Los miembros de 'La Manada', durante las fiestas de San Fermín.

Los miembros de 'La Manada', durante las fiestas de San Fermín.

Reportajes

'La Manada' da "saltos de alegría" en la cárcel al conocer su libertad y enseña el auto a otros presos

Marta Espartero Brais Cedeira

La Manada está exultante. Tras recibir la notificación de que la Audiencia Provincial de Navarra ha decidido ponerles en libertad provisional a la espera de sentencia firme, José Ángel Prenda, Jesús Escudero y Ángel Boza, los tres sevillanos civiles internos en la prisión de Pamplona I, han salido de la sala del penal en la que han conocido la noticia dando "saltos de alegría". Antonio Manuel Guerrero, guardia civil, y Alfonso Jesús Cabezuelo, militar, están internos en la cárcel militar de Alcalá Meco.

"Están muy contentos", confirman a EL ESPAÑOL fuentes penitenciarias. Prenda, Escudero y Boza han recibido la noticia a la vez. Se lo ha comunicado sobre las 14 horas un agente judicial. Después, los tres han vuelto con sus compañeros reclusos, cada uno a su módulo, mientras enseñaban el auto a los demás presos. Las sonrisas y la alegría de cada uno de los condenados por abusos sexuales eran difícilmente reprimibles.

Han sido tres notificaciones, una para cada uno de los sevillanos, pero han sabido la decisión del tribunal formado por José Francisco Cobo, Raquel Fernandino y Ricardo González los tres juntos, precisan las fuentes a este periódico.

La Audiencia de Navarra decreta libertad provisional para La Manada

Últimas horas en la cárcel hasta una condena firme

Serán las últimas horas de la Manada en la cárcel hasta que la condena de 9 años sea firme o les absuelva el Tribunal Superior de Justicia de Navarra. La terna de magistrados les ha impuesto a cada uno una fianza de 6.000 euros, según ha podido confirmar este diario a través distintas fuentes, que, presumiblemente, pagarán en las próximas horas.

La Audiencia Provincial han decidido a lo largo de esta semana si los cinco miembros de la Manada debían permanecer en prisión o eran puestos en libertad, como finalmente ha sucedido. La decisión ha sido tomada por los tres miembros del mismo tribunal que juzgó los hechos, sucedidos en la primera noche de los Sanfermines de 2016, tras escuchar a las partes durante la vistilla celebrada este pasado lunes.

La urgencia de celebrar esta comparecencia judicial radicaba en que el próximo 7 de julio los acusados cumplirán dos años de prisión preventiva, máximo que marca la ley, de modo que en este momento se tiene que decidir si se prorroga o se deja en libertad provisional a los acusados.

Ya habían solicitado el traslado

Hace apenas 15 días, los tres miembros de la Manada habían solicitado el traslado de prisión, como ya adelantó este diarioEra cuestión de tiempo. Los tres sevillanos, que llevan entre rejas casi dos años, desde los Sanfermines de 2016, lo tenían claro. Querían estar cerca de su casa, de los suyos. Al principio les daba igual —“El primer día entraron cantando, porque pensaban que era cosa de dos días”, admiten desde el penal—, pero, con el paso de los días, su determinación cambiaba. La puntilla fue el traslado de módulo de Boza, separado de sus amigos por participar en una paliza a un violador.

Los tres miembros de la Manada han mantenido una buena actitud en estos casi dos años encerrados, quitando el incidente de Boza. Al principio se encontraban en el mismo módulo y pasaban todo el rato juntos. Desde ese momento, el menor de los sevillanos está solo y vive en otra sección del recinto. Quería desesperadamente volver a su Sevilla natal, cuanto antes, mejor. Quizás también tenga que ver que, de este trío, es el que peor se ha adaptado a la rutina en prisión. “Es el que más exterioriza la protesta contra su causa”, esgrimen desde la cárcel.

La Manada fue condenada por abuso sexual por la Audiencia Provincial de Navarra el pasado mes de abril. La sentencia, que se había hecho esperar, tuvo un gran impacto social. Gritos en las calles, jaleo político. El rugido feminista no ha cesado desde entonces: pese a que el tribunal considera probado que la víctima no tenía escapatoria y que la vejaron, el fallo dictaminó un delito de abuso, no de agresión.