La piscina de la granja Palacio de la Bouza en la que falleció el niños de cinco años.

La piscina de la granja Palacio de la Bouza en la que falleció el niños de cinco años.

Reportajes Las muertes se disparan

La tragedia en la que nadie repara: 284 ahogados en lo que va de año en España

Un pequeño de 5 años y un anciano de 81, los últimos casos de muerte por ahogamiento. El 2017 está siendo, por ahora, el más mortal de los últimos tres años. Las autoridades piden más prevención a la hora de bañarse.

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Un niño juega con sus amigos cerca de una piscina en la granja escuela Palacio de la Bouza (Asturias). Sus monitores no prestan demasiada atención. De repente, el pequeño, de cinco años, resbala y cae al agua. Ocurre lo peor: se ahoga y su cuerpo sin vida aparece flotando en la piscina. La desgracia tuvo lugar este martes.

Morir ahogado es una tragedia que no entiende de edades: Enrique F.G., de 81 años, también murió ahogado. Este anciano, de origen gallego, disfrutaba de sus vacaciones mientras paseaba junto a un familiar cerca del embalse en As Conchas (Ourense). Tras la caminata, decidió darse un baño en la presa. Su compañero se quedó en la orilla. Enrique nadó unos cuantos metros. Su familiar terminó perdiéndolo de vista y se alarmó al comprobar que no salía del agua. Al final, tras horas de búsqueda por parte de la Guardia Civil, se confirmó la fatal noticia: Enrique se había ahogado.

La piscina del Palacio de la Bouza

La piscina del Palacio de la Bouza Página web de la granja

Estos dos casos no son los únicos. Las altas cifras son ya alarmantes, pero, según las fuentes consultadas, es un asunto en el que falta concienciación entre la ciudadanía. “No hay ningún tipo de riesgo, todos somos adultos. Además, hay un socorrista. Nadie se mete en la piscina sin saber nadar. Todo está bajo control”. Lo dice Marta, una estudiante madrileña que visita con frecuencia las piscinas de la Universidad Complutense. No se siente preocupada por los ahogamientos, un tipo de muerte que, según la OMS, es la tercera causa más común de muerte no intencionada a nivel mundial.

Las palabras de esta bañista contrastan con la realidad. En España, 74 personas han muerto por ahogamiento este mes. Y en lo que va de año se ha cobrado 284 vidas, la cifra más alta de los últimos tres años. Diecinueve de esas muertes han tenido lugar en piscinas. Es un tipo de muerte silenciosa y que no parece crear alarma entre los bañistas, a pesar de los datos.

Un grupo de personas disfrutan en el pantano de San Juan (Ávila)

Un grupo de personas disfrutan en el pantano de San Juan (Ávila) F.M.

En la última semana y media se han perdido ya 11 vidas. Entre ellos, un niño de cinco años en Asturias que apareció flotando en una piscina en la que se cree que cayó accidentalmente sin supervisión cercana. También murieron dos personas -uno de 38 años y una joven de 23- en el pantano de San Juan en Ávila. El pasado sábado, dos personas, de nacionalidad rumana, fallecieron en una balsa de riego en Níjar, Almería, cuando intentaban sacar a una perra. Un pescador falleció en el un río cerca del embalse de Portodemouros, Pontevedra. El domingo fue rescatado el cadáver de una anciana que cayó al canal olímpico de la Seu d'Urgell, en Lleida. Y el martes se recuperó el cadáver de un joven de 17 años que había desaparecido la noche anterior.

La Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo advierte de que las altas cifras pasan desapercibidas y podrían evitarse con simples precauciones y campañas de concienciación.

Baños no vigilados

La principal razón de las altas cifras de este año, explica la Federación, son los baños en sitios no vigilados. En otros años la frecuencia de este fenómeno rondaba en torno al 80 por ciento. Este año es del 92. El problema no es otro que la inconsciencia. En las zonas no vigiladas por socorristas el problema es doble: no existe posibilidad de rescate inmediato y tampoco hay prevención, es decir, banderas que indiquen el nivel de peligro, silbatos para avisar qué zonas son más peligrosas, etc.

