De izquierda a derecha, Rufián en el Congreso con la impresora, en el Valled de los Caídos y con las imágenes del 1-O.

De izquierda a derecha, Rufián en el Congreso con la impresora, en el Valled de los Caídos y con las imágenes del 1-O.

Reportajes

Las 50 'rufianadas' del increíble Gabriel, cada cual mejor

Hace dos años que Gabriel Rufián hace de sus intervenciones públicas un espectáculo chulesco, macarra, que mezcla lo vulgar con las amenzas. El diputado de Esquerra Republicana se ha convertido en un personaje que va más allá de lo político, que topa con lo teatral y que genera polémica en cada uno de sus intervenciones. Todo comenzó en el año 2016 cuando, subido a la palestra del Congreso, sacó un mapa de España, con las regiones nacionalistas pintadas en distintos colores. "Esto son países diferentes, que votan diferente", sentenció ante el asombro de los que presenciaban la novedosa escena. 

Pronto decidió cambiar el escenario y hacer de las redes sociales su mejor portal. Allí, donde los anónimos hablan sin penar y los públicos departen con medida, él reparte comentarios a todo el que lo quiera recibir. Los partidos políticos y sus líderes son su mejor diana, la más eficaz y contra la que siempre apunta. Pero una última polémica estaba esperándole. Ocurrió el pasado nueve de octubre, cuando, durante la Comisión de investigación sobre la supuesta financiación irregular del PP le llamó "palmera" a Beatriz Escudero, diputada de ese partido. Lo que nadie esperaba era lo que ocurrió después cuando, la mujer, protestó: "No me guiñes el ojo, imbécil".