Évole entrevista a Jorge Bergoglio en el Vaticano

Évole entrevista a Jorge Bergoglio en el Vaticano

Reportajes Salvados

Évole, látigo de la Iglesia, rendido ante Francisco, con un mensaje para la madre del periodista

La madre del presentador es religiosa y él hizo la comunión. Siempre crítico con la Iglesia, reconoce que el encuentro con Bergoglio es una de las entrevistas de su vida.

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Es de izquierdas, republicano de familia republicana, no es creyente y hace años se convirtió en el azote de la iglesia católica. Pero la tarde de 29 de marzo abrió una cuenta de Instagram y su publicación inaugural ha sido un mensaje del Papa Francisco. 

¿Se ha caido del caballo Jordi Évole, igual que San Pablo, y ha abrazado la fe católica? No tiene pinta. El mensaje es del pontífice para Antonia, la madre del presentador. Ella sí es creyente y fan de Francisco. Que su hijo Jordi se haya encontrado con el papa en el Vaticano no obedece a una peregrinación, sino a motivos laborales; a la entrevista que se emite el domingo 31 en La Sexta.

La relación de su hijo Jordi con la religion cristiana ha tenido sus fases. Sus pasos. Sus estaciones, como el viacrucis. Y al principio iba muy bien. Jordi Évole creció en la religión cristiana. Su madre es creyente y él mismo reconoce que de pequeño iba a misa y sacaba buenas notas en Religión, aunque con el tiempo acabó escribiendo columnas en contra de esa asignatura. O, al menos, del formato en el que se imparte en España.

Un buen proyecto de cristiano

Como buen proyecto de cristiano, Évole hizo la comunión. Cosa que no harán sus hijos porque no les ha inculcado la práctica religiosa en su educación. Los sorprendente es que Évole no sólo comulgó: fue mucho más allá. La relación de muchos jóvenes con la iglesia acaba el día después de la comunión. Ese lunes en el que ya puedes confesar que lo que más ilusión te hace de haber aguantado todos esos años de catequesis no es recibir a dios, sino los regalos. El juego de compás, el reloj y el álbum de fotos musical que te compran en honor a tan magno evento. Pero Jordi Évole no se detuvo ahí. Llegó incluso a confirmarse, que es como la gran prueba de fuego que te pone la adolescencia para discernir si vas a ser un buen cristiano o no. Él la pasó.

Apuntaba Évole, pero se torció la cosa. Todo se pierde en una especie de nebulosa cuando tiene 14 años. No más iglesia, no más misas, no más esplai en Cornellà. Esplai significa en csatellano 'esparcimiento' y son las actividades off topic que organizan las parroquias catalanas para los jóvenes los fines de semana, donde te enseñan dibujo, socorrismo y boy-scout.

Republicano como su abuelo

Jordi abandonó la senda del cristianismo por el carril de la izquierda, el mismo por el que circulaba su abuelo Pedro, que fue el último alcalde socialista de Garrovillas (Cáceres) antes de la guerra. Lo unió a su faceta más provocadora y a su trabajo como periodista. El resultado fue que la iglesia cristiana se acabó convirtiendo en uno de los objetivos habituales de aquel proto-"Salvados"; el programa que más ha mutado en la televisión española en los últimos años. Ahora es el espacio televisivo referente de entrevistas de nuestro país. Pero en su momento tenían especial querencia por las gamberradas.

Por ejemplo: en 2008 consiguió hacerle llegar al Papa Benedicto XVI la guitarra de plástico que llevaba Rodolfo Chikilicuatre, aquel cantante freak que interpretaba el actor David Fernández y que llegó a Eurovisión. Évole lió a una pareja de novios de Sabadell que fueron a Roma de viaje. Los recién casados que vayan vestidos de boda al Vaticano pueden acceder con más facilidad a encontrarse con el santo padre. Ellos aceptaron el reto y consiguieron entregarle a Ratzinger aquel juguete de plástico al que bautizaron como Luciana. La relación entre Évole y el catolicismo, tan bien trenzada durante la infancia, había llegado a su punto de ruptura.

