Laura Luelmo desapareció el miércoles 12 de diciembre, murió dos o tres días después de un golpe en la cabeza (el 14 o el 15) –según revela la autopsia– y fue encontrada el lunes al borde del mediodía (el 17) con signos de violencia. En total, seis días de búsqueda y tres fechas clave. Un presunto asesino, Bernardo Montoya, y muchos interrogantes por resolver. El caso, lejos de cerrarse, sigue ampliando hipótesis. Por ejemplo, ¿qué ha ocurrido verdaderamente durante todo este tiempo? ¿Cuándo dejaron realmente a la profesora en el matorral donde fue hallada? Llegado a este punto, toca poner orden cronológico a lo sucedido y escudriñar entre los muchos recovecos que ofrece el relato de los acontecimientos. 

La primera duda que desliza la investigación es qué ocurrió entre el momento de la desaparición de la joven, el 12 de diciembre, y el día en que murió. La señal de GPS de Laura Luelmo se esfumó a nueve kilómetros de El Campillo (Huelva), donde había alquilado una casa nueve días antes para hacer una sustitución como profesora de Plástica en el Instituto de Nerva. Su rastro se perdió en el pantano de Campofrío mientras corría. Pero ese día no falleció. Lo hizo dos o tres días después de un golpe en la cabeza, según revela la autopsia. 

Laura, por tanto, estuvo viva durante entre 48 y 72 horas después de su desaparición; y los vecinos de El Campillo, que empezaron a buscarla ese mismo miércoles, tuvieron dos o tres días para encontrarla sana y salva. No fue así. El presunto asesino, Bernardo Montoya, la habría retenido durante ese tiempo. ¿Dónde? He ahí la cuestión. Él vivía enfrente de la joven, en el número 1 de la calle Córdoba. Desde allí la vigilaba –según le había contado la profesora zamorana a su novio– y allí fue donde pudo retenerla hasta matarla. Después, el viernes, según reconocieron los vecinos en conversación con EL ESPAÑOL, el susodicho habría “salido pitando” con su coche, un Alfa Romeo negro. ¿Iba con ella dentro? Nadie lo sabe. Lo cierto es que no regresó al pueblo. 

Llegado a este punto, la duda es qué hizo –de ser finalmente el asesino–, Bernardo Montoya con la joven. ¿Qué pretendía si la retuvo durante 48 horas con vida? Resulta estremecedor pensarlo. Lo cierto es que, durante esos dos o tres días, los vecinos que la buscaban podrían haberla tenido a pocos metros de donde vivían, dentro de la casa de Bernardo Montoya. O quizás no. Puede que la dejara en alguno de los caminos colindantes a El Campillo. 

Durante todo ese tiempo, por tanto, habría estado viva. Pero, ¿en qué estado? ¿Le dio un golpe en la cabeza y la dejó semiinconsciente hasta morir? ¿Fue de un golpe seco dos o tres días después de la desaparición? ¿Qué le hizo? Nadie sabe. El cadáver, no obstante, lo encontraron con signos de violencia. ¿Cuándo se produjeron estos episodios? Eso es lo que queda por esclarecer. 

La otra ramificación que ofrece la investigación es cómo llegó Laura Luelmo a los matorrales donde fue hallada. La señal del GPS de la joven se perdió en el pantano de Campofrío y su cuerpo apareció a 15 kilómetros, escondido entre ramas. Allí la encontró un voluntario de la Cruz Roja que vio sus ropas y avisó a la Policía. Apareció semidesnuda el lunes a mediodía, pero el juzgado no ordenó el levantamiento del cadáver hasta última hora de la tarde. Está claro que ella no pudo recorrer esa distancia. No era una zona para hacer “running”, como explicó la Guardia Civil. Por tanto, alguien tuvo que arrojarla allí. 

Laura Luelmo en una imagen en la playa

La zona donde fue hallada, además, había sido batida anteriormente, lo que demuestra que el presunto asesino no habría depositado allí el cadáver desde el primer día. ¿Movió el cuerpo mientras lo buscban o lo dejó con posterioridad a su muerte? Esto se puede esclarecer en los próximos días, cuando se analice el Alfa Romeo con el que Bernardo Montoya habría trasladado a la joven hasta los matorrales donde fue encontrada. 

Todos esos huecos que deja la investigación se irán rellenando con el transcurrir de las horas, según avance la autopsia y se interrogue a Bernardo Montoya, el único detenido por la muerte de la joven. Él es el principal sospechoso. Los operativos registraron su casa el día de la detención. La encontraron destartalada y desordenada. Y se lo llevaron. Su historial lo sitúa en la boca del lobo. 

Bernardo Montoya había sido condenado a 22 años por matar a una anciana de 80 años en 1995 y por intentar violar a una vecina durante un permiso. Finalmente, pasó 17 años en prisión. Y salió hace dos meses. Se instaló en casa de sus padres, en el número 1 de la calle Córdoba, y desde allí observó a Laura Luelmo, que llegó el 4 de diciembre para trabajar de profesora en el municipio cercano de Nerva, a poco más de 11 kilómetros en coche. 

A partir de ahí, el resto son incógnitas. “Si lo ha hecho que lo pague”, reconocía el padre de Bernardo Montoya tras la detención de su hijo. No obstante, también eso queda por probarse. Él es el detenido y el principal sospechoso. Sobre él se sitúa la lupa. Y él genera todos estos interrogantes que tratan de esclarecerse estos días. Los fundamentales, qué ocurrió entre la desaparición de la joven y su fallecimiento y cómo recorrió 15 kilómetros entre el pantano de Campofrío y el lugar donde fue hallada…  Pero también, por qué y cómo la asesinó.