En verano la demanda de los bañistas crece y supera las capacidades y los horarios de los socorristas. Los horarios de los bañistas empiezan muchas veces antes y acaban después de las jornadas laborales de estos.

El problema de las víctimas de muerte por ahogamiento es que quizás no hacen suficiente ruido mediático. A nivel gubernamental, comenta la Federación, podría hacerse más para visibilizar los casos. “Deberían involucrarse mucho más. Las víctimas suman en media más o menos la mitad que las de accidentes de tráfico. Si lo pones en perspectiva pasamos mucho más tiempo en transportes viales que el que lo hacemos en el agua. Al final podrían ser cifras equiparables. Sin embargo hay mucha más implicación en las campañas de conciencia vial que las que hay para las actividades acuáticas”, añade Jéssica Pino, responsable del Informe Nacional de Ahogamientos de la RFESS.

No se conoce el porcentaje de personas que no saben nadar en España. Pero, según comenta Jéssica, “en España no existe una actitud de conciencia sobre la enseñanza de la natación a las personas jóvenes. En algunos países es un requerimiento”. En España no existen iniciativas de calibre para preparar a las personas. Hay cursos de prevención y de primeros auxilios pero no es obligatorio cursarlos. En otros países sí que hay datos: en EEUU, por ejemplo, se estima que en Estados Unidos hasta un 37% de la población no sabe nadar, es decir, más de un tercio.

Ni socorristas ni carteles

EL ESPAÑOL se traslada al pantano de San Juan, donde esta semana han muerto dos personas. No hay carteles ni tampoco socorristas. “Tiene un peligro tremendo. De repente, vas andando por la arena y luego dejas de tocar. La profundidad cambia en tan solo unos centímetros, se echan de menos unos carteles de peligrosidad y profundidad”, comenta Mario, un madrileño que ha venido a pasar el día con la familia. “En los pantanos siempre puede pasar esto”, comenta Blanca, una jubilada de Madrid que visita la zona. “Hay oleaje, corrientes. Te quedas enredado. De repente te metes en un agujero de tres metros. El agua está muy turbia. Normalmente no pasa nada pero mira lo que ha pasado. Hay que tener cuidado”, finaliza.

Los lagos y pantanos no cuentan usualmente con socorristas ni carteles

Los lagos y pantanos no cuentan usualmente con socorristas ni carteles F.M.

“A veces, parece que no te puede pasar nunca pero cuando ves un caso de estos te quedas sin palabras”, comenta Sonia mientras vigila a su hija en la orilla del pantano de San Juan. “Es difícil controlar, pero es un sitio seguro”, señala una vecina de San Martín que aprovecha las buenas temperaturas para bañarse en el pantano. No sabía que habían muerte dos personas aquí.

Tecnología para hacer frente a las muertes por Ahogamiento

El programa Poseidón, desarrollado por la empresa francesa Visión IQ. Captura el movimiento con una red de cámaras posicionadas encima y debajo del agua. Analiza la actividad de los bañistas y posibilita al socorrista tras un sistema de alertas. Los socorristas pueden saber en tan solo 10 segundos cuando un nadador está inmóvil o sufre algún problema bajo la superficie del agua. En el puesto de supervisión aparecen imágenes en tiempo real que permite al socorrista actuar en los segundos más críticos. No es un sistema extendido en España.

El sistema Poseidón es una ejemplo de como la tecnología puede hacerle frente al problema de los ahogamientos

El sistema Poseidón es una ejemplo de como la tecnología puede hacerle frente al problema de los ahogamientos

Otra de las tecnologías de prevención de ahogamiento es el sistema Happy-bath, cuya patente pertenece al español Antonio Ibañez de Alba. El bañista se coloca un colgante que sirve de control para el socorrista u otros cuidadores. El aparato está realizado con una membrana de presión y un emisor. Está más enfocado para el uso en niños. Si el usuario permanece a más de 50 centímetros de profundidad durante más de 10 o 15 segundos, el socorrista recibe una señal de alarma en el panel de control. Para añadir más seguridad, la piscina dispone de sensores en cada de una de sus esquinas para asegurar las coordenadas exactas al socorrista.