Cardenal Sistachs, Papichulo

Hubo más: en 2010, en otra entrega de Salvados, Évole coló un móvil en una rueda de prensa del cardenal Sistach. Lo dejó en una silla vacía, se fue al fondo y llamó. El teléfono empezó a sonar y la era de los politonos (ya extinta) hizo el resto de la magia: el tono de llamada era la canción Papichulo, que sonó de forma prolongada ante la sorpresa de toda la concurrencia en general, y de Sistach en particular, de aspecto poco reguetonero. Aquella broma le valió numerosas críticas de los sectores más cristianos y no menos mensajes del tipo "con Mahoma no te atreves" en las redes.

Superada su etapa más gamberra, Évole y su programa dieron un giro hacia la seriedad. Ya no ponía a un negro en mitad de una plaza en Euskadi anunciándolo como el próximo lehendakari. Ya no colaban papichulos en la conferencia episcopal. Pero la iglesia católica seguía siendo una de sus dianas favoritas. Le dedicó un programa a los bienes inmatriculados de la iglesia y a los impuestos que paga o recibe. Un tema que, por cierto, toca en la entrevista con el actual sumo pontífice. 

Siguió atizando al clero en 2015, con una columna publicada en El Periódico donde le dio toda la estopa (igual que el nombre del célebre grupo de su pueblo) al arzobispo de Valencia, Antoni Cañizares. Le afeó sus declaraciones criticando la llegada de refugiados y le dejó varias pullas: "Se puede ir a misa y no estar muy católico" o "¿De verdad Cáritas y Cañizares pertenecen a la misma religión? Pues parece mentira. A mí me gusta muchísimo más la de Cáritas".

Evol-ución

Pero la evolución de Évole, que es una expresión casi cacofónica, le ha llevado a serenar todavía más el tono de su programa. Ahora hace entrevistas serias en clave seria y a personajes serios. Pero, sobre todo, relevantes. Se ha apuntado varios tantos en materia de exclusivas. Tal vez la de Nicolás Maduro sea la más reciente. La del Papa era una espina clavada desde 2015.

Ese fue el año en el que empezó el equipo de producción del programa a intentar concertar una entrevista con el sumo pontífice. Mails, cartas, ruegos... Nunca hubo suerte. Al final, casi de sorpresa, lo ha conseguido. 4 años más tarde, Évole es recibido por el Papa más criticado por los sectores más ortodoxos del catolicismo, y el más querido por los no religiosos. 

"Me da miedo esta entrevista porque la va a ver mi madre y si lo hago mal, ella se va a enfadar", le confiesa Évole a Bergoglio durante la entrevista. Antonia siempre estuvo presente en este encuentro. Antes, durante y después. Évole ha confesado que ha sido una de las entrevistas de su vida y ha alabado que el Papa Francisco sólo haya rehusado hablar de un tema: los restos de Franco. 

Firman la paz

Loas para el santo padre, que responde con un mensaje para la madre de Évole. Tan importante para ella, que Évole, una estrella también de las redes sociales (casi 3 millones y medio de seguidores en Twitter) ha considerado que ese mensaje del Papa era el mejor post para inaugurar su Instagram. Parece que la reconciliación entre el Vaticano y el Follonero ha cerrado el círculo.

¿Vuelve a ser creyente entonces Évole? En su entorno aseguran que no. Que es mucho de FRancisco pero nada de dogmas. Y que ni el encuentro con el jefe del catolicismo le ha sacado de sus nuevas devociones. En 2010 reconoció, en El Periódico de Extremadura que "Soy un futuro creyente, pero no sé en que". En aquel tiempo, en pleno Barça del sextete, Jordi reconoció que si figura espiritual de cabecera era Guardiola. Preguntados sus allegados, a día de hoy también ha abandonado esa fe, como lo hizo con el cristianismo. Y sin ser una persona de muchos ídolos, reconocen que, si alguna vez Évole ha dicho de alguien "esa persona es Dios", ha sido solamente de Lionel Messi. Entre argentinos se queda su fe.