Raquel es la dueña del restaurante Gerardo.

Raquel es la dueña del restaurante Gerardo.

Reportajes

Así cayó Cachopo: cocinero en el mesón Gerardo, decía ser discípulo de Arzak y venezolano

Zaragoza

Siempre pendiente del reloj, César Román Viruete, el Rey del Cachopo, era un hombre puntual, metódico. Daba igual que se encontrara en Madrid, donde había montado un imperio empresarial repleto de sombras en torno a este plato asturiano, o en Zaragoza, fugado con una identidad falsa. Mentiroso compulsivo, era uno de los pocos rasgos que conservaba de su anterior piel, de la que tantas veces se había mudado. También, su sonrisa sardónica.

Eran poco más de las 11 de la mañana cuando apareció en su último puesto de trabajo, un mesón en el zaragozano barrio de Delicias llamado Gerardo. El establecimiento, un referente en la restauración en la zona que ofrece comida clásica y tradicional para un aforo de hasta 20 comensales, buscaba un apoyo en las cocinas cuando Román tocó a su puerta.

Él, el hombre que había popularizado el cachopo en Madrid, antiguo miembro de Falange, expulsado de los 4 partidos políticos en los que ha militado y condenado varias veces por impagos, vivía en la capital aragonesa desde finales de agosto, según cuentan a EL ESPAÑOL quienes lo frecuentaron en esta etapa. Decía ser Rafael Rujano Contreras, natural de Maracaibo (Venezuela) -una identidad usurpada a un ciudadano real que respondía a esas características, como confirman fuentes policiales a este periódico- pero prefería que todos le llamaran Txiqui. Era su principal virtud: hacer de su diminuta estatura (1’52 metros) su mayor fuerte.

El bar Gerardo es un clásico y un referente culinario en el barrio de Delicias.

El bar Gerardo es un clásico y un referente culinario en el barrio de Delicias.

Formado en el Basque Culinary Center

Nadie sabe bien qué datos eran verdad y cuántos eran invención de Román. Se presentó en el Gerardo esgrimiendo un currículum que sus jefes pronto desmontaron: afirmaba haber estudiado en el Basque Culinary Center y haber sido discípulo de Juan Mari Arzak, el mítico chef donostiarra. “Tenía muchos aires de grandeza”, reconoce Raquel, la dueña del restaurante, con cierto humor. “Mi marido -el cocinero del local- pronto se dio cuenta de que estaba mintiendo, pero nos dio igual: se acoplaba a lo que decía él y le servía igualmente”.

Fue ella quien reconoció a Txiqui por televisión en la misma mañana de este viernes. “No suelo poner la tele, pero hoy, por lo que sea, sí. Y vaya situación, qué día más malo. No me lo podía creer. De hecho, aún no me lo creo”, mantiene la empresaria. Ella no dudó ni un instante de que se trataba del Rey del Cachopo; su marido, en cambio, no estaba del todo seguro. Temía fastidiarle la vida a un inocente.

Pero Raquel estaba resuelta. “Era perfectamente reconocible: el pelo más corto que en las imágenes, como rapado al 3 o al 4, y mucho más delgado, pero es que era él”. Román había tratado de disimular quién era dejándose una larga y poblada barba, pero en el restaurante le dijeron que se la cortara. “Cómo iba a estar ahí haciendo platos con las barbas ahí metidas”, resopla el cocinero. Se la perfiló y ahora la llevaba “como de 4 o 5 días”.

Se despidió de sus jefes al ser detenidos: "Muchas gracias"

Finalmente, el matrimonio llamó al 091. Le preguntaron por el horario de Txiqui, quien sólo llevaba dos meses trabajando en el Gerardo. Había comenzado teniendo un contrato de 8 horas, pero en noviembre se lo cambiaron a 4. Y este viernes le tocaba abrir: a las 11 de la mañana comenzaba su turno.

Román llevaba meses escondido de las autoridades, que lo buscaban por todo el país. Tenía antecedentes policiales por lesiones, estafa, falsedad documenta, violencia de género. Incluso había quebrantado una orden de alejamiento de una anterior pareja. Pero, sobre todo, al Rey del Cachopo lo cercaban como responsable del asesinato de su última novia, Heidi Paz Bulnes, cuyo cuerpo apareció descuartizado durante el verano. Hacía escasas horas, ni llegaba a 24, que las pruebas de ADN confirmaron que el torso (sin brazos, ni pechos, ni cabeza), encontrado en una maleta en el barrio de Usera, en Madrid, era suyo.

La foto de perfil del Rey del Cachopo era un poema de Quevedo.

La foto de perfil del Rey del Cachopo era un poema de Quevedo. EL ESPAÑOL

No se resistió cuando los agentes de la Policía Nacional acudieron a detenerlo. “Sí, soy yo el que buscan”, afirman los testigos que exclamó. Iba vestido como acostumbraba: gorra negra, camiseta de mangas cortas, chaqueta y pantalón vaquero. Siempre discreto, siempre igual.

Se despidió de sus jefes. Les agarró de las manos con un cariñoso achuchón. “Muchas gracias por todo”, mantuvo con voz cálida. “El tío se pensaba que esto era la película de El Padrino, ríe ahora su jefe.