Por último, el Safety Cap. Una modalidad más compleja pero con una capacidad mayor para controlar usuarios. El bañista se pone un gorro capaz de emitir señales de radio posicionadas. Una antena, instalada en el techo de la piscina, recibe la señal de todos los usuarios conectados al sistema Safety Cap, con una capacidad máxima de cien bañistas conectados. Los socorristas cuentan con un panel de control que monitoriza la actividad. El funcionamiento es simple. El dispositivo salta cuando el bañista se sumerge por más de 30 segundos. Los vigilantes reciben inmediatamente la señal de alarma. Menos apropiada para niños pero más apta para piscinas grandes.

10 consejos para evitar muertes por ahogamiento:

La seguridad en el agua se deja en manos del sentido común de cada persona. Los descuidos, los errores y los malos cálculos causan muertes que son evitables. La mayor arma para hacerle frente según la RFESS es la prevención y la concienciación. Con ayuda de expertos EL ESPAÑOL da 10 consejos para evitar desgracias.


1. No bañarse en zonas no vigiladas.

El 94% de las muertes suceden en sitios donde no existe ninguna supervisión profesional. 

2. No apartarse más que unos pocos metros de los niños.

Solo hacen falta 30 centímetros de profundidad y unos pocos segundos para que un niño se ahogue. La Asociación Nacional de Seguridad Infantil, junto a Emergències Setmil S.L y Segurbaby, han lanzado la regla del 10-20: mirar cada 10 segundos y no estar a más de 20 de distancia. Esto, aseguran, puede salvar la vida de un niño en apuros en el agua.

3. Hacer caso a los socorristas

Al carecer de autoridad legal, en España se desobedecen en muchos casos las órdenes de los socorristas. “La gente ignora las banderas y muchas veces los silbatos. Esto dificulta la labor de proteger a los bañistas. En Canadá, por ejemplo, suena el pito y todos bañistas siguen las instrucciones”, añade Pino.

4. No jugar cerca de zonas rocosas.

Existen accidentes causados por objetos como rocas, troncos y basura plástica. Para no correr riesgo se aconseja no lanzarse desde piedras sin conocer la profundidad del agua. En las playas se recomienda estar alerta en las zonas con piedras. Los cambios de las mareas pueden engañar.

5. No fiarse de los materiales del equipo de flotación.

Muchos padres se tranquilizan al saber que sus hijos utilizan flotadores. Lo mismo hacen personas que no saben nadar. Los materiales se pueden romper o desinflar. Estos objetos no pueden ser lo único de lo que dependa una vida.

6. Cuidado con las corrientes y el viento

Las personas a veces se fían porque están en una pequeña barca u objeto flotante sin tener en cuenta que los ríos y el mar tiene corrientes o viento que a veces les pueden alejar de la orilla. Esto puede provocar pánico y comportamientos insensatos.

7. No meterse en zonas de profundidad sin saber nadar bien.

Parece una norma de sentido común, pero con mucha frecuencia se irrespeta. Las profundidades a veces cambian drásticamente, aunque desde fuera puede no lo parezca. Las apariencias engañan. Hay que estar alerta. Incluso para los buenos nadadores, se recomienda comunicar siempre el momento en el que uno va al agua.

8. No sobreestimar las distancias.

¿Quién no ha nadado o remado pensando que algo estaba más cerca, y darse cuenta a medio camino que no lo estaba? A veces a simple vista las distancias parecen recorribles. Suele acabar en un acontecimiento agotador, pero podría causar la muerte.

9. No sumergirse en sitios desconocidos sin consultar al los locales.

Pueden existir corrientes, piedras u otros peligros. Encontrarse un río refrescante en verano puede ser una sorpresa positiva para turistas y viajantes. Hay que consultar siempre dónde se baña.

10. No bañarse de noche en playas y ríos

Podría salvarte la vida. La oscuridad limita la visión de posibles riesgos como cambios en la profundidad u objetos cercanos. Puede desorientar a las personas debajo del agua.

La media de lo que lleva el mes de julio señala que han muerto tres personas ahogadas cada día. Aún quedan dos meses de verano. La muerte por ahogamiento acecha gota a gota y pasa desapercibida. Las estadísticas, sin embargo, confirman lo innegable: hace falta tomar acción.