Una webcamer, en su sala de chat, con el vibrador que sobresale por su bañador.

Una webcamer, en su sala de chat, con el vibrador que sobresale por su bañador.

Reportajes Juguetes sexuales

Vibratoy, la creciente moda de hacer vibrar a una webcamer por 10 céntimos

"Si llega alguien con mucho dinero, te revienta", dice una de las usuarias que lo rentabiliza.

“En realidad es un vibrador. Sólo eso. Un vibrador tan grande como una pastilla de jabón… pero todo ha cambiado desde que lo uso. Algunas noches me encuentro con diez o doce personas a las que no conozco, de todas partes del mundo, manejando desde sus casas mi vibrador a su antojo. Todos al mismo tiempo. Gano bastante más dinero que antes y muchas veces es bien rico. Pero otras veces es una locura. Si te agarra alguien con mucha plata (dinero), te revienta”.

Lo confiesa Camila, una colombiana de 21 años que trabaja como webcamer. Es decir, que hace shows eróticos delante de una cámara por internet. Su vida profesional ha cambiado drásticamente desde hace poco más de un año. Exactamente desde que incorporó a sus espectáculos este nuevo aparato que ha revolucionado el sexo de pago por internet.

El artilugio en cuestión tiene muchos nombres: Ohmibod, Lovense, Vibe, Lush, Vibratoy… Todo depende del fabricante y el modelo. El precio puede oscilar entre los 30 y los 200 euros. Entre los diferentes modelos existen diferencias. De tamaño, de forma, de diseño, de potencia (el color siempre suele ser rosa)… pero la esencia es la misma: un vibrador interactivo que se maneja a distancia y que reacciona a golpe de moneda.

Una persona tiene el vibrador. La otra, el control.

Este juguete se empezó a desarrollar en 2008 y a comercializarse un par de años después. Al principio no tuvo mucho éxito de ventas. El concepto es bien sencillo: es un vibrador que se maneja a distancia mediante una aplicación descargada al teléfono móvil. Normalmente, en el juego participan al menos dos personas. Una tiene el vibrador y la otra tiene el control.

El vibrador suele tener el tamaño de una pastilla de jabón

El vibrador suele tener el tamaño de una pastilla de jabón

Camila explica un ejemplo básico: “A mí me lo contó una amiga que vivía en Cali pero tenía a su novio trabajando en la costa. Ella se compró el juguetito. Cuando se hablaban por Skype y se calentaban, ella se metía el vibra dentro de la vagina y él le pegaba las descargas a distancia con el celular (móvil), con los botoncitos de la app”.

Hasta ahí, todo normal (si entendemos como normal que una persona te pegue descargas eléctricas en la vagina a varios cientos de kilómetros de distancia). ¿Qué sucedió? Que el juguete no tuvo demasiado éxito de ventas, por varios motivos. En primer lugar, por su precio. Al principio, como todas las novedades, era muy caro. Costaba como 200 euros. Hay que tener muchas ganas de vibraciones para gastarse 200 euros en un juguete así. Y en segundo lugar, porque es un artefacto pensado para que jueguen al menos dos personas y a distancia. Normalmente, si una persona compra un vibrador, lo hace para manejarlo ella misma en la intimidad de su hogar, no para cederle el control a nadie que esté lejos. Y por lo visto, las parejas no tenían demasiado interés en ciberjuegos sexuales por control remoto.

La revolución de las monedas

La revolución llegó en 2015, cuando el juguete pasó del ámbito particular al profesional. La página Chaturbate.com incorporó a su web una opción que permitía a los usuarios controlar el juguete de las modelos. A cambio de su dinero, daba vibraciones a la modelo. Esa maniobra lo cambió todo. Chaturbate se convirtió en uno de los líderes mundiales del sector de los shows de sexo. Y para lo usuarios, nada volvió a ser igual.

Cuadro de tarifas de una webcamer con un vibrador interactivo

Cuadro de tarifas de una webcamer con un vibrador interactivo

Para entender por qué esto supuso una revolución, hay que explicar primero que en los espectáculos eróticos por internet existen dos formas de pago: la primera es el show privado. La segunda es el sistema de tips (propina).

La más extendida y utilizada ha sido siempre el show privado. Por ejemplo: un usuario entra a una web de este tipo. Allí hay varias salas públicas, cada una con una modelo. Los usuarios entran y hablan con ella, porque el acceso es gratuito. Hay un botón que pone “show privado”. Haciendo click ahí, el sistema expulsa de la sala al resto de usuarios. Se quedan a solas la modelo y el cliente que ha hecho click en esta opción. El precio del show privado varía según la tarifa de la modelo. Suele oscilar entre los 1,5 y los 3 euros por minuto, que te cobran de la tarjeta de crédito introducida previamente en el sistema.

El timo del show privado

¿Cuál es el problema del show privado? Que, según cuentan algunos usuarios, "según con quién vayas a dar son un timo. A veces te toca una chica que tarda mucho. Se quita la ropa muy despacio para que el tiempo vaya corriendo, porque a más tiempo, más pagas. Y tú ahí con el calentón. Y ella que a los dos minutos todavía está vestida. Y tú diciéndole que aligere, que eso va caro. Y ella gimiendo y bailando… y en dos minutos aún no se ha quitado ni la camisa. Y tú pagando, claro. Hasta que te aburres y cierras” relata uno de los usuarios de Camila en la web Bongacams, la otra página que más ha crecido tras incorporar este juguete.

