos a todos, a sus padres y a sus hermanos. “Creía que no nos permitían salir de Madrid hasta el lunes, así que cuando me he enterado que era un día antes, me he llevado un alegrón”, bromea.

Marta Troyano va a visitar a sus padres a Valdarachas (Guadalajara).

Lo hará sólo por un día. Periodista de Radio María, lleva desde el día 14 de marzo teletrabajando, “bastante bien” –dentro de las circunstancias– y compensando la distancia con llamadas de WhatsAppp. “Ha sido bastante extraño. Tú fíjate: yo vivo en Alcalá de Henares y mis padres en Valdarachas, un pueblo de Guadalajara bastante pequeñito (con apenas 40 habitantes)”, explica. Es decir, en plena desescalada le han permitido viajar por toda la Comunidad de Madrid, pero no la han dejado ir a su pueblo, bastante más cercano.

Este domingo, sin embargo, no hay quien le quite su visita. Se levantará temprano, acudirá a misa a las 10:00 de la mañana y después cogerá el coche y volverá a Valdarachas. “Quizás nos encontremos algo de atasco, pero no creo que mucho, la verdad”, espera. Allí, se juntará con su madre, su padre, sus dos hermanos… “Hasta nueve en total. Lo bueno es que la casa es grande, tenemos un patio para estar al aire libre”, celebra.

¿El problema? No sabe cómo va a actuar. “Estoy echa un lío. No sé si quitarme la mascarilla, si no… También te da miedo salir de la provincia, después de que Fernando Simón haya recomendado no hacerlo… Es todo surrealista. No sé. Tengo un poco de miedo… Es normal”, prosigue. Lo que sí sabe es que llegará antes de comer para poder tomarse el aperitivo y “aprovechar”. En su caso, sin miedo a la madrileñofobia. “Porque todos los que viven allí, en definitiva, residen en Madrid”, finiquita.

Ángel, a Tudela

Ángel Martínez espera que su novio, de Tudela, no lea esta noticia antes de viajar. “Tengo pensado llegar por sorpresa el domingo, así que espero que no...”, bromea. Después de tanto tiempo, quiere darle una sorpresa. Al fin y al cabo, lleva sin verlo desde el 8 de marzo. Y, aunque el confinamiento lo ha llevado relativamente bien, con su madre, su padre y su hermana, ha decidido dar el paso y aprovechar el fin de las restricciones de movilidad para viajar desde Madrid.

Ángel va a viajar a Tudela (Navarra) a ver a su novio por sorpresa.

En este tiempo, mientras teletrabajaba en el departamento de prensa del Consejo General de Enfermería, no le ha quedado otra que ser paciente. “Hemos hablado los dos mucho por Facetime. No teníamos otra opción. Yo, por responsabilidad, acepté que no me podía saltar las normas, y así lo he hecho”, explica a EL ESPAÑOL. Hasta este domingo, cuando volverá a reencontrarse con él.

El viaje lo hará en tren. Cogerá uno por la mañana, a las once, el primero; y se volverá el mismo día, a las nueve. Con muchas ganas, pero también con algo de miedo. “No por mi gente, mis amigos o mi novio, pero sí por la madrileñofobia, por saber cómo van a reaccionar los de allí cuando me vean”, lamenta.

Aun así, está tranquilo. “Sólo voy a estar un día”. Y el plan, lo tiene claro: “Ir a casa de unos amigos y, supongo, allí harán comida…”. Eso sí, sin abrazos, sin besos ni nada de nada. Eso lo tiene claro. Lo que no quiere es que haya un rebrote. Aunque, por si acaso, aprovecha ahora para ver a sus amigos y a su novio. “Imagínate que nos vuelven a encerrar… Ojalá y no. Mi idea este verano es volver a viajar por España”, finiquita.

Javier, a Madrid

Javier Delabat no ha visto ni a sus padres ni a su hermano, diez años menor (18 años), desde hace cinco meses. Vive en Barcelona y, el confinamiento, se lo ha pasado teletrabajando junto a su novia. Él, como ingeniero; y ella, como diseñadora gráfica. Los dos han ido aguantando el confinamiento entre videollamadas. “Por ejemplo, yo con mis amigos jamás lo había hecho, y eso que llevo cinco años aquí. Pero durante este tiempo hemos hablado mucho y te diría que estamos casi más unidos”, confiesa a EL ESPAÑOL.

Javier viajará de Barcelona a Madrid para pasar una semana en casa de sus padres.

