28.313 muertos por Covid-19 en España a 19 de junio. Esta es la cifra que el ministro de Sanidad, Salvador Illa, y el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), Fernando Simón, han confirmado después de mantener los números oficiales congelados desde hace 12 días y después de la gran rectificación del pasado 25 de mayo, que supuso una resta de cerca de 2.000 víctimas de la cuenta oficial de la mortalidad de la pandemia. Por la tarde, a ese cómputo de óbices se sumaban otros dos muertos por coronavirus. La cifra, por tanto, asciende a 28.315.

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Aun así, Simón ha reconocido que sigue existiendo un exceso de mortalidad de "entre 12.000 y 13.000 personas" y que muchas de ellas han podido fallecer también por coronavirus. Ese excedente hace referencia a la diferencia entre el cómputo de Sanidad y las cifras de mortalidad detectadas por el Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria (MoMo), que registra un incremento de la sobremortalidad del 65%. "Nos quedan 13.000 fallecidos ahí, pero no podemos ubicarlos ahora".

El sistema MoMo, ha recordado Simón, hace referencia a la mortalidad por todas las causas, con lo que faltaría por determinar el motivo de defunción de unas 13.000 personas; en su opinión, el porcentaje de las que la causa de la muerte estará directamente relacionada con el coronavirus no va a ser "nada desdeñable", pero no se ha aventurado a calcularlo.

Además, se han identificado 34 brotes activos en España en el último mes y medio, con 9 en mataderos y otros asociados a residencias de mayores, temporeros que en ocasiones lo contrajeron en Francia, en fiestas y en una granja de visones en Teruel, todos ellos "contenidos". Las muertes confirmadas por coronavirus suponen por tanto cerca del 65% de los casos de sobremortalidad registrada en marzo y abril. Las discrepancias con las cifras de las Comunidades, afirman, tendrán que ser "corregidas" a nivel local.

No se incluyen sospechosos

El recuento no aplica las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de incluir en el recuento la totalidad de casos sospechosos sin test. "España es de los pocos países, por no decir el único de Europa, que tiene el alcance real de la epidemia", afirma Illa, mencionando el estudio de seroprevalencia. "Sabemos que se infectó un 5% de la población, con variabilidad entre provincias". El ministro subraya que ha habido 2,3 millones de contagiados, mientras que se han realizado más de tres millones de PCR, sin contar los tests serológicos.

Las dos fuentes para determinar la mortalidad han sido las confirmaciones por PCR que han confirmado desde las comunidades autónomas y el informe MoMo de mortalidad "predictiva" por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Illa subraya la "transparencia" que esto supone, "sin muchos parangones en Europa, y que se van a seguir usando para "averiguar qué pasó".

La red epidemiológica de España creada en 1995, explica por su parte Simón, es una "red de redes" que coordina los datos transferidos a las Comunidades. Este programa declara los diagnósticos consistentes con una enfermedad diagnosticados por los médicos, y desde 2015, se añaden datos particulares por paciente. En ese sentido, solo se detectaron en un primer momento los casos más graves, atendidos en un centro hospitalario, y los fallecidos, pero no los leves y asintomáticos.

Este sistema se ha ido actualizando en los últimos meses para detectar un mayor volumen de casos. Al comienzo de la epidemia, afirma, se tardaba hasta 15 días en realizar una prueba, "una fotografía con retraso de la situación". Es el caso del 9 de marzo, la fecha polémica al día siguiente de las manifestaciones por el Día de la Mujer, en la que entró una elevada cantidad de casos "notificados" pero que respondían a infecciones que circulaban días antes. 

El cambio de notificación se produce así en la "primera semana de marzo", para poder comprobar si las medidas del estado de alarma iban a tener impacto. Una vez las "medidas de control genéricas, groseras" para contener la transmisión comunitaria, se vuelve a una "notificación individualizada" el 11 de mayo para poder contener brotes específicos, interviniendo persona a persona y contacto a contacto. El decalaje, según Simón, se ha reducido a 24-48 horas. "Para cerca del 60% de los casos, sabemos ahora de quién se ha contagiado". 

Debido a los decalajes, sin embargo, se han tenido que frenar las series y recalcular para fechar cada caso en su sitio y ponerlas "a limpio" antes de volver a utilizarlas. Es lo que ha pasado la cifra de fallecidos, asegura Simón, un proceso por otra parte "normal" durante un brote epidemiológico. El pico de mortalidad aparece así como dos semanas después del pico de contagio, a comienzos de abril, en consonancia con la evolución de la enfermedad.

Otro dato que ha ofrecido es que, en el punto álgido de la pandemia, "la mitad de los hospitalizados en España lo era por coronavirus", unos 40.000 pacientes ingresados. A día de hoy, la ocupación hospitalaria por COVID-19 es "mínima", afirma Simón. "Sí es verdad que en los lugares más afectados, Madrid y Barcelona, hubo muchos hospitales con su capacidad de UCI a más del doble". La habilitación de nuevas camas se evitó, afirma, "por los pelos". 

La incógnita de la sobremortalidad

Sanidad admitía a comienzos de junio que tendría que ajustar según los criterios de la OMS los datos de fallecidos confirmados y "probables" con los de exceso de mortalidad, recogidos por el Instituto Nacional de Estadística (INE) y el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII). De acuerdo con estas cifras, a lo largo de este año se han producido 44.000 muertes más de las esperadas.

El propio Simón admitía que esas muertes también podrían relacionarse indirectamente con la crisis sanitaria, al tratarse de personas que no habrían recibido los cuidados necesarios debido a la sobrepresión hospitalaria. "MoMo no nos da las causas de muerte", precisaba. En cualquier caso, el epidemiólogo se comprometía a que "todos los fallecidos" con COVID-19 serían conocidos una vez se solucionaran las discrepancias de criterios a nivel autonómico.

Entre los 12.000 restante, habrá personas que sí tenían coronavirus pero no se han detectado. Simón espera que se aclare con los certificados de defunción en los próximos meses y que ello permita acercarnos a los criterios de la OMS que pide que se contabilice "toda muerte que no se explica de otra manera que el coronavirus", pero subraya que la cifra no cambiará sustancialmente. "28.000 es bastante. No creo que necesitemos 40.000 para asustarnos".

Según otros cálculos particulares como los de la empresa de Big Data Inverence, la estimación de los fallecimientos incrementales causados por Covid-19 en España se sitúa en este momento en 52.500 decesos, a los que habría que añadir entre 1.000 y 2.000 muertes adicionales que podrían no aparecer en las cifras del INE debido a retrasos existentes todavía en la comunicación de mortalidad de los registros civiles.