Documentación inventada para una contratación legal

Que Txiqui es un tipo peculiar y mentiroso no extraña ni a propios ni a ajenos. Para resumir la atribulada vida de César Román Viruete (Madrid o País Vasco, 1973) serían necesarios varios fascículos. Para empezar, ni siquiera está claro que naciese donde dijo nacer: en Getaria (Vizcaya). Apuntan varias fuentes que su lugar de nacimiento real fue Madrid, la misma ciudad en la que se crió.

El falsear e inventar la realidad era algo que ha mantenido en su nueva vida. Cuando sus empleadores le pidieron la documentación para formalizar su contrato, accedió de buena gana. Casualmente, al día siguiente, afirmó haber sufrido el robo de su cartera. Adiós DNI, adiós permiso de residencia, adiós a cualquier atisbo de documento oficial. Esgrimió que tardaría “bastantes días” en conseguir un nuevo carné y presentó lo que parecía un certificado policial basado en una denuncia como acreditación de su identidad, la de Rafael Rujano Contreras.

A los gestores y a los organismos oficiales que tramitaron su contratación no les chirrió. Porque el Rey del Cachopo estaba dado de alta y cotizaba como cualquier otro trabajador a la Seguridad Social. También recibía, puntualmente cada mes, su retribución en una cuenta bancaria del BBVA.

Domicilio falso

Pero eso no fue en lo único que había mentido Román: esgrimía que vivía en un piso compartido en el número 32 de la calle Unceta de Zaragoza, a escasos minutos del Gerardo. Así figuraba en su contrato laboral, que ya está en posesión de las autoridades. No era verdad y los propios agentes policiales tardaron en confirmarlo, puesto que los vecinos de ese mismo portal afirmaban haberlo visto por allí, como pudo atestiguar este diario.

Realmente, vivía en calle Portugal, 18. No fue hasta cerca de las 20.15 horas cuando las fuerzas de seguridad de las Jefaturas de Aragón y Madrid y el secretario judicial del Juzgado de Instrucción número 7 de Zaragoza, presidido por el magistrado Rafael Lasala, escoltaron al detenido hasta este domicilio, para que presenciara el registro. La investigación se encuentra bajo secreto. Cachopo únicamente ha proclamado su inocencia sobre las presuntas estafas cometidas al ver a los medios de comunicación al bajar del vehículo policial.

Imágenes de la detención del ‘Rey del Cachopo’

La vida del fugado Román en la capital de Aragón era simple. “Iba siempre solo, vestido igual, hablando únicamente de cocina”, manifiestan a este diario algunos vecinos de la zona que compartieron, muy esporádicamente, alguna cerveza con el detenido. Siempre lo hacía en los mismos bares, incluso antes de trabajar en el Gerardo. Siempre hablaba de lo mismo: cocina, cocina y más cocina. “Aquí preguntaba por cómo caramelizábamos uno de nuestros pinchos o decía que era muy fan del membrillo”, relata el dueño un establecimiento de la zona al que Román había acudido en un par de ocasiones, a escasos metros del que ha resultado ser su domicilio. 

Precisamente, en uno de esos bares, prácticamente pared con pared con el Gerardo, conoció que allí buscaban ayudante de cocina. “Era simpático, afable. Reservado, pero normal. Es que era una persona normal, aunque ahora cueste creerlo”, indica el responsable de este local de copas. Ahora, este hombre y el que fuera jefe del Rey del Cachopo, amigos, bromean sobre la situación. “Es que vaya persona me envías para trabajar conmigo. ¿Es que acaso quieres que me pase algo?”.

Habitual de la extrema derecha

César Román Viruete siempre ha sido un personaje que ha generado controversia. Cuando tenía 18 años, la Falange lo infiltraba en manifestaciones de CCOO para reventarlas desde dentro. Con 22 se apuntó a primero de BUP, donde compartía clase con niños de 14 años. Allí se proclamó líder de una supuesta organización estudiantil que amenazaba con una huelga general que paralizaría España, aunque lo único que consiguió fue que lo echaran del instituto por no asistir. Lo intentó con la política y lo expulsaron de los 4 partidos en los que estuvo, incluidos uno neonazi catalán, el CDS y otro que él mismo fundó. También abrió un extraño medio de comunicación donde dejó deudas a todos los trabajadores. En 2016 lo intentó con la hostelería. Abrió cinco sidrerías llamadas “El Rey del Cachopo” en Madrid

Su relación con la extrema derecha siempre fue intrincada. Tras la Falange, de donde lo echaron en 1996 por falsificar su título de FP de Administrativo, entró después en contacto con Josep Anglada, fundador del partido de ultraderecha Plataforma x Catalunya. Él se convirtió en el responsable de la sucursal en la capital Plataforma x Madrid, aunque lo que realmente quería era convertirse en el Secretario General del partido en toda España. Por estas ansias de poder también fue expulsado del partido. 

Probó suerte después con el extinto CDS en Alcorcón. De ese partido también lo echaron en 2011 por haber coaccionado al presidente y por haber protagonizado altercados contra la Policía en la sede de la formación. Ese mismo año fundó su propio partido llamado El Centro. Contra todo pronóstico, también lo expulsaron del mismo por conspiración.