El científico Francisco J. Ayala, en una foto de archivo.

El científico Francisco J. Ayala, en una foto de archivo.

Reportajes

La perdición del científico Francisco Ayala: de mito en EEUU a despedido por acoso y tocamientos

  • El biólogo español, que llegó a EEUU tras abandonar el sacerdocio, se escuda en la costumbre europea de saludar con dos besos.
  • No obstante, las denunciantes hablan de un asedio sistemático desde los 80.
Washington DC

Francisco J. Ayala se ha pasado buena parte de sus 84 años de vida analizando el comportamiento de las moléculas en el campo de la biología evolutiva. Ahora es su propia conducta, específicamente con las mujeres, la que está bajo la lupa y la que le ha obligado a dimitir de todos sus puestos en la Universidad de California Irvine (UCI), donde hasta hace unos días era considerado un ‘semidiós’. Ahora se enfrenta a un destierro académico y a un posible horizonte judicial, aunque sigue sin hacerse público el informe que justificaría su cese y que alguno de sus colegas no acaba de creerse.

Michelle Herrera, una joven estudiante graduada de su centro, fue la detonante de la investigación por acoso sexual que ha acabado con la carrera del hasta ahora todopoderoso biólogo evolucionista español, cuyo nombre bautizaba edificios, bibliotecas, cátedras y hasta becas. La gota que colmó el vaso y la llevó a denunciar fue un incidente ocurrido presuntamente durante un cóctel de trabajo al que acudieron varios compañeros del campus.

Según explica a EL ESPAÑOL la abogada de varias de las denunciantes, Micha Star Liberty, aquel día “el profesor Ayala hizo lo que ha hecho a otras muchas mujeres en su entorno profesional en repetidas ocasiones: saludó a la alumna agarrándola del brazo y poniéndole la palma de mano en su espalda, dejándola allí colocada y acercando su cuerpo contra el de ella”.

Herrera, siempre según el relato de la letrada, se quedó paralizada ante lo que estaba ocurriendo, sin saber cómo escapar de aquella situación de la que, además, estaban siendo testigos otros miembros de la comunidad universitaria. No era el primer incidente, pero fue el que la decidió a presentar el pasado noviembre la queja que inició la investigación oficial.

La universidad abrió un expediente interno e interrogó a unas 60 personas del entorno, encontrando varios testimonios preocupantes. Otras tres mujeres se unieron a esta denuncia. En concreto, Kathleen Treseder, que posee la Cátedra Ayala de Ecología y Biología Evolutiva; Jessica Pratt, profesora asistente en ese departamento, y Benedicte Shipley, decana asistente en la Escuela de Ciencias Biológicas. Las cuatro pidieron ser identificadas.

Tras varios meses, la pasada semana Ayala presentaba su renuncia y emitía un comunicado en el que alegaba que todo se debía a una malinterpretación de sus “modales de caballero” europeo. En concreto, se refería a la costumbre de “saludar a las compañeras de manera cálida, con un beso en ambas mejillas” y mencionaba que acostumbraba a “hacerles cumplidos sobre su belleza”. En aquella nota, además, pedía disculpas y negaba que fuera su intención incomodar a nadie.

¿Algo más que dos besos?

La abogada de las denunciantes reconoce las diferencias culturales y sociales entre Europa y EEUU, pero niega tajantemente que esto se haya producido “por dar dos besos en la mejilla”. Según indica, “lo de los besos era constante, en cada saludo, en cada circunstancia, independientemente de la reacción del lenguaje corporal de las mujeres”. “Además, no es la costumbre para los estadounidenses y a nadie se le debería imponer la cultura de otra persona si le hace sentir incómodo. Pero insisto, si fuera sólo eso, la UCI no habría tomado estas medidas ni estaríamos aquí”, añade.

Francisco Ayala, en una presentación en la UCI.

Francisco Ayala, en una presentación en la UCI.

Aunque es cierto que en España la tradición del saludo con dos besos alcanza incluso al ámbito laboral, en EEUU una de las primeras lecciones que aprenden los europeos que vienen a trabajar a este país es que en las empresas, y en general en el día a día, para saludar o presentarse a alguien sólo se estrecha la mano, salvo circunstancias excepcionales. Besar a una desconocida, seas hombre o mujer, aquí no es costumbre y no conviene intentarlo.

“En el caso del doctor Ayala estamos hablando de las interacciones diarias, con los subordinados estadounidenses, y en un lugar de trabajo”, recalca la abogada, que insiste en que había otros comportamientos inapropiados y que muchas en el entorno del científico sabían que había que andarse con ojo con este profesor.

Después de saltar el escándalo, la revista Science recogía un incidente ocurrido en 2015, cuando delante de toda una clase, Ayala le dijo a una compañera, supuestamente en tono de humor, “¿por qué no te sientas en mi regazo mientras haces la presentación? Sería mucho más interesante”. La abogada del profesor, Susan Estrich, explicó a esta publicación que aquel comentario “fue una mala broma en una sala abarrotada, por la que el profesor se disculpó hace algunos años”.