Para los que no quieran jugársela con un show privado, existe la segunda opción: el sistema de tips o propinas. El usuario entra en la sala pública y hace click en un botón que pone “tip”. La página le cobra un euro o un dolar, que es lo que suele costar un tip en las grandes páginas de shows eróticos. Por esa propina, la modelo decide si baila, si se contonea, si se quita la ropa o si se come un bol de arroz (es verídico; hay fetiches realmente extraños).

La mayor parte de las modelos utilizan ya, tal y como anuncian en la parte inferior derecha de su ventana, el vibratoy

La mayor parte de las modelos utilizan ya, tal y como anuncian en la parte inferior derecha de su ventana, el vibratoy

Y es precisamente ahí, en el ámbito de las propinas, donde se coló este vibrador a distancia. La página Chaturbate innovó en dos frentes: el primero, conectando el vibrador de la modelo con el sistema de propinas. El segundo, bajando el precio del tip. Se inventó una nueva moneda llamada 'tokens' para comerciar dentro de la web. Mientras cada tip en las otras grandes páginas costaba un euro (o un dolar), el token cuesta alrededor de diez céntimos. O bastante menos si compras una gran cantidad de ellos. Es mucho más económico.

De este modo, un usuario hace click al botón de la propina. Paga un token (diez céntimos). Entonces suena un timbre y ese token supone una vibración de tres segundos y baja intensidad en el juguete que lleva puesto la modelo. “Bueno, ese es el patrón que tengo puesto yo. Pero cada cual puede poner el que le dé la gana”, aclara Camila. La página había conseguido, por un lado, crear un sistema de propinas más asequible para los usuarios. Por el otro, obtener un efecto directo por su pago. No tenía que esperar a que la modelo decidiese desnudarse o comerse un bol de arroz. Su moneda provocaba un calambrazo inmediato en la vagina de la modelo.

Más dinero, más intenso, más largo...

¿Qué sucede? Que a mayor cantidad de dinero, más fuerte y/o más prolongada es la descarga. Adjuntamos aquí, a modo de ejemplo, el cuadro de tarifas de una modelo:

Cuadro de tarifas de una webcamer con un vibrador interactivo

Cuadro de tarifas de una webcamer con un vibrador interactivo

Por una propina de 1 a 34 tokens (recordemos que el token vale unos 10 céntimos), su Lovense vibra a baja intensidad durante tres segundos.

De 35 a 45 tokens, vibraciones de intensidad media durante 6 segundos.

De 68 a 89 tokens, vibraciones fuertes por espacio de 12 segundos.

De 90 a 999, 15 segundos de vibraciones ultra fuertes.

A Camila se le eriza la piel cuando le sugieren esos niveles de potencia. “Ah no, no. Yo eso no. Yo el 'ultra high vibrations' lo tengo desconectado porque es muy fuerte para mí. Una noche entró un inglés con mucho dinero, se gastó unos 300 dólares y me dejó dolorida para varios días. Al final me lo tuve que quitar. Yo no quería, porque aunque más de la mitad del dinero se lo queda la página web, no deja de ser dinero rápido. Pero a mí no me merece la pena porque luego estoy un par de días sin trabajar”.

Tal y como marca el círculo rojo, algunas webs contabilizan el número de vibraciones que lleva cada modelo

Tal y como marca el círculo rojo, algunas webs contabilizan el número de vibraciones que lleva cada modelo

Sea como sea, el juguete ha cambiado drásticamente el panorama del sexo de pago por internet. En esas páginas cada vez se ven menos shows privados y cada vez más shows grupales de gente de mucha gente lanzando sus tokens de forma simultánea. Más del 90% de las modelos de Chaturbate y Bongacams (las dos principales webs que incorporan esta tecnología) cuentan con el Vibratoy. Las sesiones son, a menudo, un constante ruido de timbres, que significa que el juguete está vibrando.

Espías en mi vibrador

Pero cuando el sexo, internet y la tecnología de control remoto convergen, también se dan malas experiencias (más allá de las agujetas de Camila), como la registrada hace varias semanas por los usuarios del juguete Lovense, tal vez el más popular de los vibradores a distancia. La empresa fabricante reconoció que el juguete grababa el sonido de las usuarias mientras ella estaban utilizando el vibrador. Los audios eran transmitidos directamente a la empresa, con sede en Hong Kong. Una de las usuarias destapó el caso en un hilo de la web Reddit, con el consiguiente revuelo que se generó en todo el mundo. La empresa tuvo que pedir disculpas públicamente y se están depurando las responsabilidades legales.

No es la primera vez que sucede. A lo largo de 2017, varias empresas han tenido que hacer frente a demandas millonarias por haber grabado sin consentimiento a las usuarias de este tipo de juguetes sexuales con control remoto.

A Camila no le pasó eso, porque el modelo que ella usa es el Ohmibod, que es de otra empresa. De momento, el único problema que ha tenido Camila ha sido un inglés con mucho dinero. “Bendito problema”, reconoce entre risas y calambrazos de baja intensidad.