Este domingo, volverá a Madrid para ver a sus padres, a sus amigos y a su familia. “Yo he vivido en Noruega, en Islandia y en Suecia y, aunque estaba más lejos, no había estado tanto tiempo sin verlos nunca”. Por eso, el sábado, a las 23:50, a diez minutos de que caiga el estado de alarma, cogerá un autobús y se pasará toda la noche viajando. A la capital llegará solo a las siete de la mañana. “Y espero darle una sorpresa a todos… y que no lean este artículo”, bromea.

Su plan pasa por ir directamente a su casa y darle una sorpresa a su padre y a su hermano; y, después, acercarse a la hora del café y entregarle unas flores a su madre, sanitaria que trabaja en el Hospital 12 de Octubre. “Lo ha pasado bastante mal este tiempo, trabajando mucho, haciendo horas extras, casi sin descansar en dos meses… Por suerte, no ha cogido el virus”, explica. En definitiva, se merece una sorpresa.

Después, ya relajado, volverá a su casa y se quedará una semana en Madrid, con muchos planes por delante, aunque sin concretar: “Ir a los bares de cerca de mi casa, tomar algo, visitar algo la ciudad, estar con mis amigos el viernes –que todos lo tenemos libre– y subir a la sierra el fin de semana”, explica.

Con respeto, pero no miedo. “Con mis amigos tendré más cuidado a la hora de llevar mascarilla y todo eso, pero a mi hermano va a ser difícil que no le dé un abrazo”, confiesa, ilusionado con su vuelta a casa cinco meses después. “Hay que aprovechar, no sea que nos vuelvan a encerrar”, atisba.

Noemí, a Puertollano (C. Real)

Noemí Moreno tiene dos peluquerías en Madrid (Style and cut) y, el 14 de marzo, antes de que comenzase el estado de alarma, se trasladó a Puertollano (Ciudad Real) para quedarse allí confinada junto a su familia. Pero, pocos meses después, se tuvo que volver. En concreto, el 30 de abril. “Teníamos que abrir el negocio y por eso nos volvimos a Madrid”, reconoce.

Su hija de cinco años, sin embargo, se quedó en Puertollano. “La dejé con mis padres”. Es decir, ha estado desde entonces sin verla. “Lo bueno es que hemos tenido mucho trabajo y nos hemos pasado el día ocupados y distraídos. Luego nos videollamábamos...”, cuenta.

Noemí lleva dos meses sin ver a su hija. Viajará a Puertollano para verla.

Pero no es lo mismo. Por eso, este domingo, aprovechará el fin del estado de alarma para volver a Puertollano. “No sé qué vamos a hacer. Pero, bueno, disfrutaremos del pueblo, nos tomaremos algo en una terraza, estaremos con la niña...”, explica, ilusionada.

Con cierto miedo y dudas por cómo comportarse. “Ese es el dilema. A mi hija le voy a dar un beso, pero a mis padres, no. No sé, veré si me dejo llevar por los impulsos… Ya veremos. Hay cosas, por ejemplo, que no vamos a hacer, como ver a la familia de mi marido...”.

Con otro miedo: que un rebrote vuelva a dejarlos en Madrid. “Es muy difícil de comprender para la niña, con cinco años, el que no pueda estar contigo al 100%”. Por eso, aprovechará para disfrutar de ella hasta el martes en Puertollano y, después, si las circunstancias lo permiten, volver cada 15 días.

Cristina, a Ayamonte (Huelva)

Cristina Prado estaba trabajando en un departamento de selección de recursos humanos cuando le comunicaron, a raíz del coronavirus, que la despedían. Entonces, no le quedó otra que quedarse en su casa y pasar el confinamiento con sus padres en Boadilla del Monte (Comunidad de Madrid), estudiando lo que le quedaba del Máster habilitante de Psicología. “Al principio fue bien porque me dediqué a hacer todo lo que tenía pendiente, pero después se me hizo duro e incluso empecé a tener algo de ansiedad. Ahora, desde que se puede salir a hacer deporte, ya estoy bien”, explica.

Cristina viajará a Ayamonte (Huelva) para pasar una semana en la playa.

Y este domingo, además, va a volver a hacer las maletas para viajar y estar durante una semana en Ayamonte (Huelva) en la casa de la playa. Irá, el domingo, con sus padres, en el coche, con siete horas por delante. “Nos despertaremos, comeremos y saldremos. Sabemos que tendremos un atasco por delante, pero no tenemos prisa”, cuenta.

No tiene miedo a salir, pero sí a lo que puedan pensar de ella o de su familia. “No sé cómo nos van a recibir. Por una parte, les beneficia económicamente que vayamos; pero, por otra, nos repudian por llegar de la región con más contagios. Espero que no sea como dicen”, aventura. Con una certeza: “Ayamonte no suele ser una playa con mucha gente, así que no me he informado de las medidas”. Lo hará allí. Con la esperanza de que no sea la última vez que hace el recorrido este verano.