Almería

Traje oscuro inmaculado. Camisa blanca. Corbata a rayas de tonos azules. Pelo largo liso y cano. Mirada fija en el jurado. Ni siquiera consulta un solo documento. Su relato es crudo. Impactante por momentos. "Lo apaleas, lo ves balbuceando con vómito y, ahí, lo asfixias".

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Este lunes, cuando Francisco Torres, abogado de los padres de Gabriel Cruz, pronuncia esas palabras, varios de los periodistas que cubren el juicio de Ana Julia Quezada se miran con cara de qué está pasando aquí. Al escuchar la siguiente frase, en la sala de prensa de la Audiencia Provincial de Almería se producen varios resoplidos. Si "su pretensión era asfixiarlo", dice el letrado, "no le da la somanta de palos que le dio durante una hora". Eran detalles que, a priori, no se esperaban. Y menos en la primera sesión del juicio.

El abogado de la familia del menor muerto a manos de Quezada el 27 de febrero de 2017, el reputado penalista almeriense Francisco Torres, tiene una difícil tarea por delante: convencer a los miembros del jurado de que la acusada orquestó un crimen y de que no tuvo compasión alguna con Gabriel Cruz y, a su vez, salvaguardar la intimidad de la víctima y no dañar en exceso a los progenitores del niño. Durante los días previos al inicio del juicio, Patricia Ramírez y Ángel Cruz solicitaron contención a los periodistas a la hora de informar de algunos detalles del caso.

Ana Julia Quezada escucha la narración del abogado de la acusación particular, este lunes en la Audiencia Provincial de Almería. EFE

Pero durante la primera sesión del proceso, su abogado no escatimó pasajes de cómo la acusada mató al crío. Incluso fue más allá al contar que, antes de enterrarlo en una fosa, lo desnudó para intentar descuartizarlo, "algo que no se podrá probar"; y que como el cadáver del niño no cabía en el agujero que había abierto con una pala, trató de seccionarle con un hacha una de sus extremidades superiores.

"Escenas de maldad"

"Llevo miles de juicios y jamás he visto tantas escenas de maldad como las que ustedes van a ver", adelantó Torres a los nueve miembros del jurado popular que ha de sentenciar a Ana Julia Quezada, quien se secaba las lágrimas con un pañuelo mientras escuchaba el relato de quien quiere para ella la prisión permanente revisable.

Este lunes se celebró la primera sesión. Las partes expusieron sus conclusiones previas frente el jurado, antes de que este martes declare la autora confesa de la muerte de Gabriel. Tras escuchar a la fiscal, que habló de "ataque repentino" de Quezada al menor, Torres describió a la acusada como una persona con una "falta de escrúpulos brutal" que fue capaz de "ponerse a pintar una puerta o a poner una lavadora después de matar y enterrar a alguien".

Francisco Torres tratará hoy de presentar a Ana Julia Quezada como una mujer que pretendía obtener un beneficio económico de su relación con Ángel Cruz, el padre del niño. El letrado explicó que Ana Julia solía hablar de que la finca en la que acabó enterrando al menor tendría un valor de mercado de 500.000 euros. También incidirá, algo que ya apuntó este lunes, en que la acusada veía al menor como un estorbo en su relación sentimental "porque el padre estaba mucho tiempo con él".

Será parte de su estrategia en las preguntas que plantee tanto a la propia Ana Julia como a los padres y a otros familiares de Gabriel Cruz, que también declararán mañana. Éstos lo harán a puerta cerrada, sin público ni prensa, a diferencia de la procesada. Según explicó el abogado de la defensa, Esteban Hernández, Ana Julia Quezada responderá a las cuestiones que le planteen todas las partes.

"Gabriel pudo salvarse"

Durante su intervención ante el jurado, que duró 20 minutos, como la de la fiscal y la defensa, Francisco Torres dejó claro que, a su juicio, Ana Julia Quezada actuó no solo con alevosía y premeditación al forzar los hechos "un día en el que el padre estaba ausente", sino que también se "ensañó" con el menor "aumentando inhumanamente el dolor para hacerle sufrir".

Segundo por la izquierda, el abogado Francisco Torres, mientras espera el inicio del juicio. EFE

El letrado de los padres del menor fallecido explicó que el niño estuvo agonizando "entre 45 y 90 minutos", período de tiempo transcurrido desde que la presunta asesina le propinó los primeros golpes y de que, posteriormente, asfixiara al menor. "Gabriel pudo salvarse en esa hora con apenas una llamada a los servicios de emergencias", dijo Francisco Torres para tratar de desmontar la hipótesis del homicidio imprudente que sostiene el abogado de la procesada. En cambio, en palabras de la acusación particular, Quezada “se fumó unos cigarros, pintó una puerta y, transcurrida una hora, vio que aún respiraba y entonces lo asfixió”.

La presencia de hemorragia y de un edema en el cerebro de la víctima demostraría, según los informes de los forenses contratados por la familia, que Gabriel Cruz, de ocho años, estuvo vivo el tiempo suficiente como para que sus órganos reaccionaran así a los golpes de la por entonces pareja de su padre.

En su descripción descarnada de Ana Julia Quezada, el abogado de la acusación particular le reprochó que durmiera a diario "con el padre del niño que había matado", o que durante sus intervenciones en público durante los 12 días de búsqueda dijera que "iba a aparecer y que le iba a dar una coca-cola".