Húngaro Jiménez es gitano, andaluz –de Huelva, concretamente– y vota a Vox. “Está loco”, le dicen. “¡No es posible!”, le insisten. “¡Cómo puede ser!”, se sorprenden. En la cena de Nochebuena, es el único que defiende al partido de Abascal en su casa. El resto de la familia, la de su mujer, es del PSOE. Todos son de izquierdas. Y él, sí, está solo. Pero hace de escudo, se revuelve, argumenta, contraataca y resiste las acometidas. Qué puede hacer. No le queda otra. Está convencido de que es lo mejor. “Me dicen que soy de extrema derecha… Yo digo, como Santi, que soy de extrema necesidad”, comenta en conversación con EL ESPAÑOL. Y ya está. Así de simple. “Y en Nochevieja, otra vez...”, bromea. 

Él es el que ‘encendió’ la llama en su casa. Fue el que rompió las reglas, el que pronunció la palabra prohibida. “Si la cena está aburrida… di Vox”, rezaba un comentario que se hizo viral a través de las redes sociales. Y, en efecto, así fue. En Cataluña, en Andalucía, en Canarias o en Galicia; con langostinos, centollos o jamón sobre la mesa. Importa poco el lugar, la casa, la localidad o el menú. España, por un día, estuvo unida en torno a tres letras, a una seña política, a una discusión, al tema de moda. 

Húngaro, realmente, ya iba preparado. Sabía lo que le esperaba. La noche, tenía claro, iba a ser ‘dura’. Pero él llevaba la lección bien aprendida. “Yo discuto con el que haga falta. Un día lo hice con unos homosexuales que decían que les iban a quitar sus derechos, otros días merendando… Me da igual. Yo soy gitano y español, una cosa no quita la otra”, explica a este periódico. 

Él, como muchos otros, se ha subido al carro de Vox a raíz de las elecciones andaluzas. El partido de Abascal, contra todo pronóstico, sacó 12 escaños y es la llave para que el centro derecha (Ciudadanos y PP) puedan formar Gobierno. De hecho, desde entonces, la formación no ha parado de crecer en las encuestas: EL ESPAÑOL, en la suya, le daba 25 diputados en unos hipotéticos comicios a nivel nacional, aunque Pedro Sánchez continuaría en La Moncloa. 

En la cena, Húngaro era el disidente. ¿El primer tema a tratar? La inmigración ilegal. “Ellos, siendo de izquierdas, me decían que esto tiene que regularse, pero no quieren un cambio. Yo les digo que esto tiene que parar, que Vox va a quitar las ayudas a los inmigrantes y que va a fomentar la natalidad en España… ¡Y ellos me dan la razón! Pero siguen votando al PSOE…”, se sorprende este onubense. 

"No van a robar más que PSOE y Podemos"

Lo suyo en Nochebuena fue una defensa a ultranza contra los complejos. “Por ejemplo, siempre me dicen que si los gitanos cobran ayudas, que si tal, que si cual… ¡Y no saben que el 80% de nosotros somos autónomos!”, incide. Con el mensaje bien aprendido: Húngaro no cree que vayan a robar (“no más que PSOE y Podemos”), entiende que hay que respetar las leyes, en referencia al tema catalán (“hay que cumplir unas reglas, no se las pueden pasar por ahí”) y no los considera racistas. 

En definitiva, en su defensa por los valores de Vox, recalca que esto no puede ser “el juju de la Bernarda”. Y le da igual lo que le digan. Que lo llamen “loco”, de “derechas” o lo que sea. “Hay muchos gitanos que hemos votado a Vox”, finaliza, orgulloso, sin dar un paso atrás. 

Húngaro y su cena de Navidad son un reflejo de lo que pasó en muchas casas en Nochebuena. Alberto, por ejemplo, en conversación con EL ESPAÑOL, cuenta que en su casa pasó lo mismo. “Yo dije que en Ceuta y Melilla eran la segunda fuerza política”. Y, entonces, su tío llegó al rescate: “¡Ya está bien, joder!”. Mientras, todo se mezclaba. “Empezamos a criticar a LaSexta, al Gobierno… Que si mi primo José Luis lleva 36 años viviendo en casa de sus padres y sin trabajar y se acaba de afiliar a Podemos…”. En fin, él no sabía que soltando la bomba “iba a haber un beneplácito del 100%”. En su caso, la discusión no encontró oposición. 

Pero la conversación, sin duda, se ha repetido en muchas casas en diferentes versiones. En la de María, por ejemplo, se cortó de raíz. Fue decir Vox y acabarlo todo. “Regla número 1: no se habla de política en Navidad”. Y ya está. En la de Miriam, en cambio, sí se habló. Es más, se llegó a desgranar el programa del partido. “Mi hermano dijo que había muchos de sus amigos que iban a votar a Vox… Nos pusimos a mirar sus propuestas… Por suerte, ahí acabó todo”, cuenta a EL ESPAÑOL. 

Pero el fenómeno fue más allá. Las conversaciones derivaron también en más trabajo para Papa Noel. “Yo, junto a mi novia, íbamos a regalarle al abuelo Enrique el libro de Abascal Hay un camino a la derecha”. No lo pudieron hacer: se encontraron con que estaba agotado (o fuera de catálogo). La realidad es que no lo pudieron comprar. “Tuvimos que llevarle el de La España viva”, cuenta Sergio. En la cena, no hubo discusión. Pero podría haberla próximamente.... 

El segundo capítulo, en Nochevieja