Casos desde los 80

Pero hay más. Desde que empezaron a trascender estos incidentes, han ido apareciendo nuevas mujeres que están contando sus experiencias, según asevera Liberty. “Nos estamos encontrando con que esto viene pasando desde hace décadas. Estamos todavía recopilando información, pero hablamos de varias situaciones, quizá muchas, de mujeres que en su momento no se atrevieron a decir nada, en los años 80, 90 y principios de los 2000, incluso en entrevistas de trabajo”.

Conviene subrayar que de momento ni la acusación ni la propia universidad han hecho públicos los detalles de la investigación, por lo que se desconoce a qué situaciones específicas se refiere esta abogada. “No estamos ofreciendo pormenores todavía. Hay que tener en cuenta que nosotras no hemos elegido cuándo salía todo esto a la luz” -ha sido la universidad-. “Para las víctimas es un proceso emocional muy duro”, arguye.

EL ESPAÑOL ha contactado vía email con la abogada de Ayala para conocer también su versión sobre los casos que la otra parte nos ha expuesto hasta ahora, así como para conversar con el propio científico. Estrich de momento ha remitido a este medio dos notas que ya eran públicas, la de dimisión de Ayala y la de apoyo de su compañero español Camilo J. Cela Conde.

¿Habrá demandas?

Hasta ahora este asunto se ha llevado a cabo como una investigación interna de la universidad. Sin embargo, y aunque según la abogada de las denunciantes no hay ninguna decisión tomada todavía, “habría responsabilidades legales”, tanto por parte del campus como del propio científico, por lo que están explorando “todas las vías posibles”.

Por lo tanto, las presuntas víctimas podrían llegar a presentar una demanda y, de ser así, se podría llegar a celebrar un juicio, salvo que se alcance un acuerdo privado entre las partes. En EEUU este tipo de pactos suelen incluir cláusulas de confidencialidad y una indemnización.

Hay que destacar que Ayala es uno de los científicos más prestigiosos de EEUU. En 2011 donó a la escuela donde trabaja diez millones de dólares. Posee multitud de premios y condecoraciones y es conocido por sus estudios del reloj molecular evolutivo, así como por su trabajo en genética que ayudó en la lucha contra la enfermedad mortal de Chagas. En 2010 ganó el Premio Templeton, recibiendo 1,5 millones de dólares. Además, es viticultor y en 2011 poseía más de 2.000 acres de viñedos en el norte de California.

Con semejante currículum éste no es el final que muchos imaginaban para un científico que llegó a EEUU en 1961 tras dejar su España natal. Nació en Madrid en 1934 y, como dato curioso de su biografía, destaca que se ordenó sacerdote dominico en 1960, aunque lo dejó ese mismo año. Una vez en EEUU, se doctoró por la Universidad de Columbia en 1964 y se nacionalizó en 1971.

Casi medio siglo después, todo su legado se desmorona. La UCI le va a retirar los honores y va a eliminar su nombre de su Facultad de Ciencias Biológicas y de su biblioteca científica, así como de las becas de posgrado, cátedras y otros programas que se crearon a partir de los fondos que él donó.

La UCI va a eliminar el nombre de Ayala de su Facultad de Ciencias Biológicas y de su biblioteca científica.

La UCI va a eliminar el nombre de Ayala de su Facultad de Ciencias Biológicas y de su biblioteca científica.

Algunos colegas del científico español han expresado su sorpresa por estas acusaciones y han pedido que se haga público el informe. Entre ellos, la astrofísica Virginia Trimble o el profesor de Matemáticas Donald Saari, que han manifestado su apoyo a Ayala en declaraciones a The New York Times.

El miedo a denunciar

Al margen de qué versión crea cada cual, cabe preguntarse cómo es posible que un presunto comportamiento de este tipo, cometido reiteradamente desde los años 80, haya quedado impune hasta ahora. Ayala llegó a esta institución a finales de aquella década. La abogada lo justifica: “Era tratado en el campus como una estrella de rock. Su nombre está en edificios, en la biblioteca, en los diplomas, en los carteles… Las víctimas se quedan sin saber reaccionar en estas situaciones, con miedo a represalias si atacan a una figura tan importante. Además, él lo hacía frente a otras personas, de una manera sutil. Estas situaciones se pueden manipular”.

El caso llega en un momento en que la sociedad norteamericana está especialmente sensibilizada contra el acoso sexual, gracias al movimiento MeToo, que también ha alcanza al mundo académico.

En este sentido, Liberty reprocha también la inacción de la UCI, que “no hizo nada, incluso después de recibir quejas”. “Miró hacia otro lado y esto es lo que hace que este tipo de personas intensifiquen aún más su mal comportamiento, porque se salen con la suya una y otra vez”, añadió, sin precisar qué denuncias había recibido antes la universidad.

En cuanto a las muestras de apoyo de los colegas del profesor Ayala, las ve “irrelevantes”. “Nadie niega sus contribuciones a la comunidad científica y sus logros, pero eso no es una excusa. Estas mujeres experimentaron ese acoso. Y la universidad no lo frenó”, zanja la letrada.