¿Qué pasó en la Masía de El Saso, en El Ventorrillo, el jueves 14 de diciembre? ¿Llegaron José Luis Iranzo y los dos Guardias Civiles juntos? ¿Quién alertó del asesinato? EL ESPAÑOL reconstruye, a partir del testimonio del entorno directo de las víctimas, los escasos treinta minutos que transcurrieron desde que se vio luz en la masía donde entró el asesino hasta que se descubrieron las tres víctimas.

Los hechos sucedieron sobre las siete de la tarde de este jueves. El padre de José Luis Iranzo, el agricultor asesinado por Igor el Ruso, acababa su jornada laboral en la finca familiar, el lugar que el fugitivo había elegido ese día para robar algo de alimento. Era un ritual de padre e hijo que el mayor llamase al chaval para que subiera desde el pueblo -cinco kilómetros, diez minutos de trayecto- a recogerlo al terminar la faena. Cuando dejó a los animales a buen recaudo y echó a caminar en dirección a la masía, se percató de que la luz de la casa estaba encendida. Telefoneó a su hijo para que no entrara, para que se escondiera, como hizo él, pero el móvil estaba sin cobertura.

A los pocos minutos se escucharon dos disparos muy cerca. El padre de José Luis llamó rápidamente a la Comandancia de la Guardia Civil para que subiera una patrulla desde el pueblo. Desde hacía días se sabía que había un individuo suelto y muy violento que por las noches entraba en las masías en busca de algo de alimento y abrigo para hacer frente a las gélidas noche de invierno en esta zona de Teruel. No tenía ninguna duda de que ese terrorífico fantasma que había herido de bala a dos vecinos de un pueblo colindante, Albalate del Arzobispo, estaba metido en su casa.

Él pensaba que el asesino se había cebado con su perro, que ladraba sin parar. El atronador ruido de los disparos le hizo salir del escondite y pudo ver cómo el coche del hijo abandonaba la finca. En ese momento el conductor ya era Norbert Feher, pero huyó tan rápido que el padre creía que era su descendiente quien conducía. Todos creen que el asesino no lo vio gracias a que la noche ya era cerrada y muchos se preguntan si hubiera ido a por él en caso de haberlo visto.

Cuando llegó la Guardia Civil...

En su rápida escapada, el asesino se cruzó con el vehículo de los agentes Víctor Romero y Víctor Jesús Caballero, que subieron en pocos minutos desde Andorra tras recibir la alerta del padre de José Luis. En este pasaje de la historia pudieron pasar dos cosas: que dieran el alto y el asesino abriera fuego contra ellos o que directamente los matara desde el mitsubishi pickup de José Luis Iranzo. La única certeza es que el padre de José Luis volvió a escuchar tiros, esta vez más de una decena, y volvió a llamar a la Comandancia de la Guardia Civil para que subieran más efectivos.

El exmilitar serbio robó las armas reglamentarias de los agentes ya fallecidos antes de incorporarse a la A-223 dirección Andorra. La nueva patrulla llegó apenas unos minutos después de la segunda llamada del padre de José Luis y tuvo que cruzarse con el asesino por el camino. Acababa de comenzar su fuga. Antes de las 19:30 llegaron dos nuevos efectivos de la Guardia Civil, que fueron los que descubrieron el panorama: sus dos compañeros asesinados -presuntamente yacían sin vida en el vehículo- y el agricultor también disparado a las puertas de la masía familiar.

El padre del chaval sintió alivio cuando vio a esta última patrulla entrar en su finca. Fue entonces cuando salió de su escondite sin saber aún lo que había pasado. Un agente no le dejó acercarse. Le informó de que había dos compañeros muertos, otra tercera persona fallecida sin identificar y el autor de los hechos huido con un coche. Él mismo se dio cuenta entonces de que el muerto no era el perro, sino su chico, y quien huía no era el hijo, sino el asesino. Los agentes no dejaron que el padre viera la terrorífica escena del crimen.

Andorra despide este sábado por la tarde a su vecino José Luis. El tanatorio del pueblo se ha quedado minúsculo para tantas y tantas personas que sintieron el miedo en el cuerpo y quisieron darle el último adiós. "Nos pudo tocar a cualquiera", repiten sin parar. Pero la macabra lotería cayó en casa de los Iranzo, la familia más conocida de toda la comarca gracias al abuelo, el Pastor de Andorra, el jotero más internacional.

A pesar de que el asesino fue detenido a 70 kilómetros del lugar del crimen casi doce horas después de perpetrar el asesinato, en esta villa minera de la provincia de Teruel quedan muchas preguntas por resolver. El gran misterio que pervive en la mente de todos los vecinos es por qué no se amplió el dispositivo para atrapar a este asesino que diez días antes había herido de bala a otros dos vecinos de un pueblo cercano. Dos días después, el miedo sigue pegado a la comarca.